El ocaso de Disney en Hollywood: cuatro años seguidos sin el Oscar de la animación

Su pérdida de peso dentro de la Academia coincide con el auge de nuevas voces, estilos y fenómenos globales en Hollywood

Películas de Disney en 2025 - Cultura
Montaje con fotogramas de 'Elio' (i) y 'Zootrópolis 2' (d).
Artículo14/Disney

Hubo un tiempo en que Disney acudía a los Premios Oscar de animación con la autoridad de quien parecía jugar en su propia liga. Su sello marcaba el ritmo del cine familiar, imponía tendencias visuales, convertía canciones en himnos globales y transformaba cada estreno en un pequeño acontecimiento cultural. Pero esa imagen de dominio casi natural empieza a resquebrajarse.

La victoria de Las guerreras k-pop en la edición de 2026 no es solo el triunfo de una película concreta. Es también la confirmación de que la categoría animada de los Premios Oscar lleva varios años girando la mirada hacia otros lenguajes, otras sensibilidades y otros centros de poder creativo.

El dato es tan sencillo como demoledor. Disney encadena ya cuatro años seguidos sin conquistar el Oscar a mejor película de animación. En 2023, Red perdió frente a Pinocho de Guillermo del Toro. En 2024, Elemental cayó ante El chico y la garza. Y en 2025, Inside Out 2 no pudo imponerse a Flow.

Ahora, en la edición de 2026, ni Elio ni Zootrópolis 2 lograron frenar el impulso de Las guerreras k-pop. La última vez que la compañía levantó esa estatuilla fue con Encanto, vencedora en los Premios Oscar de 2022.

Una racha que dice más de Hollywood que de una sola derrota

Reducir esta secuencia a una simple mala racha sería quedarse corto. Lo que revelan los Premios Oscar de los últimos años es un cambio en el gusto de la Academia y, de paso, una transformación más amplia en la conversación cultural alrededor de la animación. Las vencedoras recientes no pertenecen a un mismo molde.

Pinocho de Guillermo del Toro representó la fuerza artesanal y sombría del stop motion de autor. El chico y la garza devolvió al centro del escenario el prestigio poético de Hayao Miyazaki. Flow irrumpió como una propuesta europea de enorme personalidad visual. Y Las guerreras k-pop ha mezclado cultura pop coreana, músculo musical e identidad global para conquistar la categoría.

Las guerras k-pop triunfan en los Premios Oscar
Fotograma de la cinta animada ‘Las guerreras k-pop’.
Netflix

Eso no significa que Disney haya dejado de ser relevante. Sería absurdo afirmarlo. De hecho, en este periodo ha seguido colocando títulos en la carrera de los Premios Oscar y manteniendo un peso industrial gigantesco. Lo que ha cambiado es otra cosa: la sensación de inevitabilidad.

Durante años, Disney parecía partir con ventaja estructural, como si su sola presencia bastara para ordenar la categoría. Ahora ya no. Ahora puede llegar con películas competitivas y aun así perder frente a obras que conectan mejor con el momento artístico, con la sensibilidad de los votantes o con una idea más fresca de lo que la animación puede ser.

La victoria de Las guerreras k-pop ayuda a entender este desplazamiento. La cinta culminó una carrera de récord tras convertirse en la película más vista de Netflix y llegar a los Oscar después de una trayectoria muy sólida en otros premios. Por eso la Academia confirmó su victoria frente a Elio y Zootrópolis 2. No se trata, por tanto, de un capricho de última hora ni de una sorpresa menor, sino de una obra que logró instalarse como fenómeno cultural antes de rematar su ascenso en Hollywood. Los Premios Oscar, en ese sentido, no inventaron el fenómeno: lo certificaron.

Disney sigue ahí, pero ya no dicta sola el canon

El problema de fondo para Disney quizá no sea perder, sino perder en un momento en que la definición misma de prestigio animado se está ampliando. La Academia ya no parece buscar únicamente la película más accesible, la más sentimental o la más asociada a una gran marca reconocible. En los Premios Oscar recientes ha premiado, por el contrario, obras con una firma artística muy visible, con universos menos estandarizados y con una vocación más marcada de singularidad estética. Ese cambio no expulsa a Disney del tablero, pero sí le obliga a competir en un terreno menos cómodo.

También hay un componente simbólico que conviene leer con calma. Encanto fue, hasta ahora, la última victoria de la casa en esta categoría. Y desde entonces la estatuilla ha servido para premiar la diversidad formal de la animación contemporánea.

Zootrópolis 2
Imagen promocional de ‘Zootrópolis’.

En 2026, además, el triunfo de Las guerreras k-pop añadió una capa extra de significado. Su éxito ha sido leído como un hito para la representación y para la presencia de referentes coreanos y asiáticos en una gran ceremonia de Hollywood. Es decir, los Premios Oscar no solo están cambiando de ganadores; están reflejando una industria cada vez más abierta a otros imaginarios culturales.

Disney, por supuesto, conserva herramientas de sobra para revertir esta narrativa. Tiene músculo financiero, potencia promocional, marcas históricas y una capacidad industrial que casi nadie puede igualar. Pero la fotografía actual resulta elocuente. Mientras sus candidatas observan desde la butaca cómo otros estudios o autores suben al escenario, Hollywood parece estar diciendo algo incómodo pero nítido: el centro de la animación ya no pertenece por derecho natural a una sola compañía.

En los Premios Oscar, al menos por ahora, la corona ha dejado de ser automática. Y eso convierte estas cuatro derrotas consecutivas en algo más profundo que una estadística: las convierte en el retrato de un cambio de era.

TAGS DE ESTA NOTICIA