“Trump quiere una salida para cantar victoria, pero no una paz bien construida”

La experta en Relaciones Internacionales, Lena Georgeault, analiza las primeras conversaciones entre Washington y Teherán. "La divergencia entre Trump y Netanyahu pone en peligro la tregua"

Imágenes de los escombros de un edificio residencial destruido al día siguiente de un ataque aéreo israelí en el barrio de Ain Mreisseh, en Beirut, Líbano, el 9 de abril de 2026.
EFE/EPA/WAEL HAMZEH

La primera fase de las conversaciones que este sábado han mantenido Estados Unidos e Irán en Islamabad han concluido mejor de lo esperado. Aunque las partes han llegado a la capital pakistaní defendiendo sus posiciones sin dar el brazo a torcer, fuentes diplomáticas pakistaníes señalan a EFE que las sensaciones tras este primer encuentro han sido “positivas”. 

Ni Estados Unidos ni Irán se han levantado de la mesa de negociaciones que, ahora, parece más viable de terminar en un acuerdo que permita seguir ensanchando el alto el fuego. “Las posiciones podrían ser más negociables de lo que parece”, señala Lena Georgeault, directora del Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad de Villanueva.

En conversación con este periódico, Georgeault analiza los puntos más sensibles de las negociaciones, el peligro que representa para el acuerdo la agenda de Netanyahu, o el papel de Pakistán como arquitecto regional. La clave para que se materialice un acuerdo estable y duradero, advierte, es “quién tiene más interés en ceder, y quién todavía capacidad para resistir más”. 

Ciudadanos iraníes sostienen fotografías del difunto líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei, durante una manifestación para conmemorar el cuadragésimo día del aniversario de su muerte en Teherán, Irán, el 9 de abril de 2026.
EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Sobre la supervivencia del acuerdo

– ¿Puede sobrevivir un alto el fuego que las partes interpretan de forma radicalmente distinta?

– Aunque de primeras la negociación parece casi imposible, por posturas irreconciliables sobre la reapertura de Ormuz, la inclusión del Líbano en el perímetro de la tregua o el enriquecimiento del uranio, es normal entrar en una negociación con posiciones maximalistas: sirven para fijar el punto de partida y ganar margen de concesión posterior.

Las posiciones podrían ser más negociables de lo que parece. Por ejemplo, en el plano nuclear, el desacuerdo no es necesariamente binario: se abre un espacio para negociar un programa civil limitado y supervisado, a cambio de la entrega de los 440kg de uranio enriquecido en torno al 60 % que estarían almacenados en instalaciones iraníes. Y en el plano regional, resulta llamativo que se aceptara un alto el fuego sin implicar claramente a Hizbulá, lo que sugiere que el apoyo iraní podría ser menos automático de lo previsto. Esto permite contemplar avances parciales, aunque frágiles. Desde luego, todo está condicionado por la relación de fuerzas: la cuestión clave es quién tiene más interés en ceder, y quién todavía capacidad para resistir más.

Sobre el papel de Pakistán

– ¿Estamos ante un reposicionamiento estratégico de Islamabad en el tablero de Oriente Medio, y qué consecuencias tiene para el orden regional que la mediación haya recaído en una potencia nuclear que no es árabe ni occidental?

Es cierto que la mediación pakistaní confirma que el orden regional es cada vez más multipolar, externalizado y desoccidentalizado: el centro de gravedad diplomático se está desplazando. Aun así, Pakistán es más un facilitador útil que un nuevo arquitecto del orden regional.

Islamabad ha podido desempeñar este papel porque mantiene canales abiertos con Washington, con Teherán y con Pekín, algo que hoy casi ningún actor reúne simultáneamente. Además, Pakistán no actúa solo, sino en un entorno en el que China pesa en la sombra, con una relación de estrecha cooperación militar (particularmente visible en el suministro de equipamiento y en el equilibrio estratégico frente a India).

