La España postfranquista y democrática sufrió un golpe de Estado el 23 de febrero de 1981, pero pudo sufrir más. Tanto antes con la Operación Galaxia —que también tuvo como protagonista al teniente coronel Tejero— como después. Mandos militares disconformes con el régimen constitucional no se dieron por derrotados pese al fracaso del 23-F y planificaron nuevos golpes, aunque tampoco en sus intentos posteriores hallaron la complicidad del Rey Juan Carlos I.
Los documentos desclasificados ayer por el Gobierno, 45 años después del 23-F, no solo han dejado al descubierto cómo los golpistas pretendieron subvertir el orden constitucional y cómo el Rey intervino para frenar el asalto a la democracia, sino que también han permitido ver que la Guardia Civil reconstruyó una posterior asonada que tenía fecha, lugar y líder.
“El 24 de junio de 1981 se celebra en el Palacio Real la onomástica del Rey, reuniéndose Gobierno, Capitanías Generales, Congreso, Senado y altas dignidades del Estado. INCONVENIENTE: estará el cuerpo diplomático. La ocasión sería ideal al reunir muy acrecentadas todas las circunstancias del 23-F”, puede leerse en un documento manuscrito que Moncloa ha titulado Documento planificación del golpe y que va más allá de la jornada de disparos al techo en el Palacio del Congreso.
23F_4._Documento_planificacion_del_golpe (1)-9Este manuscrito de la Guardia Civil apunta a un militar clave para liderar el golpe, el que entonces era capitán general de Canarias, Jesús González del Yerro (precisamente uno de los primeros en llamar al Rey Juan Carlos para ponerse a sus órdenes tras el golpe de Tejero).
Golpe a la turca
Según estos planes posteriores al 23-F investigados por la Guardia Civil, había dos posibilidades: un golpe militar “a toda prisa” como “el que preveía (el general) Armada” o bien que González del Yerro dé un “golpe a la turca”. Esta segunda opción supondría la supresión de partidos y entes autonómicos, pero los propios conspiradores no daban por “no confirmada” la participación del Rey.
Esta sublevación contra el orden constitucional la forzarían los capitanes generales “que temen que los coroneles se adelanten y prescindan de de los generales”. Los golpistas llegaron a estimar la colaboración del Rey, aunque ellos mismos admitían que no tenían tal complicidad confirmada.
“Una vez normalizada la vida española y aplacado el terrorismo, se propondría el restablecimiento de la normalidad política y la vuelta de los partidos. Contaría con el sector civil próximo a (Manuel) Fraga —entonces líder de Alianza Popular— y se marginaría a los sectores cercanos al franquismo al objeto de guardar apariencias”, dice el manuscrito de la Guardia Civil.
Las “incalculables consecuencias”
Y concluye esta nota de los investigadores de la Guardia Civil: “En cualquier caso lo más urgente es tomar conciencia de que se ha puesto en marcha otra operación militar de incalculables consecuencias con González del Yerro a la cabeza y con el aparato de Cortina (en alusión al comandante José Luis Cortina, jefe de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales del Cesid (los servicios de Inteligencia)”.
El error de “dejar al Borbón libre”
En este mismo paquete de documentación figura otra nota manuscrita, en esta ocasión relativa al “primer fallo” de la asonada del 23-F: “Dejar al ‘borbón’ libre y tratar con él como si fuese un caballero”. A esto se añade una consideración sobre los movimientos de don Juan Carlos: “Se considera que el Rey seguirá adelante en su intento suicida de tener un gobierno con socialistas, no pudiendo ser considerado ni como un símbolo a respetar”.
