Tras 45 días de guerra, la diplomacia pisa el acelerador. Donald Trump asegura que Washington y Teherán podrían retomar conversaciones “en los próximos dos días”, con Islamabad como punto inmediato de contacto y Europa como escenario para un eventual acuerdo de mayor calado. El objetivo declarado pasa por frenar la escalada y aliviar el bloqueo del estrecho de Ormuz, convertido en palanca central de presión en el conflicto.
En paralelo, Marco Rubio define como “oportunidad histórica” los contactos en Washington entre Israel y Líbano, mientras el presidente libanés, Joseph Aoun, apela a que estas reuniones marquen “el principio del fin del sufrimiento” en su país. El tablero se mueve en varios frentes a la vez, con negociaciones incipientes y muchas expectativas.

Y es que levantar el bloqueo del Estrecho de Ormuz, una decisión que Irán todavía no ha revertido, sigue disparando los precios del combustible en el mundo.
“Deberías quedarte allí, de verdad, porque algo podría pasar en los próximos dos días, y nos inclinamos más a ir allí”, dijo al New York Post Trump, quien agregó: “Es más probable, ¿sabes por qué? Porque el mariscal de campo está haciendo un trabajo excelente”.
El mandatario republicano se refería al general paquistaní Asim Munir, con quien forjó una estrecha relación el año pasado durante el conflicto entre Pakistán e India.

El vicepresidente estadounidense, JD Vance, encabezó el fin de semana la primera ronda de negociaciones con Irán en Islamabad, en lo que fue la reunión de mayor alto nivel entre ambos países desde que rompieron relaciones por la revolución islámica de 1979.
La exigencia de la Administración Trump de congelar el enriquecimiento de uranio durante 20 años es una versión diluida de la demanda inicial, que exigía detener definitivamente el programa nuclear. De aceptarse, Estados Unidos aceptaría una relajación de las sanciones económicas. Pero Teherán insiste en parar sus planes en sólo cinco años, una propuesta similar a la que ya presentó en febrero, durante las negociaciones previas al estallido de la guerra en Oriente Medio.
“Un gran desafío para la administración es que, para los iraníes, su programa de enriquecimiento nuclear ha sido fundamental para su causa durante muchos años”, dijo Christine Wormuth, exsecretaria del Ejército de EE UU y actual directora de la Iniciativa contra la Amenaza Nuclear. Y agregó: “es parte de la identidad del régimen, una fuente de orgullo nacional, y se ha esgrimido como una de las razones por las que la población tiene que soportar dificultades económicas”.

En paralelo a la diplomacia, la Marina estadounidense ya estaría aplicando el bloqueo de los puertos iraníes, que solo afectará a embarcaciones de dicho país u otros que lleguen o salgan de los puertos de Irán, o que estén pagando impuestos al régimen de Teherán. Este martes, el precio del barril sobrepasó los 100 dólares, y analistas apuntan a que los mercados globales seguirán desestabilizándose ante la ausencia de un acuerdo duradero.
“El balón está ahora en el tejado de los iraníes, nuestras líneas rojas son muy claras”, insistió el vicepresidente JD Vance en una entrevista a Fox News. El mano derecha de Trump aclaró que “no habrá flexibilidad” norteamericana respecto a la demanda de controlar el uranio enriquecido almacenado, así como la aplicación de mecanismos para garantizar que Irán no se convierta en una potencia nuclear.

Abbas Araghchi, ministro de Exteriores iraní, remarcó que “seguimos viendo las demandas excesivas del lado americano en la negociación, que trajeron el fracaso como resultado”. Según el Wall Street Journal, Arabia Saudí estaría presionando a Washington para frenar el bloqueo de los puertos iraníes, a cambio de garantizar el retorno de Teherán a la mesa negociadora. Riad teme que el régimen iraní incremente sus venganzas bloqueando también el Estrecho de Bab al-Mandeb, un corredor marítimo clave del Mar Rojo. Actualmente, las petroleras saudíes exportan el petróleo por esta vía.
Reunión entre Líbano e Israel en Washington
En paralelo, las negociaciones en Washington entre oficiales israelíes y libaneses continúan. Este martes se produjo una nueva reunión, que supone la primera ronda de negociaciones directas entre ambos países desde 1993. Sin embargo, hay poco optimismo respecto a un acuerdo duradero para frenar la guerra entre Hizbulá y el ejército israelí, que sigue en toda su intensidad.
Israel se enfrenta a una creciente presión internacional para aceptar un alto el fuego, pero ha descartado una tregua con la milicia chiita, a la que combate pueblo a pueblo en el sur de Líbano. La milicia -más poderosa que el propio estado libanés- también ha rechazado las conversaciones y ha declarado que no acatará ningún acuerdo alcanzado en la capital estadounidense.
Líbano se vio sumido en la guerra regional cuando Hizbulá disparó los primeros proyectiles contra el norte de Israel el 2 de marzo. Los bombardeos aéreos israelíes y la ocupación militar en el sur del país han dejado ya más de 2.000 muertos y más de un millón de desplazados.
