Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán concluyeron este domingo en Islamabad sin un acuerdo para poner fin a la guerra, tras más de 21 horas de conversaciones directas entre delegaciones de alto nivel. El encuentro, mediado por Pakistán, terminó en un estancamiento en los principales puntos de disputa: el programa nuclear iraní, el control del estrecho de Ormuz, las compensaciones económicas y el cese de los bombardeos israelíes en Líbano.
El vicepresidente estadounidense, JD Vance, confirmó la falta de acuerdo en una comparecencia breve. “Han decidido no aceptar nuestras condiciones”, afirmó. Añadió que Washington había presentado su “oferta final”, que definió como la mejor y última propuesta para cerrar el conflicto. Según explicó, Estados Unidos había delimitado con claridad sus “líneas rojas” y el margen de negociación disponible.
Las conversaciones se desarrollaron en el hotel Serena de la capital paquistaní y constituyeron el contacto directo de mayor nivel entre ambos países desde 1979. La delegación iraní estuvo encabezada por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y contó con la participación de altos cargos del Ministerio de Exteriores.
Los puntos de bloqueo
El desacuerdo se concentró en varios asuntos centrales. El primero fue el programa nuclear iraní. Estados Unidos exigió el fin permanente del enriquecimiento de uranio y la entrega o transferencia de las reservas existentes. Irán rechazó esa exigencia y defendió su derecho a mantener actividad nuclear con fines civiles, en línea con el Tratado de No Proliferación.

El segundo punto fue el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial. Washington reclamó su reapertura inmediata al tráfico marítimo. Irán se negó a hacerlo sin un acuerdo previo y planteó el control del paso como parte de la negociación global. Tras el fracaso de las conversaciones, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció el inicio de un bloqueo naval del estrecho, con la orden de interceptar buques que entren o salgan de la zona.
El tercer elemento de fricción fue económico. Teherán solicitó compensaciones por los daños causados durante los bombardeos recientes y la liberación de unos 27.000 millones de dólares en activos congelados en el extranjero. Estados Unidos rechazó ambas demandas y condiciona cualquier alivio de sanciones a compromisos verificables por parte de Irán.
Otro punto de desacuerdo fue la negativa de Washington a comprometerse con el cese de los bombardeos israelíes en Líbano, una exigencia planteada por la delegación iraní en el marco de las conversaciones.
Fuentes iraníes indicaron que tampoco hubo acuerdo sobre el destino de aproximadamente 900 libras de uranio altamente enriquecido ni sobre el calendario de levantamiento de sanciones.
La posición de Washington
Las declaraciones de JD Vance reflejan una posición firme por parte de Washington. El vicepresidente evitó detallar el contenido exacto de la propuesta, pero insistió en que se trataba de un planteamiento cerrado.

La Administración de Donald Trump sostiene que la presión militar reciente debía haber facilitado un acuerdo en sus términos, en línea con el discurso del presidente, que asegura que Estados Unidos ha salido victorioso del conflicto. En las últimas semanas, Washington ha llevado a cabo una campaña de bombardeos sobre objetivos militares e industriales en Irán, con más de 13.000 blancos alcanzados, según datos del Pentágono.
Desde la Casa Blanca se mantiene que la opción de retomar las operaciones militares sigue abierta si no se producen avances diplomáticos antes del fin del alto el fuego vigente, previsto para el 21 de abril.
La posición de Teherán
El Ministerio de Exteriores iraní atribuyó el fracaso a las condiciones planteadas por Estados Unidos. En un comunicado, señaló que las demandas estadounidenses eran “excesivas” y no tenían en cuenta los “derechos legítimos” del país.
El portavoz diplomático, Esmaeil Baqaei, afirmó que las conversaciones abordaron “el estrecho de Ormuz, la cuestión nuclear, las reparaciones de guerra, el levantamiento de sanciones y el fin completo del conflicto”, pero reconoció que varios de estos puntos impidieron un acuerdo final.
Desde Teherán también se insistió en que la guerra ha reforzado su posición negociadora. Las autoridades iraníes mantienen que no renunciarán a su capacidad nuclear ni aceptarán condiciones que impliquen una pérdida de soberanía.
El factor Ormuz
El estrecho de Ormuz se ha convertido en el principal foco de tensión tras el fracaso de las negociaciones. Estados Unidos ha desplegado buques de guerra en la zona con el objetivo de garantizar la navegación y eliminar minas, mientras refuerza su presencia militar en el área. Irán ha cuestionado esas operaciones y mantiene su capacidad de interferir en el tráfico marítimo.

La situación ha generado una disrupción en el suministro energético global, con efectos en los precios del petróleo y en cadenas de suministro vinculadas a productos estratégicos. Irán ha condicionado la normalización del paso a la firma de un acuerdo definitivo, mientras que Estados Unidos ha anunciado medidas para controlar el tránsito marítimo en la zona como parte de su estrategia de presión.
El resultado de Islamabad deja abiertas dos vías principales: la continuación de las negociaciones, aunque sin un calendario definido, o la reanudación del conflicto una vez expire el alto el fuego.
La Administración de Donald Trump deberá decidir en los próximos días si mantiene la presión militar o apuesta por un proceso diplomático más prolongado. Una escalada podría agravar la crisis energética global, mientras que una negociación larga implicaría concesiones que, por ahora, Washington no está dispuesto a asumir.
En paralelo, Irán mantiene sus exigencias y su posición sobre el estrecho de Ormuz, lo que dificulta avances a corto plazo. Pese a la falta de acuerdo, el contacto directo entre ambas delegaciones supone un avance respecto a la situación previa al conflicto, aunque las diferencias en cuestiones clave siguen sin resolverse.
