El juicio a Ábalos dificulta a Sánchez marcar la agenda con el “no a la guerra”

El presidente y su ministro de Exteriores refuerzan posiciones ante EE UU e Israel y redoblan la presión a la UE a las puertas de su viaje a China. La agenda legislativa será mínima en las próximas semanas

Pedro Sánchez y José Luis Ábalos.
KiloyCuarto

El “no a la guerra” ha permitido a Pedro Sánchez marcar el pulso político casi desde los primeros ataques de EEUU e Israel en Irán (28 de febrero). Ha cohesionado a los grupos de izquierdas, y ha insuflado algo de oxígeno político a un presidente que se siente especialmente cómodo en la arena internacional. El alto al fuego alcanzado in extremis en la noche del martes, y el juicio a José Luis Ábalos, sin embargo, han pinchado esta semana la burbuja del Ejecutivo.

Por primera vez desde el arranque de marzo, durante algunas jornadas no han logrado copar la agenda pública. El paréntesis, a su entender, va a ser muy breve: desde Moncloa llevan meses anticipando que la verdadera batalla política, pero también electoral, se juega con la vista puesta al otro lado de las fronteras españolas. Y en el Gobierno, como en el PSOE, asumen que el conflicto lamentablemente no tiene visos de terminar en un corto plazo.

No ha monopolizado todas las portadas por completo, como llevaba 40 días siendo habitual, entre otras cosas porque el juicio en el Tribunal Supremo por el caso mascarillas ha hecho aflorar algunos nuevos y sórdidos detalles sobre las presuntas actividades de la trama Ábalos-Koldo García, su exasesor como ministro de Transportes.

En la cúpula de Ferraz reconocen que el espectáculo de estos días resulta “abochornante”. La imagen de todo un exministro y exsecretario de Organización socialista sentado en el banquillo de los acusados del Alto Tribunal no es fácil de digerir. Pese a ello, en el Gobierno y en el Partido Socialista repiten que lo fundamental ya se conoció durante la instrucción, y a priori no ven indicios de nuevas revelaciones que puedan reabrir las heridas.

Hay interlocutores del Ejecutivo que aseguran no estar siguiendo “nada” sobre el juicio. Afirman no detectar “la menor preocupación” por esta materia: “El problema” de haber “sobado tanto este tema” durante los últimos dos años “es que ya no se presta ni atención”.

José Manuel Albares, en su última comparecencia en el Senado, el viernes.
EFE/ Javier Lizón

Durante toda la semana, desde el Gobierno han vendido que el caso ya no les desangra en votos, por desagradable que resulte asistir a la retransmisión en directo de estas sesiones. Salvo en jornadas concretas -como durante las previstas declaraciones de los procesados Ábalos y García-, la mayoría de fuentes consultadas dan por hecho que el souflé irá bajando a medida que las sesiones avancen. “Dependerá mucho de la sentencia”, sostiene uno de ellos.

En las filas socialistas se muestran más optimistas: “El PSOE se ha visto afectado por la ambición de determinados perfiles”, y hoy “están fuera”. “Se cortó de raíz y se dio la cara”, “le expulsamos con todas las consecuencias”. “La gente diferencia etapas, esa la cerramos. Actuamos frente a la corrupción, [María Dolores] Cospedal y [Jorge] Fernández Díaz siguen con carnet del PP, inciden”.

De hecho, al arranque de la semana tanto el Ejecutivo como el partido trataron de desviar los focos sobre la causa en la que se enjuicia al exministro del Interior y a su secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, por utilizar el Ministerio con fines partidistas. Sin demasiado éxito.

Más allá de las sensaciones que esto pueda provocar en determinados momentos, no se ha visto afectado el convencimiento de que las posiciones de Sánchez ante la guerra están ganando adhesiones. Tampoco que se demostrarán acertadas en el medio plazo. Las últimas amenazas de Benjamin Netanyahu, el viernes, ahondan en este convencimiento. Puede haber periodos valle, pero esta cuestión será protagonista durante bastante tiempo, sostienen. Y el viaje oficial del presidente a China, entre el lunes y el miércoles, les ayudará a asegurarlo.

José Luis Ábalos (i) en el banquillo de los acusados el martes, en el primer día del juicio en su contra.
EFE/J.J. Guillén POOL

“La guerra moviliza muchísimo”

De lunes a viernes, el presidente del Gobierno y el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ahondaron en sus posiciones sobre la guerra de EEUU e Israel en Irán. Sánchez reclamó que el Líbano se incluya dentro del alto al fuego, y pidió a la UE suspender el acuerdo de asociación con el régimen de Netanyahu. Albares, por su parte, compareció en dos ocasiones, tanto en el Congreso de los Diputados como en el Senado, y reiteró estos mensajes.

“La guerra moviliza muchísimo”, aseguran fuentes de la dirección del PSOE. Las mismas que anticipan que Sánchez seguirá presionando al PP para que defina posiciones, toda vez que les consideran bloqueados por su incapacidad para marcar distancia con Trump y Netanyahu.

El mismo dirigente asegura que el conflicto ya está teniendo impacto en la intención de voto que detectan en sus trackings. Según estos sondeos internos, la tendencia hoy es que casi “un 40% del voto de Vox” esté derivándose al PP. Más allá de la guerra interna en el partido de Santiago Abascal, interpreta que este trasvase obedece al rechazo de sus simpatizantes al silencio de Abascal ante los abusos de Trump. “El bolsillo”, abunda, moviliza “más que la bandera”.

Esto explicaría, según su tesis, que Feijóo haya dado pasos esta semana para endurecer sus posiciones ante la amenaza de Trump (martes) de matar a toda “una civilización”. Prevé que el líder conservador ahonde en este camino próximamente, y poco a poco pueda ir marcando distancias con la ultraderecha, el principal apoyo de Trump en España. Otros interlocutores socialistas no creen que Feijóo vaya a saber leer el momento político, y menos aún que esté dispuesto a confrontar con Trump.

Víctor de Aldama, a su salida el jueves del Tribunal Supremo.
EFE/Sergio Pérez

Sin visos de revertir el bloqueo legislativo ni sombra de Presupuestos

Donde más sufre el Ejecutivo, de nuevo, es en la vida parlamentaria. Distintos dirigentes con carnet socialista reiteran que siguen sin lograr avances con Junts: “Las relaciones están en vía muerta”.

Esto supone una seria amenaza para la convalidación del real decreto ley que topa la subida de los alquileres de vivienda, si bien el PSOE asume que será su socio de coalición, Sumar, quien sufra en sus carnes este golpe, quien pague la factura política. Fue la formación de Yolanda Díaz quien exigió la aprobación de este decreto en Consejo de Ministros, y más de 20 días después no puede presumir de haber logrado un solo apoyo a la convalidación de la norma, que se votará a finales de abril.

Con estos mimbres, el proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado para 2026, cuya presentación comprometieron en diciembre y después retrasaron hasta finales de marzo, hoy no tienen ni fecha.

La precampaña, y el parón de dos semanas por la campaña en Andalucía, tampoco ayudan a legislar. Fuentes socialistas admiten que podrán sacar adelante iniciativas “menores”, siempre alineadas con los intereses de Junts. Y detectan que las “dos almas” del partido de Carles Puigdemont, la más conservadora y la más radical, más afectada por la competencia de Aliança Catalana, se muestran particularmente inaccesibles hoy por hoy. “No están en esas”.

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