“Podía notar que le molestaba que fuera más lenta.” MJ estaba en el Parque Nacional Zion, en Utah, con un chico con el que estaba empezando algo. Durante la subida, él empezó a adelantarse hasta dejar de adaptarse a su ritmo. En un momento dado, ella dejó de intentar alcanzarle y pensó: “a la mierda, sigue tú”. Y él siguió. No miró atrás. La dejó allí, en plena ruta, en un terreno que no conocía, sin referencias claras.
Cuando MJ llegó arriba, él estaba. Se hicieron una foto juntos, como si el camino hubiera sido compartido. Después, él se giró y empezó a bajar con otra mujer que había conocido durante la subida. MJ terminó la ruta sola. Años más tarde, sigue volviendo a ese momento desde el cuerpo: “me remueve cosas… que quizá aún no he terminado de procesar”. Su historia aparece en The Guardian.
@guardian “When you’re outside in those environments, it’s a partnership activity, you go together and you’re meant to trust your partner for safety … It was difficult for me, this realisation that he did not care about my safety,” says Aila Taylor, an experienced climber and activist who is sharing her story of being left behind on a hike by one of her ex-boyfriends. On social media, women describe this as ‘alpine divorce’ – meaning going on a hike, climb or other outdoor adventure with a male partner, only to be abandoned or left behind – because he goes too fast and neglects to wait, or because a fight on the trail results in him storming off. “Breakups have quickly followed,” writes Alaina Demopoulos who spoke to women and experts about this phenomenon. Some women in the outdoors industry bridle at the gender stereotypes wrapped up in ‘alpine divorce’: chiefly the assumption that a woman cannot take care of herself or has less experience outside than her male partner. “It’s not the full story,” says Aila, who thinks the media attention on ‘alpine divorce’ could be an opportunity for women to reclaim the mountains. “It’s important to make sure support groups also focus on technical skills… [Hiking] is not an accessible sport, and we really need to break down those barriers.” What are your thoughts on alpine divorce? Tell us in the comments.
En ese mismo reportaje, Naomi, de 46 años, cuenta algo parecido. Durante una subida en Utah empezó a sentirse desorientada, posiblemente por el mal de altura. Iba acompañada por un hombre cercano a ella. Él decidió no parar. Siguió caminando. Naomi entendió que no iban a volver a por ella. Llegó a la cima prácticamente arrastrándose.
En California, Laurie Singer relató en New York Post cómo emprendió una travesía de más de 300 kilómetros por la Sierra Nevada con un amigo en quien confiaba. A los pocos días empezó a encontrarse mal. Él siguió avanzando. Una noche se encontró sola, sin saber si seguía en el camino. Cuando finalmente lo alcanzó, él le explicó que la había dejado atrás “para ponerla a prueba”. Más tarde, cuando su estado empeoró, le dio una barrita de proteínas y le indicó que bajara sola por un paso de montaña complicado. Singer descendió mareada, sin apenas fuerzas, hasta que otros excursionistas la ayudaron.
#Alpinedivorce: “Me pasó lo mismo”
En TikTok y otras redes sociales, las historias se multiplican. Mujeres que se graban mientras bajan solas, con la voz entrecortada, intentando no llorar o ya llorando, mirando el camino sin saber muy bien por dónde seguir. Algunas cuentan que han tenido que caminar durante horas hasta encontrar a alguien que las ayude. Otras hablan de haberse quedado sin agua, de no conocer la ruta, de haber dependido de desconocidos para salir. En los comentarios, la escena se repite una y otra vez: “me pasó lo mismo”, “me dejó en mitad del camino”, “tuve que salir con gente que no conocía”, “no volvió a por mí”. No son relatos aislados. Son variaciones de la misma experiencia, contadas por mujeres que, en contextos distintos, describen el mismo gesto: alguien que decide seguir y alguien que se queda atrás.
Lo relatan estas mujeres tiene hoy un nombre, divorcio alpino. Nombra una escena concreta, salir a la montaña con un hombre y que, en mitad del camino, él continúe y la abandone, pero también algo más, la experiencia de quedarse en un recorrido compartido en un entorno donde perder el ritmo no es inocuo.
