Opinión

“Si necesitas algo, me lo pides”: una historia del 23F

Golpe de Estado del 23-F - Cultura
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Se llamaba Vasco Cardoso Cortes-Lourinho, era portugués, superaba el metro noventa y, según me contaron, Salazar lo echó de Angola por fascista. En la redacción de Pueblo le cantaban una versión del fado “Lisboa, antigua y señorial”, que decía: “No volverá / ya el fascismo a Portugal, / ni volverá Salazar / con su terror feudal. / La PIDE a nadie más matará…”. “¡Rojos hijos de puta!”, solía responder entonces.

Fue el jefe de Sucesos del diario Pueblo y con él se formaron algunos periodistas extraordinarios: Jesús Soria, Jesús Duva, Francisco Pérez Abellán, etcétera. En su cabina había dos carteles: “No dejes que la verdad te estropee un buen reportaje” y “Menos urnas y más crematorios”.

A la periodista Mercedes Jansa, la muerte de Franco la celebró en un calabozo: fue arrestada por militar en el Movimiento Comunista. En 1977, se trasladó del servicio de Documentación del periódico del sindicato vertical a la sección de Política y, en plena efervescencia informativa, lo mismo cubría una rueda de prensa del PCE que un mitin de Fuerza Nueva. El golpe de Estado del 23F le pilló en la tribuna de prensa del Congreso. Junto a ella, se hallaban Pilar Narvión, Charo Zarzalejos, Julia Navarro, Susana Olmo y Miguel Ángel Aguilar. El teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero esputó su hit y, al poco, sonaron las detonaciones.

Golpe de Estado del 23-F - Política
Imagen de archivo del teniente coronel Antonio Tejero tras irrumpir en el Congreso de los Diputados.
EFE

El miedo y la tristeza amordazaron a Jansa: “Fíjate –me decía–, normalmente, el abrigo lo dejaba en el guardarropa, o en la sala de prensa o donde fuera, pero dije: ‘Bueno, como va a ser sólo una votación, esto durará hora u hora y media. Dejo el abrigo conmigo y, en cuanto termine, salgo zumbando al diario’. Cuando entraron los guardias civiles y vi cómo pintaba el asunto, me dije: ‘Menos mal que tengo el abrigo, porque creo que esta noche voy a pasar frío’. Porque en la comisaría se pasaba frío. Y en la DGS. Y en los campos de fútbol, que era donde llevaban a los argentinos y a los chilenos”.

A Dios gracias, el 23F no pasó de drama, no acabó en tragedia, gracias a la “decisiva, aparte de ejemplar” (Felipe González) actuación del rey Juan Carlos I. Los papeles desclasificados sobre el golpe –poco aguardiente, mucha leche desnatada– así lo corroboran. Sólo los nacionalistas, los fachas y los rojos desfasados siguen alimentando la(s) teoría(s) de la conspiración.

A Dios gracias, Jansa no acabó como el periodista chileno José Humberto Carrasco Tapia, secuestrado y asesinado por la dictadura de Pinochet. El 24 de febrero de 1981, la periodista acudió al Palacio de la Zarzuela para informar de las consultas que hacía el Rey con los portavoces de los distintos grupos parlamentarios y, al acabar, acudió a la sede de Pueblo para redactar su noticia. A su mesa se acercó Vasco Cardoso y le dijo: “Si necesitas algo, me lo pides”. El mismo apoyo le transmitió Carmelo Cerezo, también de Sucesos, que iba al periódico con pistola –“Porque era de la Federación de Tiro Olímpico”, me argumentaba–.

Mercedes me contaba todo esto con los ojos cubiertos de lágrimas. Yo miraba hacia otro lado para evitar contagiarme.

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