La victoria se celebró con apenas el 30% de los votos escrutados. El opositor de centroderecha, Peter Magyar, abogado y hasta ahora un rostro desconocido en la política europea, agradecía a Hungría su resultado. Por primera vez en 16 años, Viktor Orban, máxima representación de Trump y Putin en la Unión Europea, perdía las elecciones.
El ejecutivo comunitario ha sido el primero en respirar aliviado tras la derrota de Orban. La presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, aseguró que Hungría “ha elegido a Europa”. A su mensaje se ha sumado la alegría de otros líderes, como Macron en Francia o Sánchez en España. Ambos celebran el acercamiento de Hungría a la agenda europea. Mucho más tristes por el resultado y agradeciendo a Orban los servicios prestados, Meloni en Italia o Abascal en España. Mensajes para todos los gustos que han contrastado con el atronador silencio de los escuderos más fieles de Orban: Donald Trump y Vladimir Putin. Ninguno se ha pronunciado sobre la derrota de su compañero al que han apoyado desde sus inicios.
Pero en Europa hacía ya tiempo que las posiciones de Orban -ultraconservadoras, antieuropeístas y prorrusas- incomodaban a la Unión Europea. Hace menos de dos semanas, le acusaban de filtrar las conversaciones de más alto nivel a Putin. A la acusación de Polonia de filtrar información al Kremlin sobre las negociaciones europeas, se suman sus impopulares recetas en materia de migración, derechos LGTBIQ+ o feminismo.

Trump ya no suma
Ni siquiera el apoyo del vicepresidente estadounidense, JD Vance, ha sido suficiente para que Orban consiga revalidar una mayoría sólida. Vance, que se entregó el miércoles con una visita a Budapest de dos días y le ofreció el apoyo de todo el trumpismo en general, hizo suyo el discurso del primer ministro húngaro. Cargó contra la UE, contra Ucrania y pidió el voto para el líder ultraderechista.
Pero el apoyo de la Administración estadounidense, que en otros tiempos hacía ganar elecciones, ahora se ha convertido en una piedra en los zapatos de todos aquellos que se encuentran inmersos en carreras electorales.
Las posiciones de Donald Trump, cada vez más controvertidas y sobre temas muy sensibles como la soberanía, hacen que muchos de los líderes de extrema derecha que desde 2015 suben como la espuma vean ahora mermados sus resultados. El apoyo de la misma Administración que en su día les catapultó, se ha convertido en una desventaja.

La factura de Le Pen y Meloni
Lo cierto es que el efecto huida que provoca Trump en las elecciones no es algo nuevo. Su apoyo le costó a Le Pen una bajada significativa en sus resultados en las últimas elecciones municipales de Francia. La extrema derecha francesa, que lidera el voto de jóvenes y sube en todas las encuestas, se quedó corta en su intento de hacerse con el control de grandes ciudades francesas. La Agrupación Nacional de Le Pen se quedó muy lejos de sus objetivos no sólo en París, también en otras plazas importantes como Marsella, Toulon o Nimes.
También Meloni -cada vez más distanciada del presidente estadounidense- perdió el referéndum sobre su reforma judicial. El proyecto estrella de la primera ministra italiana se frenó en seco al encontrarse con una oposición de más del 50%.
Meloni o Le Pen, que hasta ahora habían sido también la representación más clara del trumpismo en Europa, han sufrido ya las primeras consecuencias. De hecho, con la guerra en Irán, la mandataria italiana ha puesto distancia de por medio y desde que comenzó el conflicto se ha opuesto a muchas de las decisiones propuestas por Trump. La amistad de estos mandatarios con él se convierte en tiempos electorales en un pozo en el que se pierden muchos más votos de los que se movilizan.

El desgaste político de Trump
Desde que en enero llegó de nuevo a la Casa Blanca, muchas de sus decisiones -desde tomar Venezuela hasta a amenazar a Dinamarca para hacerse por la fuerza con Groenlandia– han provocado un “efecto huida electoral” que se traduce en una pérdida lenta pero inexorable de votos. En el movimiento MAGA crecen las voces disidentes y cada vez hay más congresistas que dan por amortizado al republicano.
OrbAn ha sido el último en comprobarlo. Las consignas que se cantaban este domingo a medianoche en Budapest no eran a favor del candidato de centroderecha, sino a favor de la Unión Europea y la democracia. “Se acabó” o “Rusos, a su casa” fueron algunas de las consignas más coreadas en distintos puntos de la capital. Así, el nuevo orden que se dibuja no es un escenario en el que se elige entre recetas de izquierda o de derecha, sino un tablero donde lo que se elige es el equipo: o con Trump, o en frente de Trump.
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