Sacar un 2,92% de los votos en Aragón fue un varapalo sin paliativos para los partidos de Sumar; para Podemos lo fue anotarse un 0,9%. El 15-M, escasas semanas después, la izquierda a la izquierda del PSOE se hundió en Castilla y León , hasta el punto de que el resultado de los de Yolanda Díaz y la formación de Ione Belarra apenas juntaron el 2,97% de los votos.
Distintos dirigentes de estos partidos han tirado de adjetivos -“Malo”, “duro”, “nefasto”, “catastrófico”- para ilustrar la magnitud de la catástrofe, mientras desde el cuartel general del Partido Socialista admitían su “preocupación” por una deriva que estos partidos no logran revertir.
Pese a que el candidato del PP, Alfonso Fernández Mañueco, ha multiplicado por tres su distancia con Carlos Martínez y le ha sacado tres escaños, los socialistas saben que pueden respirar aliviados. El resultado del todavía alcalde de Soria es el único del que pueden presumir después de las dolorosas derrotas en Extremadura y Aragón. Por más que PP y Vox crezcan -la formación ultraderechista lo hace menos de lo esperado-, el PSOE ha capitalizado parte del voto que perdieron las izquierdas, y ha hecho lo posible para movilizar tirando del “no a la guerra”.
La portavoz del partido, Montse Mínguez, felicitó este lunes a Martínez “por la mejora en los votos y en los escaños”, y aseguró que el éxito del candidato en Castilla y León no tiene que ver con que sea percibido como “no sanchista”. Esto es: como un perfil alejado de la estrategia del líder socialista y jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez.
“Si hubiera ido mal, [la explicación] hubiera sido, que, como es sanchista…”, aseguran fuentes de la dirección federal. Deslizan que el relevo de Martínez a Luis Tudanca tuvo lugar durante la etapa de Santos Cerdán como secretario de Organización, hoy investigado por presunta corrupción y fuera del partido.
E inciden en que la proximidad con el discurso o la retórica de Ferraz no son los factores que determinan el éxito o fracaso en una cita con las urnas. “El presidente es de largo quien más moviliza“, presumían fuentes de la cúpula socialista hace escasas semanas.
También recuerdan que el candidato extremeño, Miguel Ángel Gallardo, fue alcalde de su ciudad (Villanueva de la Serena), y en su día también se permitió criticar algunas decisiones de la cúpula de Sánchez -como hiciera Martínez-. En esta ocasión, sostienen que han ido mucho más allá de salvar los muebles: sus propias encuestas vaticinaban que obtendrían entre 26 y 29 escaños, y han logrado 30 procuradores. Ellos mismos se habían marcado el reto de empatar con Mañueco, y desde el territorio llegaban incluso a pronosticar que serían la candidatura más votada. Con todo, la lectura compartida es que han superado esta prueba.

La sangría de votos a su izquierda impediría revalidar La Moncloa
Una cuestión más difícil de obviar para el PSOE, entre las que más preocupan y desesperan, es que el bloque progresista no deja de menguar por su izquierda. Mientras PP y Vox logran más votos -Vox duplicó resultados en Extremadura y Aragón-, el espacio de los partidos de Sumar, que cuenta con cinco ministros en el Gobierno, se desangra.
Extremadura fue un oasis para este espacio, pero sus dirigentes reconocen que el crecimiento de la candidatura de Irene de Miguel -Podemos e IU- obedece a su trabajo continuado en el territorio. A que ha logrado construir un sujeto político propio, que va mucho más allá de las siglas de los partidos que lo vertebran. Y el partido de Díaz, Movimiento Sumar -casi sin implantación territorial- ni siquiera participó en esta cita, y por ello no puede apuntarse este tanto.
Las alarmas llevan tiempo sonando en el cuartel general de Ferraz. Tienen muy presente que, incluso aunque el PSOE aguante el tipo sin perder apoyos en unas generales, será imposible mantener La Moncloa si a su izquierda hay un agujero que no deja de agrandarse. Esa sima, que aspiraban a ir cerrando tras la decisión de Yolanda Díaz de no postularse a la reelección, se hizo más profunda en Castilla y León. Y la izquierda a la que representan los partidos de Sumar, como Podemos, se extinguió en las Cortes.
Dirigentes socialistas sostienen habitualmente que deben “ser muy cuidadosos” con la vida orgánica de sus socios. Llaman a “no interferir” en las dinámicas de las fuerzas a su izquierda, hoy volcadas en reeditar su unión -sin Podemos-. Este lunes, sin embargo, desde la sede de Ferraz, les recetaban “reflexión”. Otros dirigentes iban a más, y plantearon que su tarea pasa por reconstruir desde los cimientos.

