La experta

Lena Georgeault, experta en Relaciones Internacionales: “Si Trump gana militarmente, arriesga perder políticamente”

En conversación con Artículo14, la experta en Relaciones Internacionales, Lena Georgeault, analiza los últimos movimientos en Oriente Medio y las conversaciones entre Trump y los ayatolás: "Lo más probable es que no haya ni paz plena ni guerra total"

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La experta Lena Georgeault responde a las preguntas de Artículo14

Aunque ambas administraciones no han roto del todo el diálogo y continúan con los canales de comunicación “abiertos”, todavía no hay acuerdo. De poco han servido las negociaciones que comenzaron este sábado en Islamabad con buen pie. Teherán sigue utilizando la carta del estrecho de Ormuz para ejercer presión y Estados Unidos, jugando a lo mismo, ha ordenado el bloqueo de los puertos iraníes en el estrecho. Aunque Estados Unidos no descarta que se reactiven las conversaciones en pocos días, no parece que Trump o los ayatolás se muevan de sus posiciones maximalistas. Para Lena Georgeault, directora del Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad de Villanueva, es algo propio de la fase inicial. Aun así, explica la experta, “se esperan negociaciones muy difíciles”. 

En conversación con Artículo14, Georgeault considera que el estrecho de Ormuz es una buena carta para Irán, pero no es infinita. “Una disrupción prolongada acabaría volviéndose también en su contra”, explica la experta, que augura como escenario más cercano un conflicto prolongado en el tiempo más que una paz duradera. “Es decir, una combinación de presión naval, coerción económica, amenazas cruzadas y episodios puntuales de violencia”. Sobre quién puede ganar el conflicto, el análisis apunta a que no habrá ni vencedores ni vencidos. “Si Trump puede ganar militarmente, arriesga perder políticamente”.

Una niña fuera entre escombros y material de construcción el barrio de Boroujerdi, en el sureste de Teherán
EFE/Jaime León

Sobre las conversaciones…

– Irán acaba de ofrecer suspender su enriquecimiento de uranio cinco años; pero Estados Unidos exige 20. ¿Hay margen real de acuerdo ahí, o es una brecha insalvable?

– Hay margen en la medida en que estamos en una fase inicial, en la que se plantean puntos de partida claramente maximalistas para ganar margen de negociación. No estamos ante ofertas finales. Aun así, se esperan negociaciones muy difíciles, porque la cuestión nuclear es absolutamente esencial para ambas partes. Para Washington, recuperar el control sobre el stock de uranio enriquecido y poner fin a cualquier deriva militar del programa iraní es un objetivo central. Para Teherán, aceptar un plazo tan largo se percibiría como una capitulación y una renuncia estratégica.

Ahora bien, el margen de negociación no se juega únicamente en el plazo. Está también la cuestión de las centrifugadoras, del stock ya enriquecido y del régimen de verificación. Es ahí donde puede abrirse cierto espacio de compromiso, por ejemplo mediante una suspensión más corta pero renovable, acompañada de exigencias estrictas de transparencia, de un alivio gradual de sanciones y de alguna salida para parte del uranio ya enriquecido. Todos estos elementos son palancas que dan juego. Mientras tanto, es previsible que ambas partes sigan presionando para mejorar su posición relativa y forzar concesiones en la negociación.

Buques cisterna de productos químicos y petróleo Flyoz realizando entregas a las unidades de almacenamiento de gas y combustible en la terminal Navigator en Grays
EFE/EPA/NEIL HALL

Sobre el estrecho de Ormuz…

– Irán mantiene cerrado el estrecho de Ormuz como palanca de presión. ¿Hasta cuándo puede sostenerse esa posición sin que le salga demasiado cara económicamente?

– De momento, está siendo una herramienta de presión muy eficiente. Con recursos limitados, como drones baratos, minas o incluso la simple amenaza de minado, Teherán ha sido capaz de generar un nivel de incertidumbre suficiente para paralizar el tráfico. No necesita cerrar completamente el estrecho: si los aseguradores no quieren cubrir los trayectos y las navieras dejan de operar, el efecto es prácticamente el mismo que un bloqueo total. Aún así, esta estrategia tiene límites estructurales. El régimen iraní depende en gran medida de los ingresos petroleros, por lo que una disrupción prolongada acabaría volviéndose también en su contra. Puede aguantar durante algunos meses, apoyándose en reservas o en circuitos alternativos, pero no indefinidamente sin asumir un coste económico creciente.

Una mujer iraní se encuentra junto a los edificios residenciales destruidos por los ataques aéreos estadounidenses e israelíes en el complejo residencial Shahid Broujerdi, en el sur de Teherán, Irán, el 14 de abril de 2026.
EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Sobre los siguientes pasos…

– El tiempo avanza y las negociaciones en Pakistán han fracasado. ¿Cuál podría ser el siguiente escenario si no hay un acuerdo antes?

– Lo más probable es que no haya ni paz plena ni guerra total inmediata, sino más bien una prolongación del conflicto en forma de confrontación escalonada. Es decir, una combinación de presión naval, coerción económica, amenazas cruzadas y episodios puntuales de violencia, con posibles golpes limitados, mientras se mantienen abiertos canales de negociación más o menos directos. De hecho, aunque las conversaciones en Islamabad terminaron sin acuerdo, ninguna de las dos partes ha dado por roto el diálogo. Ya se contempla la posibilidad de nuevas rondas.

-Irán sigue manteniendo como palanca de presión el estrecho de Ormuz, pero EE UU ya ha adelantado que comienzan ellos también su propio bloqueo a los puertos iraníes… ¿Cuál puede ser el resultado? ¿Podría comenzar una nueva escalada?

– La cuestión de fondo es quién aguanta más presión, más tiempo y más coste sin ceder en lo esencial. La presión económica causada por el bloqueo estadounidense podría intensificar el descontento de la población frente a un régimen ya frágil. La estrategia estadounidense es asfixiar a Teherán para forzar concesiones que Trump pueda presentar ante el mundo como una victoria y facilitar una salida digna. Pero es una guerra muy costosa para todos. Desde el punto de vista militar, la asimetría a favor de Estados Unidos es evidente. Pero si Trump puede ganar militarmente, arriesga perder políticamente en Irán. El desgaste económico ya empieza a pesar en la opinión pública estadounidense.

A esto se suman horas de vuelo de bombarderos estratégicos que cuestan del orden de cientos de miles de dólares y misiles de varios millones por unidad. Las estimaciones de gasto diario se disparan. Hacía décadas que no se hablaba tanto en Estados Unidos de pérdidas de material militar; la referencia más cercana es Vietnam. De cara al desenlace, y para ambos bandos, también será decisiva la gestión de la opinión pública.