Tras haber estado 21 horas en Islamabad, las delegaciones de Estados Unidos e Irán regresan a sus respectivos países sin un acuerdo de paz.
Si bien el vicepresidente de EE UU, JD Vance, ha dicho este domingo haber mantenido varias conversaciones “sustanciales” con la República Islámica, algo que ha calificado como una “buena noticia”, la “mala noticia” es que no han llegado a un pacto. “Y creo que eso es mucho peor para Irán que para Estados Unidos”, ha añadido Vance.
El número dos del Ejecutivo país norteamericano no ha entrado en los detalles de las negociaciones, ya que no quiere “negociar esto en público después de haber negociado durante 21 horas en privado”, pero ha apuntado que el principal escollo ha sido que Irán no ha asumido un compromiso de no buscar un arma nuclear a largo plazo.
Asimismo, ha indicado que su delegación se va de Islamabad con una “propuesta muy simple”, que es la de “un método de entendimiento”, la cual ha calificado como su “mejor y última oferta”, sin mencionar nada sobre la actual tregua de dos semanas.
Por su parte, y según recoge la agencia EFE, fuentes diplomáticas iraníes han indicado que la situación en el estrecho de Ormuz “no cambiará” a menos que Washington acepte un “acuerdo razonable”. Teherán insiste en sus líneas rojas, que incluyen el desbloqueo de fondos y un alto el fuego efectivo que se extienda al Líbano, a cambio de flexibilizar el protocolo de seguridad en este punto vital para el comercio petrolero mundial.
Contacto más relevante desde 1979
El encuentro entre ambos países, celebrado con la mediación de Pakistán, ha supuesto el primer cara a cara presencial de alto nivel entre Washington y Teherán en años. De hecho, diversos analistas lo sitúan como el contacto más relevante desde la Revolución Islámica de 1979, lo que subraya la dimensión política del diálogo iniciado.
La jornada de negociación ha estado marcada por un desarrollo progresivo. Tras una mañana de consultas por separado con el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, las delegaciones iniciaron el diálogo directo a media tarde. Las conversaciones se extendieron durante varias horas, con interrupciones puntuales para la oración y una cena de trabajo que permitió continuar el intercambio en un formato más reducido.

Disposición favorable
Fuentes diplomáticas iraníes indicaron que, concluida esta primera fase, ambas partes procedieron a intercambiar actas preliminares. Aunque no se han divulgado detalles concretos del contenido, los interlocutores implicados coinciden en señalar una disposición favorable a seguir avanzando.
Desde la Casa Blanca se confirmó que el encuentro tuvo carácter trilateral, con la participación activa del país anfitrión. La delegación estadounidense estuvo encabezada por el vicepresidente JD Vance, acompañado por figuras cercanas al entorno del presidente Donald Trump, como Jared Kushner y el enviado especial Steve Witkoff, además de un equipo técnico especializado.
Por parte iraní, la representación recayó en el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, y el ministro de Exteriores, Abás Araqchí, respaldados por expertos que continúan analizando los aspectos más técnicos de la negociación.
Según medios iraníes, una vez abordadas las cuestiones generales, el diálogo entró en una fase más detallada centrada en aspectos específicos del posible acuerdo. Este trabajo técnico, que se desarrolla en paralelo con equipos de seguimiento desde Washington, podría prolongar las conversaciones más allá del calendario inicialmente previsto, que contemplaba una única jornada.
Entre los elementos que Teherán habría puesto sobre la mesa figuran cuestiones sensibles como la gestión del estrecho de Ormuz, la liberación de activos financieros bloqueados y la posibilidad de un alto el fuego de alcance regional. Sin embargo, no todos los puntos mencionados por fuentes iraníes han sido confirmados por Washington, que ha rechazado algunas de las informaciones difundidas sobre concesiones iniciales.

Operaciones navales en Ormuz
Mientras tanto, lo que ocurre sobre el terreno suma dificultad a las negociaciones. Este mismo sábado, el Comando Central de Estados Unidos anunció el inicio de operaciones navales en el estrecho de Ormuz con el objetivo de facilitar la retirada de minas marinas. Dos destructores estadounidenses han comenzado a operar en la zona como parte de una misión destinada a garantizar la seguridad de esta ruta estratégica para el comercio internacional.
El propio presidente Donald Trump aseguró que estas labores buscan restablecer la circulación marítima en una vía clave para la economía global. El estrecho, considerado uno de los corredores energéticos más importantes del mundo, había sido bloqueado por Irán en el marco de las tensiones recientes.
Aunque algunos buques han retomado el tránsito tras la tregua temporal alcanzada, la situación sigue siendo frágil. La coincidencia entre el inicio de estas operaciones militares y el desarrollo de las conversaciones diplomáticas evidencian la presión que caracteriza esta fase.
A pesar de las incertidumbres, las señales emitidas tras esta primera ronda abren la puerta a una posible continuidad del proceso. Fuentes cercanas a la delegación iraní no descartan que se celebren nuevas sesiones incluso durante la jornada del domingo, con el objetivo de avanzar en los aspectos pendientes.
El desarrollo de estas negociaciones será determinante para evaluar si este acercamiento puntual puede transformarse en un proceso sostenido. Por ahora, el simple hecho de que ambas partes hayan retomado el contacto directo ya constituye un paso significativo en su relación y en la evolución del conflicto en Oriente Medio.