@marriedtoalunatic #Hiking #nightmare #caughtoncamera @everafteriya original abandoned hike video
El término proviene de An Alpine Divorce, un relato del siglo XIX de Robert Barr en el que un hombre lleva a su mujer a los Alpes con la intención de matarla. Era ficción, pero ya situaba la montaña como un lugar donde una decisión puede poner en peligro a la otra persona.
En los testimonios aparece siempre la misma escena, hombres que deciden seguir con la ruta y abandonan a las mujeres en ese mismo camino que habían empezado juntos, sin que nadie espere, sin que nadie se adapte, sin que nadie vuelva a mirar.
Vulnerabilidad y miedo
En redes como TikTok, muchas mujeres no solo cuentan lo que les ocurrió, lo denuncian, lo comparan con otras experiencias. En los comentarios, otras responden, a mí también, me pasó igual. A partir de ahí surgen advertencias, consejos, formas de no depender de quien marca el ritmo. Esas respuestas existen porque la experiencia se repite.
Ese comportamiento ocurre en un contexto concreto. Deportes como el senderismo, la escalada o el alpinismo han estado históricamente dominados por hombres, y eso ha marcado formas de practicar y expectativas, avanzar, resistir, no detenerse, completar la ruta. En los relatos recogidos aparece una diferencia clara, para muchos de ellos la ruta es algo que se cumple, algo que se termina, mientras que para muchas de ellas el sentido está en el propio camino y en poder hacerlo sin presión.
@anyabzh #yosemite #yosemitevalley #yosemitenationalpark Will I survive?!!
Cuando esas dos formas de entender la experiencia no se comparten, aparece una asimetría en la actividad. Una persona marca el ritmo y la continuidad del recorrido, mientras la otra queda dependiendo de esa decisión para poder seguir. En ese punto no hay una situación equilibrada, porque quien va delante tiene el control práctico del avance y la otra persona no puede modificarlo con facilidad en el momento.
En ese contexto se habla de coerción situacional, porque no hace falta una orden directa para que una persona quede condicionada por la dinámica del recorrido. El propio entorno y la forma en la que se avanza generan una presión para seguir el ritmo impuesto si no se quiere quedar atrás. Esa dependencia puede producir inseguridad, sensación de vulnerabilidad y miedo a perder el grupo o a quedarse sola en un espacio aislado, donde el margen de reacción es limitado.
Un hombre condenado por abandonar a su pareja, que murió de hipotermia
Por eso algunos análisis encuadran lo que ocurre como violencia relacional en sentido amplio, no por un gesto físico, sino por una dinámica en la que una decisión de continuidad afecta directamente a la posición y la seguridad de la otra persona dentro del mismo entorno.
El “divorcio alpino” ya ha tenido consecuencias mortales. En Austria, un hombre ha sido condenado por homicidio por la muerte de su pareja durante una ascensión en el Grossglockner en la que intentaban alcanzar la cima en condiciones invernales muy duras. Durante la subida, el avance se volvió cada vez más complicado por el frío, el viento y la fatiga. Ella no pudo mantener el ritmo y quedó atrás en el recorrido en un entorno de alta montaña donde el deterioro físico puede acelerarse en pocos minutos. Él continuó la ascensión y la situación derivó en un escenario de emergencia.
Complicada situación… “Kerstin murió de hipotermia durante una excursión al Grossglockner que salió terriblemente mal. Su novio está acusado de dejarla desprotegida y exhausta cerca de la cumbre en medio de una tormenta mientras él buscaba ayuda”. https://t.co/tgJ6IN5XAc
— JAVIER CASTRO (@JAVIERCASTRO96) February 18, 2026
Cuando se inició el proceso judicial, el tribunal analizó la decisión de seguir avanzando, la diferencia de experiencia entre ambos y el momento en el que se debió detener la actividad o pedir ayuda antes. La investigación concluyó que la gestión del riesgo no fue adecuada para las condiciones y que la respuesta llegó demasiado tarde. El hombre fue finalmente condenado por su responsabilidad en la muerte de su pareja.
Si alguien Le deja atrás en la montaña sin comprobar cómo está o sin adaptar el ritmo, es una señal de alerta clara. En una relación, ese comportamiento rompe el cuidado básico que implica ir juntas en un entorno donde el margen de error es muy pequeño. No es solo una diferencia de ritmo, es una forma de actuar que deja a la otra persona en una posición de vulnerabilidad en un espacio donde no es fácil recomponer la situación.
