El pasado lunes el presidente del gobierno Pedro Sánchez anunciaba la inmediata desclasificación de los “papeles del 23 F”. Aludía a que con este gesto se contribuiría a “saldar una deuda histórica con la ciudadanía”.
La noticia creó expectación mediática generando mayor o menos interés en diferentes partes de la ciudadanía, pero sí mucha atención desde los tabloides y medios de comunicación, copando sus cabeceras y titulares más reseñables.
Este anuncio coincide en el tiempo con las nuevas informaciones conocidas sobre el caso Koldo. Informaciones que exponen diferentes conversaciones a través de la plataforma WhatsApp entre Ábalos y el actual “ministro de Política Territorial y Memoria Democrática de España”, Ángel Víctor Torres.
Las batallas sobre el desvío de atención parecen controladas desde partes del gobierno que siguen guardándose bajo la manga estrategias para minimizar los impactos sobre las noticias que salen a la luz.
La desclasificación de documentos nos ha dado alguna nueva perspectiva sobre lo acontecido en aquel momento hace ya cuarentaicinco años. En uno de los documentos publicados podemos ver como presumiblemente miembros de la organización del golpe de Estado del “23 F” acusaban como uno de los elementos claves para el fracaso de este en el hecho de no haber controlado “al Borbón”. Según los apuntes expuestos, el haberlo dejado a su libre albedrío había sido una de las consecuencias de que el golpe no prosperase, además de dejar sobre la mesa la idea de que algo se estaba cociendo entre el noble y el líder socialista Felipe González.
El análisis de cada uno de estos papeles seguramente nos sumergirá en un sinfín de supuestos y de planes no realizados, también en la realidad de la política del complot, las negociaciones y las traiciones a la democracia que nuestro país sí se merecía.
Ex diputados de la época hablan estos días en medios de comunicación informando de que el único golpe de estado previsto no era el de Tejero, aluden a la existencia de diferentes movimientos de “golpes blandos” orquestados y que no se materializaron, además de afirmar que la irrupción de Tejero precipitó un golpe que si se hubiese esperado pudiese haber prosperado.
La historia toma actualidad y veremos muchas versiones y un sinfín de interpretaciones a cuáles más o menos reales, pero espero que la historia no actúe como un velo que tape lo que la actualidad descubre.
Aprender del pasado, entenderlo y reconciliarse con él se presume indispensable para poder avanzar como sociedad, lo preocupante es cuando se controlan los tiempos sobre la exposición del pasado para que nublen la actualidad y el debate de lo que hoy acontece. Esa manipulación temporal nos arrastra a un retroceso social sin precedentes.
Ningún papel desclasificado podrá tapar lo que la pasó en nuestra historia, pero tampoco deberá tapar lo sucede en nuestra actualidad.
Si la ciudadanía española se merecía una democracia limpia, libre y con talante hace cuarentaicinco años, hoy, varias décadas después también se la merece. España se merece una democracia sin corrupción, sin tramas de distinta índole, sin peleas bajunas ideológicas sin sentido. España y sus ciudadanos se merece una democracia robusta que escuche, que entienda y nos defienda a todos por igual.
