Por qué tus hijos escuchan esta música: claves para entender el nuevo underground español

Del trap al nuevo pop urbano alternativo de Bon Calso, Leïti Sène, MVRK, Juicy Bae y Cutemobb: así es el nuevo underground español

MVRK - Cultura
Una fotografía de archivo del artista MVRK.
RNE

Durante años, muchos adultos llamaron trap a cualquier canción joven que tuviera autotune, base electrónica y una forma de cantar que no se parecía ni al pop de radio ni al rap clásico. Era una manera rápida de ordenar algo que, en realidad, ya se estaba moviendo en varias direcciones a la vez. Hoy, esa etiqueta se queda pequeña. La música underground en España ha dejado de ser un cajón oscuro para convertirse en una escena amplia, cambiante y cada vez más influyente. Ahí entran nombres como Bon Calso, MVRK, John Pollon, C. Marí, D. Valentino, Leïti Sène, Juicy Bae o parte del universo Cutemobb, con la irrupción de Nico como mejor ejemplo.

No todos hacen lo mismo. No todos suenan igual. Y quizá ahí está la clave. La música underground en España ya no funciona como un género cerrado, sino como una forma de mezclar códigos: rap, reguetón, pop, electrónica, R&B, indie, bedroom pop, sonidos latinos, estética de club, letras íntimas y una manera de contar la vida joven sin pedir permiso a la industria tradicional.

No es solo trap, aunque proceda de ahí

Para entender la música underground en España, conviene empezar por una idea sencilla: muchos de estos artistas son hijos del trap, pero no viven ya dentro del trap. El trap español de mediados de la década pasada abrió la puerta a otra forma de cantar, producir y presentarse. Rompió con el canon del rap más purista y normalizó el autotune, la crudeza emocional, la estética de barrio, el lujo imaginado, la precariedad real y el lenguaje de internet.

Pero la escena actual ha mutado. Bon Calso, por ejemplo, puede partir del urbano, pero su música se acerca muchas veces al pop emocional, al rap melódico y a una sensibilidad más confesional. MVRK se mueve en un territorio donde caben el reguetón, la electrónica y la canción pegadiza de vocación generacional. LOS40 lo incluyó en 2024 entre “los 15 rostros de la nueva escena urbana española”, junto a otros nombres como John Pollon, C. Marí o el mencionado Bon Calso. Una señal clara de que aquello que antes parecía marginal ya empieza a tener lectura de escena.

La música underground en España no se entiende por pureza, sino por mezcla. Un tema puede sonar a reguetón, pero no estar pensado para una discoteca comercial. Puede tener una base electrónica, pero no pertenecer exactamente al techno. Puede tener versos de rap, pero no buscar la competición lírica del hip hop clásico. Es música hecha desde el cruce, desde la impureza y desde una libertad que muchas veces desconcierta a quien necesita etiquetas claras.

La música de una generación que no separa géneros

Una de las grandes diferencias entre esta escena y las generaciones anteriores está en la forma de escuchar. Muchos padres crecieron con fronteras más marcadas: rock, pop, heavy, punk, rap, electrónica. Cada género tenía su estética, su tribu, sus códigos y hasta su forma de vestir. Ahora todo eso se ha mezclado. Un mismo oyente puede pasar de Rosalía a Yung Beef, de Bad Gyal a Bon Calso, de Leïti Sène a Ralphie Choo, de Juicy Bae a un tema de reguetón viejo o a una canción japonesa descubierta en TikTok.

Por eso la música underground en España no se puede explicar solo desde el sonido. Hay que explicarla también desde la forma de consumir cultura. Son canciones que circulan en playlists, clips, stories, reels, vídeos de conciertos, memes, edits y recomendaciones entre amigos. A veces un artista no crece por sonar en la radio, sino porque una frase se vuelve reconocible, porque una estética conecta o porque una comunidad pequeña lo empuja hasta convertirlo en algo mayor.

En esa lógica, Cutemobb ocupa un lugar importante. Más que una simple suma de artistas, funciona como una constelación estética. Leïti Sène y Nico representan muy bien esa idea: música, moda, actitud, ciudad, deseo, noche, códigos visuales y una forma de entender la identidad como algo móvil. Leïti ha anunciado para 2026 una gira española vinculada a su proyecto SENE KOR SENE, descrito desde su entorno como un trabajo sobre el poder personal, la autoestima y la transformación de las experiencias.

