La mujer y la ansiedad viven de la mano hoy en día, teniendo esta última una presencia notable a lo largo de la vida de la población femenina.
Hay factores biológicos, como el embarazo o la perimenopausia, que aumentan el riesgo de la mujer a padecer algún tipo de trastorno. Sin embargo, el contexto sociocultural también juega un papel clave en este aspecto, agravando la situación de riesgo para muchas mujeres.
A través de varios análisis científicos, es posible identificar los cambios en la salud mental de las mujeres a lo largo de las diferentes etapas de su vida. Especialmente, en los momentos de cambios hormonales claves.
Cómo afecta la ansiedad a la mujer en las diferentes etapas de su vida

Pubertad: el punto de inflexión
Dos meta-análisis de Salk, Hyde y Abramson concluyeron que la pubertad es el momento en el que las mujeres tienen el triple de riesgo de sufrir depresión que los hombres.
Las dificultades de la adolescencia y la aparición de los primeros eventos del ciclo reproductivo femenino pueden afectar a la salud mental. Así, pueden dar pie al desarrollo de trastornos de estrés, pánico y otros similares.
Además, la actual exposición a las redes sociales y el contenido que allí encuentran las jóvenes (comparaciones, falsas realidades, ciberacoso…) pueden causar problemas sobre la parte del cerebro encargada de regular las emociones, la corteza prefrontal.
Edad reproductiva:
Si bien la llegada a la madurez suele aportar estabilidad, las mujeres siguen siendo más vulnerables ante la depresión que la contraparte masculina.
Además, un análisis de Clare Dolman halló que 2 de cada 3 mujeres adultas con trastornos emocionales ven empeorados sus síntomas durante la fase premenstrual. Además, 1 de cada 3 mujeres sin trastornos diagnosticados igualmente ve afectada su salud mental en esos días antes de la regla.
En esa línea, los diferentes cambios sociales y físicos también aumentan las posibilidades de que ellas sufran trastornos obsesivo-compulsivos, de acuerdo con la OMS. Las expectativas sociales y los procesos físicos y cognitivos de la maternidad (desde el embarazo hasta el crecimiento de los hijos) son los grandes responsables de estos.
Perimenopausia y más allá
En la transición a la menopausia, la mujer encuentra grandes riesgos respecto a sus niveles de ansiedad.
El estudio mencionado de Dolman también dejó una muestra relevante en este aspecto. La investigación halló que las tasas de nuevos episodios de trastorno bipolar y depresión aumentan significativamente en los años que rodean a la menopausia. Destaca especialmente en el trastorno bipolar 1, cuyo aumento es del 112% en los casos estudiados.
Durante las edades más avanzadas, además, es cuando más se notan los efectos de la brecha de género. La depresión está mucho más presente en las mujeres, incluso en los países más equitativos e igualitarios.
Las expectativas de los roles de género, el estrés del cuidado del hogar y de la familia y otros factores psicosociales pueden dejar mella en la salud mental. Y no sólo en la edad adulta, sino también en las últimas etapas de la vida.
En definitiva, la ciencia indica que los “grandes hitos” biológicos de las mujeres y los factores socioculturales causan una notable brecha de género en el ámbito de la salud mental. Algunas investigaciones reclaman más interés en el desarrollo de estrategias de prevención y tratamiento para la población femenina, y poner fin a la gran diferencia de salud emocional entre hombres y mujeres.
