Tres meses sin Maduro

El “delcismo” se abre paso en Venezuela bajo la presión de EE UU

La reapertura de la Embajada estadounidense, el desmontaje del madurismo y la expectativa por el regreso de Machado configuran una transición marcada por decisiones urgentes y una sociedad que experimenta alivio e incertidumbre a la vez

Delcy Rodríguez (en pantalla), habla durante una videoconferencia en el foro FII Priority este miércoles, en Miami.
EFE/ Alberto Boal

El 3 de enero debería poder embotellarse y venderse en las farmacias. Jamás he conocido un medicamento tan efectivo para la melancolía y el desánimo como lo que significa ese día para los venezolanos y, desde luego, nunca he encontrado nada tan rejuvenecedor.

Así resume una profesora universitaria venezolana el efecto psicológico del 3 de enero, fecha de la captura y traslado a Nueva York de Cilia Flores y Nicolás Maduro, pareja que ejercía el poder en Venezuela, pese a la derrota electoral de este último en julio de 2024 y de las múltiples denuncias por violaciones a los derechos humanos.

EE UU captura a Nicolás Maduro en un operativo calificado por Trump como “brillante”
EFE

A partir de ese día, la escena política venezolana entró en un proceso de mutación acelerada cuyo ritmo no lo marcan las instituciones nacionales sino una combinación de decisiones internas y presión externa. En ese terreno movedizo se inscribe la actuación de Delcy Rodríguez, quien en tres meses ha ejecutado una serie de medidas que no encajan en la continuidad del sistema que heredó, sino en su reconfiguración operativa.

Delcy Rodríguez rellena el vacío de poder

El punto de partida es conocido. La captura de Maduro y Flores por fuerzas estadounidenses abrió un vacío de poder que fue llenado de inmediato por la entonces vicepresidenta. Desde ese momento, el ejercicio del poder dejó de organizarse en torno a la figura del líder desplazado y comenzó a articularse alrededor de una administración que actúa con márgenes estrechos y bajo condicionamientos visibles.

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez.
EFE

El rasgo más consistente de este período ha sido el desmontaje de estructuras asociadas al madurismo: no hay día que no se produzca una destitución o incluso una detención de algún cuadro del madurismo. Pero aún así no se trata de un ajuste superficial ni de una rotación de cargos. La eliminación de organismos, la desarticulación de misiones sociales (de costo millonario y efectividad nula), así como la destitución de figuras clave del aparato político y militar indican una operación dirigida a desactivar mecanismos de control y financiamiento que habían sostenido el poder durante más de una década. ¿Es un encargo del presidente Trump? Es lo que este se ufana de haber mandado a hacer, pero no hay duda de que los movimientos se han hecho con alegría sincera.

Cabello continúa como ministro

La salida de nombres centrales, entre ellos el ministro de Defensa Vladimir Padrino López, tras 14 años en el cargo, altera el equilibrio interno del poder. También lo hace la caída de operadores económicos y la intervención sobre estructuras como el Cesppa, que había concentrado funciones de inteligencia y control informativo. En términos prácticos, el Estado se reduce y se reorganiza. En términos políticos, el sistema pierde piezas que garantizaban cohesión y disciplina… aunque conserva algunas cuyo desplome aguardan todos los sectores con impaciencia, como es el caso de Diosdado Cabello, todavía ministro de Interior.

Delcy
Delcy Rodríguez acompañada de Vladimir Padrino López, Diosdado Cabello, y su hermano, Jorge Rodríguez
Efe

Este proceso ha sido acompañado por un paquete de decisiones legislativas que apuntan en la misma dirección. La ley de amnistía, que reconoce de hecho la existencia de presos políticos, y la apertura del sector de hidrocarburos y minería a la inversión privada y extranjera, configuran un cambio en la relación entre el Estado y la economía. Aunque la amnistía no se ha producido de manera cabal y ni siquiera a la mitad, y los permisos de operación de empresas petroleras en campos venezolanos no se han reflejado en una mejora de la economía. Muy por el contrario.

Qué es el “delcismo”

La lectura de estos movimientos no es unívoca. Voces provenientes del propio chavismo histórico (el nostálgico de Chávez) sostienen que lo que está en curso no es una rectificación interna sino la liquidación de la etapa anterior. El término “delcismo” ha comenzado a circular para nombrar esta fase, en la que la continuidad institucional convive con una modificación sustantiva de las reglas.