“La segunda retirada de Díaz es para que se activen los Juegos del Hambre”
Dirigentes socialistas argumentan que, de producirse hoy las elecciones generales, el PSOE saldría “con fuerza” de las urnas. “Sobrevivirá a las elecciones que vengan”. El problema es que no lograrían reeditar una mayoría de investidura, dado el derrumbe de los partidos de Sumar. Y esta convicción suele ser motivo de enfado incluso entre ministros socialistas, que manifiestan abiertamente su impotencia.
“Están administrando un fracaso desde las elecciones europeas [2024]”, diagnostica un dirigente. Fue en julio cuando Díaz renunció al liderazgo orgánico de su partido, cuestionada por el pobre resultado en estos comicios: apenas lograron tres escaños, seguidos de cerca por Podemos (dos eurodiputadas).
A finales de febrero, cuando Díaz anunció que no liderará ninguna lista en las próximas generales, propició que empezasen a “configurarse los nuevos liderazgos”. “La segunda retirada de Yolanda Díaz es para que se activen los Juegos del Hambre”, apunta el mismo dirigente. La dificultad es que hoy por hoy en esos Juegos del Hambre de la izquierda, “no hay una Jennifer Lawrence [la actriz que da vida a la adaptación cinematográfica de esta saga]”.
Nombres como el del ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, han sonado para suceder a Díaz, pero él mismo se ha descartado de esta carrera. El acto para vender el rearme de los partidos de Sumar, el 21-F, o la llamada a la unidad de la izquierda de Gabriel Rufián (ERC) han removido el avispero y fomentado el debate, pero aún están lejos de poder cerrar esta etapa. En citas como la del 15-M, los socialistas aprecian que esta situación de zozobra es particularmente evidente: “Ellos mismos han incentivado el voto útil contra nosotros”.
A esto se une la división con Podemos, que, a juicio de una dirigente con galones, “cree que le va mejor en la oposición”, y por ello está dispuesto a concurrir en solitario. El primer interlocutor cree que, utilizando sus plataformas mediáticas como altavoz, los morados podrían aspirar a influir en un nuevo sujeto político que les garantizara espacio en sus listas, para después prestarse a la reconciliación. Él mismo admite que es improbable que esto ocurra. “El único camino es la refundación colectiva, renunciar a los egos. No sumar los restos, sino aportar algo nuevo”. Un ministro repite a menudo que los “odios” cruzados casi imposibilitan el entendimiento.

Dirigentes piden dejar atrás los “dramas”
Más allá de admitir la crudeza de los números cosechados, ni en los partidos de Sumar ni en las filas moradas han presentado un diagnóstico claro sobre qué ha fallado y qué toca corregir. Y recuerdan que, si suman los apoyos cosechados el domingo, ni siquiera yendo juntos habrían logrado escaño. Otra cosa es, como apuntaba una dirigente, que al unirse hubieran favorecido un clima distinto, que hiciera su proyecto más atractivo y les permitiera lograr más votos.
“Sin dramas. Era una opción probable y una lástima, pero ya”, zanja un dirigente de los partidos de Sumar sobre Castilla y León. El mismo que recuerda que su hoja de ruta “está definida”, sin que corresponda hoy revisarla. Y que, en la próxima cita con las urnas, en Andalucía -aún sin fecha-, sus números son mucho más optimistas. Los del PSOE, sin embargo, vaticinan que es María Jesús Montero quien tendrá difícil encontrar la salida del laberinto.