Los sistemas de defensa aérea de Israel interceptan proyectiles sobre Mitula, en el norte de Israel, vistos desde la Alta Galilea, norte de Israel, 9 de abril de 2026.
EFE/EPA/ATEF SAFADI

Sobre el estrecho de Ormuz

– ¿Qué puede suceder a partir de ahora en torno a la soberanía del estrecho de Ormuz o el uranio enriquecido? Teherán y Washington tienen propuestas totalmente enfrentadas

– En el estrecho, Irán no parece buscar un cierre total, ya que también perjudicaría sus propias exportaciones. Le interesa más una capacidad de control y de peaje: dejar pasar, pero cobrando o extrayendo concesiones políticas. Eso es inaceptable para la mayoría de la comunidad internacional, porque vulnera el principio de libre tránsito. Sin embargo, Teherán ha demostrado que puede restringir de facto la navegación, lo que le da una palanca real de negociación.

En el plano nuclear, la línea roja de Washington está muy clara: limitar la proliferación, controlar el programa y abordar también el vector balístico. Aquí sí podría caber un compromiso en torno a un programa civil limitado. El problema es que el riesgo de proliferación no ha desaparecido, el acceso de los inspectores tiene que ser completo y la localización exacta del material no está totalmente asegurada.

En este contexto, lo más probable es que ninguna de las partes acepte el paquete maximalista de la otra. Más que un acuerdo definitivo, cabe esperar avances parciales, formulados con una elevada ambigüedad y acompañados de la retórica grandilocuente habitual de ambas partes.

Sobre la paz en Oriente Medio

– ¿Es viable que este alto el fuego se traduzca en un acuerdo de paz duradero, o se reiniciarán los ataques pasados 15 días?

– Trump quiere una salida para poder declarar victoria, pero no necesariamente una paz bien construida. Lo que se perfila es un arreglo transaccional e inestable, con una secuencia de prórrogas de la tregua, negociaciones a trompicones, violaciones periféricas, amenazas públicas y algún mecanismo provisional sobre el nuclear y la navegación. Que se reanuden los ataques no sería en absoluto sorprendente si fracasa la mesa o si Netanyahu intensifica la campaña en Líbano hasta un punto que Irán no pueda absorber políticamente. Pero tampoco es un escenario inevitable, porque Trump tiene fuertes incentivos para no reabrir una guerra que le encarece el petróleo y le complica políticamente en casa.

Personas huyendo de zonas sobre las que el ejército israelí ha advertido en Beirut, Líbano, 9 de abril de 2026.
EFE/EPA/WAEL HAMZEH

Sobre el tándem Trump-Netanyahu

– ¿Seguirá Netanyahu atacando el Líbano y poniendo en peligro la tregua en la región?

Israel plantea una lógica clara: desarmad a Hizbulá o seguiremos golpeando. En ese sentido, está aplicando en Líbano una estrategia similar a la de Gaza: una degradación intensa para forzar una ruptura entre la sociedad chií y el movimiento. El problema es que ese enfoque puede producir el efecto contrario y reactivar su legitimidad como fuerza de resistencia. Hay un riesgo claro de que el frente libanés termine dinamitando la tregua que Washington intenta sostener.

Según se ha revelado, dentro de la propia administración se advirtió a Trump de que dejar margen a Israel en Líbano podía complicar seriamente la salida diplomática, precisamente porque arrastra indirectamente a Irán y tensiona el alto el fuego. Trump, sin embargo, optó inicialmente por no frenar esa dinámica, en parte porque confiaba en una victoria rápida y en parte porque priorizaba mantener alineado a Netanyahu. Hoy, la divergencia entre la agenda de Trump, para quien la guerra tiene un coste creciente en el plano doméstico, y la de Netanyahu, decidido a aprovechar la coyuntura para debilitar estructuralmente a Hizbulá, pone en peligro la viabilidad de la tregua.