Irán

“La brutalidad del régimen de Irán no tiene precedentes”

Mediss Tavakkoli, psicoterapeuta iraní exiliada, sigue la grave situación de Irán con angustia. Tras el corte de internet, no puede contactar con familiares y amigos. Ya van al menos 42 muertos

Revolución femenina en Irán - Internacional
Una de las imágenes más virales que están dejando las protestas.
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Irán atraviesa uno de los momentos más críticos desde la ola de protestas iniciada a finales de diciembre de 2025. Las movilizaciones se han extendido por grandes ciudades y zonas rurales, con una participación transversal que incluye barrios empobrecidos y aldeas alejadas de los centros urbanos. La respuesta del régimen ha sido demoledora: represión extrema, detenciones masivas y un apagón casi total de internet, telefonía fija y electricidad en amplias zonas del país, dificultando cualquier verificación independiente de lo que ocurre sobre el terreno.

El bloqueo informativo se produce mientras crece la sensación de que el miedo ha dejado de ser un freno. “No hay similitud con manifestaciones anteriores”, repiten activistas y observadores, que subrayan el carácter inédito de esta protesta. La gente sale a la calle incluso sabiendo que no podrá grabar, ni enviar imágenes, ni pedir ayuda. Ante la presión callejera, el líder supremo Ali Jamenei ha endurecido su discurso, señalando a actores externos (Estados Unidos e Israel) y lanzando amenazas contra Donald Trump.

Los iraníes gritan “muerte al dictador” a pesar de la represión

De acuerdo con el medio opositor Iran International, el viernes ya habían muerto 42 personas -29 manifestantes, ocho policías y cinco niños-, cientos de personas fueron heridas y al menos 2.277 arrestadas. En las calles iraníes, el grito de “¡muerte al dictador!” retumba, y se retiran banderas de la República Islámica o se queman retratos de los ayatolás. “Se trata de la última lucha contra el régimen”, vaticinan algunos manifestantes. 

Una mujer iraní camina junto a un mural antiestadounidense frente a la antigua embajada de Estados Unidos en Teherán, Irán, el 21 de octubre de 2025.
EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Desde España, Mediss Tavakkoli, psicoterapeuta iraní exiliada desde hace cuatro años y medio, sigue la situación con angustia. Expulsada de la universidad en Irán por su activismo y marcada durante años como “estudiante vigilada”, Tavakkoli se ha convertido en una de las voces del exilio que mantiene vivo el grito de la diáspora iraní. 

-¿Qué sabe de lo que está ocurriendo ahora mismo dentro de Irán, especialmente tras el corte nacional de internet?

-Después del anuncio de Reza Pahlavi (hijo del Sha y opositor exiliado en Estados Unidos), en los primeros minutos de las manifestaciones en Irán del jueves, internet y la telefonía fija se cortaron completamente. Incluso la radio fue cortada. Desde entonces, no tenemos ninguna noticia. Lo último que supe es que la cantidad de gente que está saliendo es increíble. No hay ninguna similitud con las manifestaciones anteriores de todos estos años, y la brutalidad del régimen no tiene precedentes.

-¿Por qué considera que este momento es distinto a otros levantamientos anteriores?

-Sabemos que esta vez hay una diferencia muy específica con las protestas anteriores: incluso en pueblos muy pobres y muy alejados, la gente ha salido a la calle. En esas zonas es muy fácil matar a la gente, porque muchos no tienen smartphones, no tienen internet para enviar vídeos o información. Y eso es lo que más nos preocupa ahora mismo.

-Ha hablado abiertamente de la posibilidad de una masacre. ¿Por qué?

-Cuando cortan internet, la electricidad y las líneas fijas, estamos seguros de que lo hacen porque quieren cometer un genocidio. Hace unos ocho años ya cortaron internet durante tres días y masacraron a la gente en muchas ciudades. Pero esta vez han ido más lejos: han cortado también la electricidad. Incluso las personas que tenían acceso a Starlink (el proveedor de internet por satélite de Elon Musk) ahora no pueden usarlo porque no hay luz.

-¿Tiene noticias de su familia y de sus amigos en Irán?

-Toda mi familia y mis amigos están allí, en distintas ciudades, en Teherán y fuera de la capital. No tenemos noticias de ninguno de ellos. Solo sé que algunos familiares y amigos muy cercanos han sido detenidos y otros están gravemente heridos, pero no sé dónde están, si están en un hospital, si están vivos o no. No sé absolutamente nada.

-¿Cómo se vive esa incertidumbre desde el exilio?

-Sabemos que la libertad tiene un precio y que ese precio hay que pagarlo. Pero está fuera de nuestro control. Estamos llenos de esperanza, de estrés, de rabia, de tristeza… una mezcla de emociones. Solo cruzamos los dedos esperando que lleguen días mejores para Irán.

-Le preocupa que el régimen intente ‘reinventarse’ a través de negociaciones internacionales. ¿Por qué?

-Nuestra mayor preocupación ahora es que el régimen simplemente cambie de piel. Se habla de grupos dentro del propio régimen que quieren negociar con Washington, incluso con Trump. Pero cambiar la piel no cambia el cuerpo ni los huesos. Puede que a muchos países les convenga un régimen islámico debilitado, pero eso no es bueno para el pueblo iraní. Nosotros no hemos pagado este precio para que cambien la fachada.

-¿Qué mensaje quiere enviar a la sociedad española y occidental?

-Los derechos humanos no pueden ser opcionales. Un Irán en paz significa un Oriente Medio en paz y un mundo más seguro. El mundo tiene que entender que el pueblo iraní no es el gobierno iraní. Vamos a conseguir nuestra libertad, nuestra democracia, con o sin el apoyo de Occidente. Pero quien hoy guarda silencio sobre Irán no puede volver a hablar de humanidad ni de derechos humanos. Ahora mismo está ocurriendo un genocidio en Irán y el mundo está en silencio. Es ahora o nunca.

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