Las guerras del siglo XXI no se libran solo en el campo de batalla. Se disputan en los mercados energéticos, en las Bolsas y en las expectativas de los inversores, con un impacto inmediato y global. La escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán confirma que, en realidad, es la geoeconomía lo que está en juego. Y paradójicamente, el petróleo, que marcó las grandes crisis del siglo XX, vuelve a situarse en el centro del tablero. Cada vez que el precio del petróleo se dispara, el recuerdo de las grandes crisis energéticas del pasado reaparece: inflación descontrolada y el riesgo de que el shock energético termine arrastrando a la economía mundial hacia una recesión.
Sin embargo, en el contexto actual, analistas y expertos consultados por Artículo14 coinciden: el barril de Brent en el entorno de los 100 dólares no basta por sí solo para provocar una recesión global. “Si el precio del petróleo se mantiene en ese nivel no se podría hablar de una crisis energética ni de una recesión, sino de un escenario de ralentización”, apunta María Jesús Fernández, economista senior de Funcas.
Así lo han interpretado también los inversores, con caídas contenidas en las Bolsas. Desde el viernes 27 de febrero, previo al ataque de Estados Unidos a Irán, el Ibex 35 retrocede menos de un 8% (7,64%), aunque ha perdido los 18.000 puntos y lucha por mantener los 17.000. El Euro Stoxx cae algo menos del 7% y el S&P 500, el principal indicador de Wall Street, resiste con un descenso del 3,5%.

Termómetro del miedo
Una referencia para entender la relativa confianza del mercado frente a situaciones anteriores es el índice VIX, considerado el “termómetro del miedo” de Wall Street. En la crisis financiera de 2008 este indicador superó los 80 puntos, al igual que en marzo de 2020 con la crisis de la Covid-19. En el inicio de la guerra en Ucrania se movió entre los 30 y 35 puntos. Ahora, tras el ataque de EE UU, ha experimentado una fuerte volatilidad, pero en el cierre diario no ha superado los 30 puntos.
Más allá de los indicadores financieros, el conflicto tiene también una dimensión inédita: se está siguiendo prácticamente en tiempo real por los mercados y la opinión pública. “Estamos viendo la guerra prácticamente en directo, también la guerra dialéctica”, explica el catedrático de Comunicación y Política Internacional en la Universidad Europea de Madrid, José María Peredo, en referencia a la escalada verbal entre Washington y Teherán y a las declaraciones públicas del presidente estadounidense, Donald Trump. “Ese flujo constante de mensajes y amenazas influye también en las expectativas de los mercados”, puntualiza.
"We're on plan to defeat, destroy, disable all of their meaningful military capabilities at a pace the world has never seen before." – @SecWar 🇺🇸 pic.twitter.com/d894uyYzWX
— The White House (@WhiteHouse) March 13, 2026
En el contexto actual, los expertos consultados coinciden en que el principal efecto del conflicto sobre la economía no es una caída brusca de la actividad, sino un aumento de la inflación. El encarecimiento del precio del petróleo por las dificultades de paso en el Estrecho de Ormuz —por donde transita alrededor del 20% del crudo mundial— y la parada de producción de gas en Qatar implica una subida de los costes energéticos. “El conflicto dispara el coste de los seguros y genera presiones al alza en los precios del petróleo y gas, afectando más a la inflación que al crecimiento económico global“, resume Rafael Doménech, economista jefe de BBVA Research.
Qué esperan los mercados del petróleo
Para tratar de evitar un aumento descontrolado de los precios del crudo, se han activado medidas para elevar la disponibilidad de petróleo. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha aprobado la mayor liberación de reservas de crudo de la historia, con unos 400 millones de barriles, de los que Estados Unidos aportaría 172 millones. Esta liberalización actúa como techo temporal con un tope en los 125 dólares, explica Ramón Mateo, economista y socio y director de beBartlet. Además, algunos productores están aumentando sus exportaciones para compensar posibles interrupciones. Según Intermoney, Arabia Saudí ha elevado los envíos desde sus puertos occidentales hasta 5,9 millones de barriles diarios. También se ha permitido temporalmente comprar petróleo ruso.