El otro eje del momento es la recomposición de la relación con Estados Unidos. La reapertura de la Embajada en Caracas, cerrada desde 2019, formaliza un giro que venía gestándose desde enero. La presencia diplomática directa es mucho más que un gesto simbólico. Permite interlocución cotidiana, intervención en áreas sensibles y seguimiento cercano de la transición en curso.

El restablecimiento de relaciones ha estado acompañado por visitas de altos funcionarios estadounidenses y por acuerdos en materia energética y económica. La cooperación se presenta como un mecanismo para estabilizar el país y reactivar sectores estratégicos, aunque también delimita el margen de autonomía del gobierno en Caracas.

El alivio tras la captura de Maduro

En paralelo, se instala una percepción extendida en la población. La salida de Maduro del poder ha sido vivida por amplios sectores (la gran mayoría, según los sondeos de opinión) como un alivio inmediato. Además, es una percepción recogida en la conversación cotidiana, en la disminución del temor visible en ciertos espacios y en la expectativa de que una etapa marcada por la opacidad y la arbitrariedad pueda cerrarse.

La excarcelada Maria Oropeza abraza a una niña durante una manifestación por presos políticos en Caracas (Venezuela).
EFE/ Ronald Peña R

Ese lenitivo convive con incertidumbres. El país dista mucho de haber arribado a una fase de normalidad institucional. La ausencia de un calendario electoral claro, la dependencia de decisiones externas y la reconfiguración incompleta del aparato estatal mantienen abierto el proceso. Además de que persisten la censura, la persecución a la disidencia, la confiscación de los bienes de los presos políticos y de los medios de comunicación cerrados, así como la desesperante inflación y los pésimos salarios.

¿Podrá volver Machado a Venezuela?

En ese escenario se inscribe el posible regreso de María Corina Machado. La dirigente opositora ha anunciado su intención de volver al país en los próximos días, en el marco de contactos sostenidos con autoridades estadounidenses y actores internacionales. De hecho, este martes 31 de marzo, la premio Nóbel de la Paz sostuvo una reunión con Marcos Rubio que fue seguida por una declaración de este donde insistía en que la recuperación de Venezuela pasa por su regreso a la democracia. Un retorno tendría un significado político preciso porque reintroduciría en el territorio a una figura que encarna una demanda de legitimidad electoral y que ha construido su liderazgo en confrontación directa con el poder que ahora se reordena.

María Corina Machado y Marco Rubio en la Casa Blanca
EFE

El eventual retorno no está exento de tensiones. Sectores cercanos al nuevo poder han enviado señales contradictorias sobre las condiciones de seguridad y participación. Analistas advierten que su presencia podría alterar el equilibrio actual, en el que la estabilidad parece ser un objetivo prioritario para Washington.

La figura de Machado introduce una variable que no depende de los acuerdos entre gobiernos. Su eventual participación en un proceso electoral, si este llega a convocarse, pondría a prueba la consistencia de las reformas anunciadas y la disposición real a abrir el sistema político.

Mientras tanto, el país se mueve entre dos planos. En uno, se ejecutan decisiones concretas que modifican estructuras, leyes y relaciones internacionales. En otro, persiste una pregunta sobre el destino del proceso. El desmontaje del madurismo avanza, pero no ha sido reemplazado por un modelo definido. La reapertura diplomática abre canales, pero no garantiza resultados. El alivio social existe, pero no se traduce todavía en certezas.

Maria Corina con el pleno de la Comisión Interamericana de DDHH en Washington DC
X: @ConVzlaComando

Venezuela atraviesa una transición sin relato estabilizado. Lo que se observa es un poder que se reconfigura bajo presión con la evidente intención de alargar hasta lo imposible su permanencia en él; una sociedad atrapada entre las dolorosas dificultades económicas y un poder que sigue siendo autoritario, así como una escena política en la que las piezas se mueven sin que el tablero termine de fijarse. La impresión es que bastaría que alguien abriera una ventana para que la brisa derrumbara una pirámide de naipes. De ahí que el régimen se mueve entre las sombras para impedir a toda costa (nunca mejor dicho) que Machado ingrese al país entre vítores y abra de par la balconada.