Opinión

Caridad cristiana o desahucio franciscano

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Esta misma semana el Gobierno de España hallaba un curioso aliado al anunciar la regularización extraordinaria de inmigrantes: la Conferencia Episcopal. Tiene todo el sentido del mundo, por supuesto, y a poco que uno haya leído alguna de las encíclicas del Papa Francisco, o se haya familiarizado con la doctrina social de la Iglesia, la compasión exhibida le parecerá justa y necesaria: «se reconoce así su dignidad», valoraba el arzobispo Luis Argüello, pues facilita «la aportación al bien común de muchos inmigrantes que ya estaban trabajando, participando en la escuela, la sanidad y servicios sociales y, a veces, malviviendo entre nosotros». Menudo contraste con otra de las noticias de la semana: tras la caída de la moratoria antidesahucios, una de las primeras personas bajo amenaza de expulsión era un vecino de mi barrio, Mariano, cuyo domicilio pertenece, mira tú por donde, a la Venerable Orden Tercera de San Francisco.

Me acerqué la mañana del jueves a la convocatoria vecinal que lanzó el Sindicato de Inquilinas junto a distintas organizaciones. La Venerable Orden Tercera de San Francisco es el viejo nombre de lo que hoy se conoce como Orden Franciscana Seglar, la misma del voto de pobreza, mansedumbre, santidad que se quita la ropa ante su padre y abraza el escándalo de no poseer nada; Mariano, todavía inquilino, que tiene 67 años y 67 años lleva viviendo en esa misma casa, vivió hoy bajo la amenaza de ser expulsado de una casa, con la excusa de unas reformas de las cuales nadie se había encargado, el techo de la cocina hundido por humedades y con escombros acumulados. Cuando pidió algo de solidaridad a la VOT, o sea, un ejemplo de caridad cristiana, la respuesta fue clarísima: no somos una ONG.

No somos una ONG. No hace falta ser una buena samaritana, ni siquiera ser cristiana, para escandalizarse ante una afirmación así. En el mejor de los casos, el cristianismo no debería ser una ONG, más bien algo todavía más exigente. Si se expulsa a los mercaderes de los templos, si es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que la entrada de un rico en el reino de Dios, ¿cómo conjugar todas las imágenes que coloca la Biblia en nuestra mano con la conversión de una orden franciscana en un gran tenedor —con un centenar de propiedades en Madrid—, que hace y deshace a su antojo con las viviendas propiedad de quienes mueren en su hospital; capaz, pues, de darle la espalda a un hombre de 67 años con tal de maximizar el beneficio, obtener más dinero y dedicar una vivienda a la especulación? Bienaventurados los pobres; tuve hambre y me disteis de comer; no se puede servir a Dios y al dinero.

¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?

La frase no somos una ONG sólo puede pronunciarla con soltura una organización acostumbrada a manejarse como una empresa mientras se beneficia de la estatura moral y la auctoritas que otorgan lo sagrado. Tras horas de espera, bajo la lluvia, el desahucio logró pararse la mañana del jueves, por la presencia vecinal y mediática en la calle Carnero, al lado de Ribera de Curtidores; si por la comisión judicial o por la VOT hubiera sido, el desahucio se habría llevado a cabo ayer mismo. La próxima fecha para el desahucio de Mariano, tras el aplazamiento, será el 13 de febrero a las nueve y media de la mañana: ¿no sería bellísimo hallar una congregación cristiana allí, acordándose de los versículos de Isaías? ¡Ay de los que juntan casa a casa, y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo todo! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?

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