IEA Member countries agreed yesterday to release 400 million barrels of oil from their emergency reserves amid market disruptions from the Middle East conflict.
This is the 6th oil stock release – and the largest – in the IEA's history.
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— International Energy Agency (@IEA) March 12, 2026
De momento, la tensión en el precio del petróleo se concentra en el corto plazo. Un escenario probable para Ramón Mateo es una senda ascendente hasta alcanzar los 125 dólares o, incluso, 150 dólares hacia el mes de junio. “Esta escalada de precios se asienta en primer término en una ‘prima por estrangulamiento logístico’. El riesgo actual trasciende la falta de crudo; el encarecimiento masivo de seguros marítimos y el re-enrutamiento forzoso por el bloqueo de Ormuz generan una inflación de costes estructural antes incluso de cualquier falta de suministro físico”, detalla Mateo.
¿Cuándo acabará el conflicto?
En este sentido, el economista Daniel Lacalle destaca que los contratos a futuro no anticipan un shock energético duradero. “La curva de futuros descuenta una fuerte desinflación de cara a final de año… se está contando con una guerra corta”. Los contratos de referencia del Brent del ICE Futures Europe marcan un precio del barril en mayo de entre 90 y 100 dólares, mientras que para después del verano retrocede por debajo de los 80 dólares. La interpretación del mercado es la de un conflicto intenso pero limitado en el tiempo. Otra cosa es que la situación se normalice en Irán: “La guerra terminará, pero Israel no va a cesar hasta aniquilar a Irán, Hezbolá y Hamás. Una situación similar a la que se vive actualmente en Gaza”, advierte Lacalle.
Para Ramón Mateo, los análisis en estos momentos apuntan a que la resolución del conflicto probablemente no se produzca hasta el mes de junio. No obstante, cabe la posibilidad de que Irán pierda la capacidad de respuesta simétrica -por la destrucción de infraestructuras o colapso económico- o señales de insurrección internas que podrían acelerar el fin de la guerra antes del verano.
El verdadero riesgo es una guerra larga

Los analistas consultados coinciden en que el verdadero riesgo es que el conflicto se prolongue. “Si el conflicto se prolonga y destruye infraestructuras clave, cabe la posibilidad de que se materialice un escenario más negativo con disrupciones graves en las cadenas mundiales de producción, un aumento de la volatilidad en los mercados financieros y un deterioro de la confianza de empresas y familias”, advierte Rafael Doménech. Un informe de CIMD Intermoney incide en el mismo sentido: “La gravedad del impacto en los suministros globales dependerá de la duración del conflicto”.
En este sentido, desde Bank of America advierten que un shock energético prolongado conlleva “riesgos estanflacionarios significativos”, un escenario caracterizado por el estancamiento económico y una alta inflación. La estanflación —inflación elevada combinada con crecimiento débil— es precisamente el escenario que más temen los bancos centrales.
Un barril Brent a 100 dólares ahora no es igual que en 2022
“No podemos decir que estamos a las puertas de una megacrisis… hoy por hoy no”, afirma José María Peredo. Recuerda que la economía mundial ha demostrado en los últimos años una mayor capacidad para absorber shocks energéticos que en décadas anteriores. La guerra en Oriente Medio ha elevado la volatilidad en los mercados y ha tensionado los precios de la energía. Pero, por ahora, el consenso entre los analistas es claro: el petróleo en el entorno de los 100 dólares no basta para provocar una recesión global.
Con un matiz importante respecto a otras crisis recientes como la de 2022 -según advierte Daniel Lacalle-. Un barril de Brent de 100 dólares entonces equivale aproximadamente a unos 90 dólares de ahora, si se tiene en cuenta el aumento del coste de la vida.
