El triunfo de la Revolución Islámica la obligó a exiliarse en España en 1980, y no ha dejado desde entonces de trabajar en la distancia por el fin del régimen de los mulás en Irán. La activista por los derechos humanos Nilufar Saberi confía en que la teocracia que impera desde hace más de 45 años en su país esté en el principio del fin. “Ya no pedimos reformas, justicia social o derechos para las mujeres, exigimos el fin de la teocracia y el establecimiento de una democracia secular. Llevamos persiguiendo este objetivo desde hace décadas. El sistema es irreformable porque está basado en leyes divinas, así que sólo puede ser derrocado. Y esperamos que esta vez sea la definitiva”, asegura a Artículo14 desde la capital de España de regreso de las concentraciones convocadas en apoyo del pueblo iraní en esta hora crítica.
Como tantos millones de iraníes en la diáspora, Saberi, una de las figuras más destacadas en España del movimiento Mujer, Vida, Libertad -nacido en la estela de la muerte en Teherán de la estudiante Mahsa Amini en custodia policial en septiembre de 2022- aguarda con una mezcla de ilusión y preocupación las noticias que llegan este fin de semana con cuentagotas desde Irán. El apagón de Internet decretado por el régimen el jueves complica sobremanera conocer qué está ocurriendo en las calles de las ciudades iraníes al cumplirse las dos semanas de protestas. “Perdí el contacto con mi familia en la mañana del sábado. No sé nada de ellos”, admite.

El balance provisional de las organizaciones en defensa de los derechos humanos encargadas del monitoreo de víctimas eleva ya por encima de 65 el número de muertos -aunque otras fuentes sobre el terreno aseguran que la cifra real ha alcanzado los dos centenares de fallecidos– como consecuencia de la intervención de las Fuerzas de Seguridad contra los manifestantes. Lo que comenzó como una protesta de comerciantes del Gran Bazar de Teherán ha tornado rápidamente en una impugnación general de la teocracia nacida de la Revolución de 1979.
La economía, el desencadenante de la revuelta
Si el régimen era un anacronismo del que la mayoría de la población -en un país muy joven- había desconectado hace décadas, el desencadenante último de la mayor rebelión de la calle han sido los padecimientos económicos de los hogares iraníes. La inflación, la depreciación del rial, las sanciones internacionales y los problemas de suministro de luz y agua han colmado la paciencia de los iraníes. “El iraní quiere tener una vida normal. Además de sufrir una teocracia, la vida se ha hecho imposible para la gente, y ni las tres comidas al día están garantizadas, como tampoco el suministro de agua y eléctrico. Hay mucha gente que está pasando necesidad en nuestro país”, recuerda Saberi.

El papel clave de las mujeres
“El papel de las mujeres es fundamental en todas las revoluciones del mundo, de ahí que cualquier dictadura empieza atacando los derechos de las mujeres (…) madres esclavas crían hijos e hijas esclavos”, asegura la activista iraní. En esta ocasión, a diferencia del citado movimiento de protesta nacido en 2022, el levantamiento “no tiene matices feministas” porque el reclamo ahora es “el derrocamiento del régimen inquisitorial islamista”, explica. “Pero las mujeres están en la calle junto a los hombres como siempre”, asevera Saberi.

Por otra parte, la activista lamenta la “solidaridad selectiva” de la comunidad internacional en general y de la extrema izquierda -incluida la española- hacia la lucha de los iraníes por su libertad. “Es muy triste que una parte de la opinión pública mundial y el lobby islamista nos acuse de fachas y diga que todo es el resultado de la injerencia de Estados Unidos con el objetivo de ilegitimizarnos”, admite. Saberi insiste en que su lucha se ha prolongado durante más de cuatro décadas en las “que hemos visto morir mucha gente” y responde al afán genuino de libertad y democracia del pueblo iraní. “En 2022, tras la muerte de la estudiante Mahsa Amini, comenzó el penúltimo levantamiento, que se plasmó en el movimiento Mujer, Vida, Libertad, la única revolución feminista mixta de la historia para un sistema misógino, cavernícola y de apartheid”, concluye.
El reto de una transición ordenada
Si se acaba produciendo el desmoronamiento del régimen, el gran interrogante para los iraníes dentro y fuera del país y la comunidad internacional es el día después: cómo convertir un país gobernado por clérigos chiíes como una teocracia en una democracia. La activista reconoce el papel que podría jugar el príncipe heredero, Reza Pahlavi -hijo del último sha de Irán y cada vez más protagonista por su apoyo a la revuelta desde las redes en su exilio estadounidense-, como figura de consenso en una eventual transición.

“Pahlavi ha sido el único en ofrecerse para ser la cara visible del cambio, y una gran parte de los iraníes apoya al margen de ser monárquica o no”, explica. “Tendrá que establecer un comité de transición encargado de celebrar elecciones libres con observadores internacionales y los iraníes empezarán eligiendo qué forma de Estado y gobierno quieren”, añade la activista en defensa de los derechos de las mujeres en Irán.
Además, Saberi alerta de las dificultades que tendrá que afrontar el proceso de transición en un país diverso en términos culturales y sociales, sin tradición democrática y con la oposición en la clandestinidad y fragmentada -tanto dentro como fuera. “Como en tantos lugares del mundo en estos momentos, Irán está muy polarizado entre la extrema izquierda y la extrema derecha, que entre unos y otros aplastan a la sociedad iraní”, recuerda Saberi. “Es muy probable que el futuro gobierno de Irán se encuentre en estos momentos en las cárceles o en el exilio”, avisa la activista iraní residente en España desde 1980.

