Comienza una jornada clave en Oriente Medio enfocada en el inicio de contactos directos entre Israel y Líbano tras más de cuatro décadas y el aumento de la tensión en torno a Irán, en un escenario cada vez más inestable. Aunque estas conversaciones llegan con expectativas muy bajas, son un movimiento significativo tras semanas de violencia y miles de víctimas en territorio libanés.
Mientras tanto, la situación en el Golfo Pérsico añade presión. Estados Unidos ha anunciado medidas para bloquear el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por la que circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial, lo que ha provocado una rápida reacción internacional. China ha advertido del riesgo de una escalada mayor, insistiendo en la necesidad de preservar el alto el fuego y evitar un deterioro de la seguridad en la zona.
En paralelo, continúan los esfuerzos diplomáticos para sostener la tregua entre Washington y Teherán tras unas negociaciones sin avances claros. Con múltiples actores implicados —desde Rusia hasta Pakistán—, el conflicto entra en una fase crítica en la que cualquier movimiento puede reactivar las hostilidades o abrir la puerta a una desescalada.
