Oriente Medio

Sofía Piñeiro, enfermera en Gaza: “Hemos trabajado sin jeringuillas, sin jabón y sin productos de limpieza”

Sofía Piñeiro, enfermera de Médicos Sin Fronteras, explica cómo se trabaja en un territorio arrasado por las bombas. "Por primera vez estamos dedicando más tiempo a enfermedades crónicas y al seguimiento de pacientes"

Gaza
Sofía Piñeiro, enfermera de MSF
Cortesía Sofía Piñeiro

Dos años después del inicio de la ofensiva sobre Gaza, el territorio sigue marcado por la destrucción, aunque un frágil alto el fuego haya cambiado el ritmo del conflicto. Ya no hay una llegada masiva constante de heridos por bombardeos, pero la emergencia continúa bajo otras formas. Así lo describe a este periódico Sofía Piñeiro, enfermera y responsable médica de Médicos Sin Fronteras, que acaba de regresar de su tercera misión en la Franja.

“Entré el 23 de octubre y salí el 2 de diciembre”, indica Piñeiro a Artículo14. En esta ocasión trabajó como coordinadora médica apoyando la maternidad del hospital Al Nasser, en Jan Yunis, y dos centros de atención primaria que prestan servicios de pediatría, vacunación, salud mental y urgencias. A diferencia de sus misiones anteriores, el foco ya no estaba únicamente en la atención al trauma. “Por primera vez estamos pudiendo dedicar más tiempo a enfermedades crónicas y al seguimiento de pacientes”, señala.

Los problemas de suministros en Gaza

El cambio, explica Piñeiro, no implica una mejora estructural del sistema sanitario. Entre otras cosas, porque las carencias siguen siendo constantes. “Seguimos teniendo enormes problemas de suministros. Ha habido semanas sin suficiente suero para la maternidad o sin material básico para cirugía”, relata. La falta de un stock estable condiciona la atención diaria y obliga a priorizar de forma permanente.

“Más de dos niños por cama”

En pediatría, la presión asistencial continúa siendo elevada. “Hemos visto más de dos niños por cama y pacientes en los pasillos porque no había dónde ingresarlos”, explica. Aunque en algunos momentos ha sido posible disponer de camas libres, la situación sigue siendo muy complicada. “Hemos trabajado sin jeringas, sin jabón y sin productos de limpieza”, añade.

La inseguridad tampoco ha desaparecido del todo. Sofía explica que, aunque las explosiones son menos frecuentes, el sonido de drones y demoliciones sigue presente. “Los drones siguen recordándote que hay una presencia por encima de tu cabeza y el desgaste sigue siendo muy fuerte porque notas lo retraumatizante que es tener que seguir escuchándolo”, afirma. La sensación de amenaza persiste incluso en los momentos de menor intensidad del conflicto.

También la llegada del invierno ha agravado las condiciones de vida fuera de los hospitales. Sofía salió de Gaza justo cuando empezaban las lluvias. “Escuchar la lluvia y saber que hay familias enteras viviendo en tiendas de plástico es muy duro”, cuenta. Muchas de esas carpas alojan a varias familias y carecen de cualquier sistema para aislar del frío o del agua. Las inundaciones y las bajas temperaturas en los campamentos se han convertido en un problema recurrente.

Un hombre disfrazado de Papá Noel en Gaza
EFE/EPA/HAITHAM IMAD

Ese contexto tiene un impacto directo en la salud. “Hay muchísimas muertes que no están relacionadas con bombardeos, sino con enfermedades crónicas no tratadas, infartos, neumonías, diarreas o desnutrición”, explica. El colapso prolongado del sistema sanitario y de las condiciones de vida ha multiplicado patologías asociadas a la falta de higiene, de alimentos y de atención médica continuada.

Las familias son quienes más directamente sufren esa situación. “Tener a un niño con fiebre en una tienda, sin medios, debe ser una de las situaciones más difíciles en las que se puede encontrar una madre”, señala. Y a menudo, los hijos mayores asumen tareas de cuidado o salen a buscar leña y agua, mientras los adultos intentan gestionar la supervivencia diaria.

Un hombre disfrazado de Papá Noel participa en la Franja
EFE/EPA/HAITHAM IMAD

En ese contexto, Piñeiro destaca el papel del personal sanitario palestino. “El trabajo sería imposible sin ellos”, indica. Médicos y enfermeras locales, algunos disfrazados con trajes de Papá Noel, continúan estas navidades acudiendo a su puesto pese a haber perdido casas y familiares. “Trabajar con estas personas que tienen este nivel de resiliencia, de resistencia y de compasión hacia su propia comunidad es y fue realmente un honor”, recuerda.