Española en...

Alejandra, erasmus española en Bélgica: “La exigencia es muy alta”

Alejandra vive en la ciudad belga de Leuven, donde ha sido todo un reto encontrar alojamiento. Sobre cómo ven a los españoles, la joven explica a Artículo14 que triunfan los estereotipos: "Nos tienen tachados de fiesteros"

Alejandra tiene 20 años y vive en Leuven, una pequeña ciudad universitaria a apenas 20 minutos en tren de Bruselas. Llegó a Bélgica como parte de su Erasmus, con una idea clara desde el principio: elegir un destino que aportara valor a su carrera. “Más que irme de Erasmus en general, era buscar un sitio que me pudiera aportar lo máximo en cuanto a mi carrera”, explica. Estudia Relaciones Internacionales y, tras investigar distintas opciones, decidió que la KU Leuven era la mejor elección.

El proceso comenzó meses antes de su llegada. “Empecé todos los trámites en noviembre de 2024, en febrero de 2025 me dieron el destino”, cuenta. A partir de ahí, todo giró en torno a encontrar alojamiento y organizar la mudanza. Finalmente, optó por una residencia de estudiantes, una decisión que valora muy positivamente: “Hay muchos españoles, también muchos estudiantes internacionales, entonces es un ambiente bastante guay”.

“Es complicado encontrar algo aquí bien de precio”

Uno de los principales retos al llegar fue encontrar alojamiento. Alejandra lo resume de forma clara: “Es bastante complicado encontrar algo aquí bien de precio”. La situación se agrava por el carácter universitario de Leuven. Aunque hay mucha oferta de residencias y pisos compartidos, la demanda es aún mayor.

Explica que existen dos tipos de residencias: las públicas, gestionadas por la universidad, y las privadas. Las primeras son más económicas, pero también más difíciles de conseguir. “La mayoría las reservan para estudiantes belgas”, señala, lo que deja pocas plazas para estudiantes internacionales.

Por ello, decidió buscar alternativas privadas desde el primer momento. “En cuanto me dieron el Erasmus me puse a buscar”, afirma. Finalmente, eligió una residencia privada, pese al mayor coste, por dos razones principales: el ambiente y la comodidad. “Aunque era un esfuerzo económico porque Bélgica es muy caro, la mejor opción era una resi”. Además, para ella era importante contar con baño privado, algo que no es habitual. “Casi todo es baño compartido… y eso encarece mucho el precio”.

Coste de vida

Alejandra destaca que Bélgica es un país caro, aunque matiza que la diferencia no siempre es uniforme. En la compra semanal, los precios pueden parecer similares a los de España, pero hay productos donde sí nota una gran diferencia. “Lo que yo más noto es el precio de la carne”, explica. Detalla que comprar lo mínimo ya puede suponer “20 o 30 euros”.

La comparación con otras ciudades europeas donde estudian sus amigas también le resulta significativa. Mientras ellas gastan entre 30 y 50 euros a la semana, ella asegura que “de 90 euros la compra no la bajo”.

Salir a comer o cenar es todavía más caro. “Menos de 15 o 16 euros por persona es complicado”, incluso en cadenas de comida rápida. También menciona el precio de productos de higiene, que considera más altos “por menor cantidad”.

En cuanto al idioma, su experiencia ha sido sencilla. Leuven se encuentra en la zona flamenca, donde el idioma oficial es el neerlandés, pero en la práctica el inglés domina en el día a día. “Tú entras y directamente te hablan en inglés”, explica.

La razón es clara: se trata de una ciudad completamente universitaria y muy internacional. “Aquí hay estudiantes de todo el mundo, dice. Aunque más de la mitad son belgas, el resto son internacionales, lo que facilita la convivencia en inglés. “No he notado ninguna dificultad”, resume.

Universidad

El ámbito académico es donde Alejandra percibe mayores diferencias respecto a España. Destaca, en primer lugar, el nivel. La exigencia es muy alta. Aquí el proceso de selección se hace durante la carrera”, asevera. A diferencia del sistema español, donde el acceso depende de una nota previa, en Bélgica cualquiera puede entrar y es durante el grado cuando se produce la selección.

Esto se traduce en clases masivas al inicio y grupos más reducidos en cursos avanzados. “Se nota que hay mucha gente que ha ido abandonando”, comenta. También menciona el sistema de calificaciones: “Las notas son sobre 20 y sacar más de un 15 es bastante raro”.

Otro aspecto que le llama la atención es la relación con los profesores. Mientras que en España la percibe como cercana, en Bélgica es más distante. “No existe una relación cercana, no se saben tu nombre”.

Aun así, valora muy positivamente el enfoque académico. Destaca que los estudios están más especializados desde etapas tempranas y que hay mayor libertad para elegir asignaturas.

“Soy tan feliz”

En el plano social, Alejandra reconoce que no ha tenido mucha relación con estudiantes belgas. Lo atribuye, en parte, a diferencias culturales. “Son más cerrados”, afirma. Cuenta que en la residencia es habitual cruzarse con ellos sin que respondan al saludo, aunque en clase la experiencia es diferente y los describe como “muy amables”.

También menciona que tienden a relacionarse entre ellos, al igual que los estudiantes internacionales hacen entre sí. Aun así, no cree que sea una cuestión de rechazo.

Sobre la percepción de los españoles, explica que existe cierto estereotipo. “Nos tienen un poco tachados”, dice, en referencia a la idea de que son más ruidosos o fiesteros. Relata que en ocasiones ha notado cierta reacción al decir su nacionalidad: “Se te quedan mirando como ‘ah, otra española’”.

Sin embargo, matiza que no lo percibe como un prejuicio grave, sino más bien como una consecuencia de diferencias en los hábitos. Por ejemplo, los horarios. “A las 10 de la noche se supone que ya no se puede hacer ruido y yo hay muchas veces que a las 10 ni siquiera he cenado”.

A pesar de que su estancia es temporal, Alejandra no descarta volver en el futuro. “Esta ciudad ya para mí siempre va a tener un huequito en mi corazón”, confiesa a Artículo14. Reconoce que echa de menos aspectos de España, como el clima, pero no siente que le falten durante esta etapa. “Estoy tan bien acompañada… Soy tan feliz que ni siquiera siento que me esté faltando eso”.

De hecho, deja abierta la puerta a un regreso. “No te digo que a lo mejor no acabe trabajando en Bruselas y viviendo por aquí cerca”, concluye.

*Si eres una española por el mundo y quieres compartir tu experiencia, escríbenos a info@articulo14.es

TAGS DE ESTA NOTICIA