Opinión

Sánchez pasa el “cepillo”

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Empieza la campaña de la recaudación del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). La engrasada maquinaria de Hacienda se ha puesto en marcha. No ha podido llegar en peor momento ante la estupefacción del contribuyente que se rasca los bolsillos para que no le manden a un inspector. Mientras se da el silbato de salida, el español puede ver las fotos del clan Ábalos al completo en piscinas, en veleros, en restaurantes, en aviones, en bailongos y fiestones por medio mundo. Aparece junto a su inseparable Koldo García y sus sobrinas, felices y contentos, disfrutando de los muchos placeres que ofrece la vida. Y todo gratis, a cuenta del erario público. En paralelo, el juicio en el Tribunal Supremo confirma cómo el exministro de Transportes, exsecretario de Organización del PSOE y exdiputado del PSOE colocaba, sin necesidad de fichar ni de currar, a sus numerosas sobrinas con una simple llamada de teléfono. Y las sobrinas disfrutaban de apartamentos de lujo y mascotas cariñosas. La vida padre y todo gratis.

No es precisamente ejemplificador el mensaje trasladado por esas imágenes ni esos testimonios. Es la corrupción en estado puro. El beneficio privado a costa de la cosa pública, que mantiene los tributos de los españoles.

Unas personas hacen su declaración presencialmente en una oficina de la Agencia Tributaria
EFE

Mientras tanto, el presidente Sánchez, ajeno a la erosión que provoca esta realidad, cultiva su imagen de influencer y tiktokero montando en bici por valles y montañas, recomendando libros que, pienso yo, no lee y música que, pienso yo, si escucha, y vistiéndose sin pudor alguno con la camiseta de la selección española de fútbol, exhibiendo un bobalicón juego con el número 22, tomando como referencia datos maquillados del Ministerio de Trabajo.

Pero, vamos a lo que importa, que no es otra cosa que la política fiscal de este Gobierno, cuyo afán recaudatorio no parece tener límite. Vaya por delante que quien esto firma es un firme convencido de la necesidad de una fiscalidad justa y progresiva. Que he pagado y pago mis tributos desde que empecé a tener ingresos convencido de que es mi obligación para tener el mejor país posible y una sociedad equilibrada.

Claro que las últimas campañas de este Gobierno pasan del castaño oscuro. La política tributaria de los progresistas gubernamentales, socialistas y neocomunistas, origina una más que elevada factura para el conjunto de los españoles. Por ejemplo, se niegan, como han hecho otros países, a deflactar, que no es otra cosa que ajustar las tarifas del IRPF a la inflación, que tanto favorece su afán recaudatorio. Se calcula que esta decisión del Gobierno representará alrededor de 12.000 millones de euros a los españoles. El impacto que sobre el aumento de la inflación representará la guerra de Irán agravará la no deflactación y la merma del poder adquisitivo de los salarios. El presidente Sánchez enarbola la pancarta del “no a la guerra”, mientras pasa el “cepillo” obligatorio.

En una palabra, no actualiza las retenciones del IRPF mientras se anticipa que el Gobierno volverá a batir récords de recaudación. El Gobierno gana, el contribuyente pierde. Las estimaciones de expertos indican que perceptores de 25.000 euros tendrán una tributación extra de unos 250 euros; los de 45.000, de 525; los de 70.000; 765, y los que ganen 400.000, pagarán unos 2.150. Así que, el discurso de que pagan los ricos se cae por su base. Un reciente informe del Registro de Economistas Asesores Fiscales (REAF) señala que estas decisiones gubernamentales arrojan una subida fiscal del 18% acumulada entre 2022 y 2026. Pagan todos, gana el Gobierno. Y pagan 25 millones de contribuyentes. Algunas Comunidades Autónomas como Andalucía, Madrid, Canarias, Navarra o el País Vasco, entre otras, aprobaron deflactaciones en el tramo autonómico, pero el Gobierno, ni lo hizo ni lo hace.

Calcular impuestos - Economía
Los útiles, preparados para calcular impuestos
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Otro capítulo que merece un comentario es la desbordante imaginación del Gobierno para añadir modificaciones al alza. Este año aparecen 15 nuevas medidas. Ya hemos mencionado en varias ocasiones el marcaje al que somete la política fiscal del Gobierno el Instituto Juan de Mariana. En su último informe, bajo el plástico título de “Impuestómetro 26”, relaciona las 141 alzas de impuestos y cotizaciones experimentadas desde 2018, cuando los progresistas llegaron al ejecutivo. Indica, por ejemplo, que la negativa a la deflactación ha costado alrededor de 28.000 millones a los españoles. Entre las medidas de este año, figuran la tasa de basuras, la reversión de la rebaja del IVA de los alimentos, la subida del tipo de ahorro para las rentas superiores a 300.000 euros o la creación de impuestos para los líquidos para los cigarrillos electrónicos.

Toda esta panoplia provoca que los impuestos directos pagados por las familias crezcan un 56% nominal y un 31% real desde 2018. Cada hogar paga hoy 1.657 € más al año, habiendo subido el esfuerzo fiscal directo de un 13,6% al 16% de la renta bruta disponible. En el otro lado, este aumento recaudatorio implica que los ingresos tributarios han crecido en 168.000 millones de euros, un 40%, y podrían alcanzar los 248.000 millones en 2026, un 58%. La presión fiscal habría subido 3,4 puntos de PIB en ocho años, sin precedentes históricos, señalan los expertos de Juan de Mariana. La recaudación por impuestos y cotizaciones alcanzó 592.000 millones de euros en 2024, un 37% del PIB, el nivel más alto jamás registrado. En 2015 era del 34%. Las previsiones de la Comisión Europea elevan la presión fiscal al 38,3% del PIB en 2026, con 671.500 millones de euros recaudados. No está mal. Según el informe, ”España va a contracorriente de la UE”. Entre 2018 y 2024, ha subido su presión fiscal 2,2 puntos, mientras la UE-27 la ha reducido en 0,6 puntos. Diez países bajan impuestos (Francia, Suecia, Alemania, Bélgica), mientras España es el quinto país donde más aumenta la carga fiscal.

Ya sabemos, toca hacer la declaración del IRPF a Hacienda. El presidente Sánchez pasa el “cepillo” a todos, a ricos a pobres, a pensionistas y a medio pensionistas, a heteros y a lgtbs, a ultras y a progres, a laicos y a cristianos. No se libra nadie. El Estado es de todos y lo quiere todo, como un Leviatán que devora a su paso. Pero, al otro lado, vemos asombrados lo que sus acólitos han hecho con nuestros impuestos. Y él, ese muro de contención progresista, sin enterarse. No es demagogia, es la realidad. El ejemplo vale siempre más que la palabra.