Opinión

Melania, tributo para un tirano

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Se desconoce el presupuesto real de Melania, pero se habla de 40 millones de dólares por la venta de los derechos, y de 35 millones en promoción. El coste habitual para un documental de este tipo, según The New York Times, es de 5 millones. A pesar de que el paquete incluye una serie sobre la Primera Dama – que saldrá en Amazon en fechas próximas –, es un coste muy por encima de mercado.

Melania abarca los veinte días previos a la ceremonia de investidura presidencial a través de la modelo eslovena convertida, por segunda vez, en Primera Dama. 104 minutos vacíos en los que Brett Ratner no logra mostrar nada real. Ratner, tras ocho años sin rodar (a causa de seis acusaciones públicas de agresión sexual), ha filmado esta tosca pieza de propaganda en la que otros miembros del equipo no han querido dejar ni la firma.

Melania
La primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, lanza su primera película
Efe

¿Qué enfoque tiene Melania? Se apoya en la idea de que la Primera Dama es una mujer elegante. Y no, no lo es. El sombrero ovni de la investidura nos lo ratificó. El sombrero es, de hecho, lo más parecido a un McGuffin que tenemos en el documental. Melania Trump busca el conjunto ideal para la ceremonia (“Melania, historia de un florero” hubiera sido un buen título también) de coronación de su anciano marido, ese moderno Nerón que apenas se asoma en el metraje para decir esas generalidades con las que se refiere a sus aliados: “great”, “nice”, “beautiful”. El sombrero (la guinda para un traje feo como los pecados de Epstein, y que por hechuras recuerda al Nosferatu de Murnau) actuó como parapeto; Melania se ahorró a su marido, y nadie pudo ver sus ojos. En el documental, Melania escoge el sombrero por su elegancia. A su alrededor, una corte de modistas amanerados (que nadie diga que hay homofobia en los Trump) alaban el gusto de la Sra.Trump. Una mujer de Laos habla de lo mucho que le ha dado América (sic, y que nadie diga que hay xenofobia en Trump). Hay muchos planos de afroamericanos (que nadie diga que hay racismo en Trump) y mucha decoración hortera (que nadie diga que no hay poderío en la Casa Blanca).

Melania Trump
Melania Trump observa a su marido en el estreno de su documental
Efe

Pero el documental se centra en esa mujer que lee lo que no ha escrito. Melania recibe a una rehén de Hamás mientras Israel masacra a decenas de miles de inocentes. Melania entrega unas migajas a obras sociales mientras su marido elimina vías oficiales para la ayuda a los necesitados. Melania habla como extranjera mientras el ICE saca a latinos y asiáticos de sus casas y acribilla a balazos a quienes protestan. Melania vuela en avión privado mientras el gobierno de su marido deporta primero y pregunta después. Que los pocos planos narrativos del artefacto sirvan para algo, aunque ese algo sea un mensaje tosco sobre la mujer de Trump. Ella, Melania, no cuenta nada sobre su vida. No hay flashbacks, no hay material de archivo, ni siquiera una foto de esas en las que sonríe feliz (hace más de veinte años) junto al que ahora es su marido. Nada que no sea el aquí y el ahora, nada que no vaya encaminado a hacernos olvidar la realidad del segundo mandato de Trump: leyes dictatoriales, soberbia, imperialismo, matonismo salvaje, glorificación del analfabetismo, y culto al yo. De momento no es más que un tributo al sátrapa, tributo pagado por Jeff Bezos, y un favor por a Brett Ratner por los servicios prestados(presente en las fotos de Epstein, y acusado de tirano, maleducado y grosero por su propio equipo) tras su cancelación. Un paso hacia un nuevo Hollywood sin creatividad, servil con el poder, enemigo de la inteligencia y esclavo de los oligarcas del planeta. Luego está el público, ese que le ha dado la espalda a este “documental” que no va dirigido a absolutamente nadie.