A las 12:00 horas de este miércoles, Moncloa hará públicos en su web los documentos sobre el 23-F. Cualquier ciudadano podrá acceder a los informes, que hasta el día de hoy han permanecido clasificados, sobre el intento de golpe de Estado militar, que tuvo lugar hace exactamente 45 años.
Como es una obviedad, la expectación principal está puesta sobre una persona: el Rey Juan Carlos. Libros, series, conferencias… Durante todos estos años, el análisis sobre el papel que jugó el padre de Felipe VI no ha cesado en diferentes formatos, con una conclusión general común: el padre de Felipe VI fue garante del sistema democrático que rige nuestro sistema político y social.
Durante años, esa gestión institucional de Don Juan Carlos le ha valido para erigirse como el artífice de la Transición, un legado que hasta la caída en picado de su imagen tras el viaje cinegético a Botswana en 2012 y su relación con Corinna Larsen, le llegaba incluso a eximir de cualquier asunto que se le reprochara.

La situación ha dado un viraje de 180º en un corto periodo de tiempo y la pregunta que planea en el aire es la siguiente: ¿Saldrá a la luz información que no se conocía?
Don Juan Carlos y Doña Sofía, un sólido “equipo político”
De lo que es seguro que no se ha hablado, y que distintos historiadores ponen en valor, es el determinante papel que jugó la entonces Reina Consorte: Doña Sofía.
Según la historiadora y periodista Ana Romero, especializada en el periodo de la Transición y única biógrafa autorizada de Carmen Díez de Rivera en España, desde 1963 hasta los primeros años de reinado de Don Juan Carlos, ambos formaron un sólido “equipo político”.
Se trata del periodo en el que, un año después de su boda en Atenas -14 de mayo de 1962-, los entonces Príncipes llegaron a España ante un futuro absolutamente incierto. En febrero de 1963 convirtieron el Palacio de la Zarzuela en su hogar, una “jaula de oro” -así la llamó el historiador Paul Preston-, ya que contaban con la permanente vigilancia del régimen de Franco. Se trata del periodo en que, cuando hicieron sus primeros desplazamientos por el mapa, los falangistas y los comunistas les insultaban.
Y también se trata del periodo, en que la mujer del Rey Juan Carlos, la apodada coloquialmente como “la griega”, comenzó a despuntar. “Ella tenía una gran preparación, era cultivada y sofisticada, y pronto su faceta mediadora destacó”, asegura Romero. “Ella participaba en todo”. Esta opinión de que la Reina Sofía ejercía en aquel momento una influencia importante en Don Juan Carlos, sostenida por historiadores de la talla de Charles Powell, le lleva a afirmar: “Sin ella no hubiera podido detener el 23-F”.

El bagaje de la Reina Sofía en los golpes militares
La Reina Sofía sabía lo que era un exilio duro. Básicamente, porque lo vivió. Y sabía lo que era tener que abandonar un país. Su hermano Constantino, un jovencísimo rey de Grecia de 26 años de edad, forzó en 1965 la dimisión del primer ministro Georgios Papandreu, lo que desembocó en una crisis constitucional bautizada como “Apostasia de 1965”. A dicha coyuntura le sucedieron una serie de nombramientos de ministros y gobiernos inestables, que contribuyeron a debilitar la imagen de la monarquía helena. Fue antes de las elecciones de 1967 cuando tuvo lugar el “golpe de los coroneles”, un movimiento militar que tomó el control de los poderes del Estado e implantó un régimen autoritario.
Un rey atado de movimientos juró lealtad a la junta militar, lo que muchos griegos interpretaron como legitimación de la dictadura. Constantino intentó un contragolpe, que fracasó por no tener apoyos en las Fuerzas Armadas. Finalmente, el 14 de diciembre de 1967, la Familia Real griega se vio obligada a abandonar el país.
Doña Sofía aprendió de la experiencia y aconsejó a su marido, cuando formaban aquel “equipo político”, que la Monarquía debía ser constitucional y mantenerse neutral. Durante el 23-F, la Reina Sofía estuvo presente en las conversaciones que tienen lugar en el Palacio de la Zarzuela antes de que el Rey Juan Carlos se dirigiera a los españoles en la madrugada del 24 de febrero, vestido con el uniforme de capitán general. En las horas decisivas previas a aquel momento, la Reina Sofía fue “la voz que susurraba a los caballos”, ante el miedo de que se repitiera, en España, lo vivido en Grecia años atrás.

El papel de Carmen Díez de Rivera
Según informa Romero, durante una entrevista del catedrático Francisco Fuentes al general Alfonso Armada, éste le puso sobre la mesa la estrecha amistad que se tejió entre la jefa de Gabinete de Presidencia de Adolfo Suárez, Carmen Díez de Rivera, y Doña Sofía. A lo largo de los años, las referencias en los estudios sobre el periodo detallaban el triángulo que se dibujó entre el Rey Juan Carlos, el líder de UCD y la hija de la marquesa de Llanzol y Ramón Serrano Suñer.
“Te lo he dicho en muchas ocasiones, Ana: nunca se ha escrito nada, ni se escribirá, sobre el importante papel jugado por la Reina en esos días tempranos de la democracia”, le contaba Díez de Rivera a la periodista Ana Romero (El triángulo de la Transición, Editorial Planeta). “¿Quién crees tú que influyó de forma definitiva en Don Juan Carlos? ¿Quién crees tú que le explicó lo que le había ocurrido a su hermano Constantino de Grecia por aliarse con los golpistas? ¿Quién crees tú que tuvo claro desde el principio que el camino era el de la democracia?”
“La Reina Sofía fue la mujer del escritor que corrige las galeradas”, asegura Romero. “Fue su consejera áulica, su analista, un determinante papel que se oscurece de forma paralela al deterioro de su relación matrimonial”.
La astucia de la Reina Sofía para que trascendiera su labor
Corrobora Charles Powell (El Rey Juan Carlos y la proyección exterior de España, Editorial Galaxia Gutenberg) este “equipo político” que formaron Don Juan Carlos y Doña Sofía en los primeros años de reinado. El refuerzo de los lazos con Iberoamérica ha sido prioridad para la Corona. En 1983, los entonces Reyes viajaron a Uruguay, que se encontraba en los últimos días de la dictadura cívico-militar instaurada en 1973, y en plena transición hacia la transición de la democracia. Al Rey Juan Carlos no le bastó con cumplir con su papel institucional y, además de mantener reuniones de alto nivel con los máximos representantes políticos de la democracia, se mezcló con la gente, se saltó las vallas protocolarias e insistió en ir caminando por las calles desde el hotel al parlamento, junto con la Reina Sofía. A la vuelta a Madrid, Doña Sofía habló con el entonces ministro de Asuntos Exteriores bajo gobierno de Felipe González, Fernando Morán López, la importancia de destacar el respaldo de la Corona española al proceso democratizador de Uruguay con aquel viaje.
El CIS hizo una encuesta al día siguiente en el país sudamericano, que arrojó el dato de que la mitad de la población consideraba que los Reyes de España habían contribuido al proceso democratizador. “Supieron funcionar muy bien y allí está el secreto”, afirma Powell.

Este papel en la sombra de la Reina Sofía ha tenido su reconocimiento, el pasado mes de noviembre, a través de su hijo, Don Felipe. Durante los actos el día 21 por el 50 aniversario de la llegada de la democracia, el Monarca le impuso a su madre el toisón de Oro, la máxima condecoración de la Corona, en reconocimiento por su contribución a la llegada de la democracia. “Por su vida entera de servicio ejemplar y de lealtad a España y a la Corona”.