Letras íntimas, pose callejera y mucha vulnerabilidad

A simple vista, esta música puede parecer chulería. Y muchas veces lo es. Hay pose, hay vacile, hay deseo, hay fiesta, hay estética de exceso y hay una relación evidente con el imaginario urbano. Pero quedarse solo ahí sería entender la mitad. La música underground en España también está llena de ansiedad, soledad, desamor, inseguridad, heridas familiares, cansancio, euforia de fin de semana y bajón de lunes por la mañana.

Esa mezcla entre dureza y fragilidad es una de sus marcas generacionales. Los artistas pueden hablar de dinero, ropa, noche o sexo. Pero también de sentirse perdidos, de no saber quererse, de relaciones tóxicas, de ambición, de culpa o de vacío. El resultado es una música que a muchos adultos les puede sonar fría por el autotune, pero que para sus oyentes funciona justo al revés: como una forma de sinceridad emocional.

Bon Calso es un buen ejemplo de esa tensión. Su público no conecta solo con un sonido, sino con una manera de narrar estados de ánimo. En crónicas recientes sobre sus conciertos se le ha definido como uno de los nombres destacados de la música underground y se ha subrayado la conexión emocional que genera con sus seguidores, especialmente alrededor de su proyecto Número 7. Ahí hay una pista importante: para muchos jóvenes, estas canciones no son ruido ni moda pasajera. Son memoria sentimental.

También hay mujeres: Juicy Bae y la ruptura de etiquetas

Hablar de música underground en España solo con hombres sería contar la escena torcida. Juicy Bae es uno de los nombres esenciales para ampliar el mapa. La artista sevillana lleva años moviéndose entre el trap, el R&B, el pop urbano, el reguetón, la canción melódica y una sensibilidad muy propia. En una entrevista con Mondo Sonoro, su música reciente se describía como una mezcla entre melodía y rap, con variantes de reguetón, pop-R&B, baladas minimalistas, freestyles sobre dream cloud, guitarras y momentos de hip hop noventero. Ella misma hablaba de un “disco pop a mi manera”.

Esa frase sirve casi como definición de toda la escena: hacerlo “a mi manera”. Juicy Bae no encaja bien en una sola categoría porque precisamente su valor está en romperlas. En otra entrevista, la artista explicaba que venía de estar muy metida en el trap y en lo urbano, pero que su nuevo trabajo le servía para romper barreras y presentarse, por encima de todo, como artista.

La música underground en España
Bad Gyal en un concierto.
EFE/Quique García

Su presencia también permite recordar algo obvio: las mujeres no son una nota al pie en esta historia. Artistas como Juicy Bae, Albany, LaBlackie, Mushkaa, Julieta o Bad Gyalcada una desde lugares distintos y con niveles diferentes de exposición— han ayudado a ensanchar la música urbana y alternativa en castellano, catalán o spanglish. Algunas están más cerca del mainstream; otras, del underground. Pero todas han contribuido a romper la idea de que esta escena es solo un club masculino de chavales con sudadera y mirada seria.

Por qué conecta con los jóvenes

La música underground en España conecta porque habla el idioma emocional de una generación que ha crecido entre crisis, redes sociales, precariedad, hiperconexión y una idea bastante frágil del futuro. No siempre lo hace de forma explícita. No suele levantar pancartas ni escribir canciones protesta al modo clásico. Su política, cuando existe, aparece en los cuerpos, en las formas de vida, en la mezcla de acentos, en la ropa, en la noche, en las relaciones, en la identidad y en la manera de ocupar espacios que antes parecían reservados a otros.

También conecta porque no exige solemnidad. Puede ser profunda y absurda al mismo tiempo; hablar de tristeza con una base bailable; sonar a fiesta y esconder una herida, o ser irónica, sentimental, hortera, elegante, sucia y sofisticada en tres minutos. Esa contradicción no es un defecto: es exactamente el punto.

Para un adulto, quizá la puerta de entrada sea dejar de preguntarse “¿pero esto qué es?” y empezar por otra pregunta: “¿qué está contando esta música sobre quienes la escuchan?”. Ahí cambia todo. La música underground en España habla de jóvenes que no se reconocen del todo en el pop tradicional, pero tampoco en el rap clásico; que han heredado el trap, pero no quieren quedarse encerrados en él; que consumen cultura sin jerarquías y que pueden encontrar emoción en una melodía procesada, en una base rota o en una frase aparentemente simple.

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