Inversión

Dividendos del Ibex con fuerza para proteger la cartera en plena tormenta bursátil

Las empresas del Ibex refuerzan el retorno al accionista en un mercado más volátil

Los inversores llevaban meses ignorando el ruido. La guerra en Oriente Próximo, el petróleo al alza, el riesgo de un nuevo shock energético, la inflación que se resiste a desaparecer. Todo vuelve a colarse en las cotizaciones. Cuando Los precios caen y los pagos se mantienen, la rentabilidad por dividendo sube. Un pago de 0,68 euros por acción resulta más atractivo si la cotización retrocede un 10% o un 15%.

En el caso del Ibex, la caída del 7% desde los máximos históricos ha hecho que el rendimiento medio del selectivo español vaya a alcanzar el 4% en 2026, frente al 3,22% que ofrecía tras el fuerte rally de 2025.

Y no es solo una cuestión de precios más bajos. Las previsiones de pago por acción de las compañías han aumentado un 14% en apenas dos meses.

El aumento de las previsiones de dividendo coincide además con un cambio más amplio en el comportamiento del mercado. El estratega jefe de renta variable de Julius Baer, Mathieu Racheter, lo interpreta como un giro en el liderazgo bursátil: “tras un periodo prolongado en el que los sectores de la llamada nueva economía dominaron el rendimiento bursátil, los inversores se han vuelto más cautos”, explica.

La Bolsa española encaja especialmente bien en ese patrón. El Ibex está dominado por compañías intensivas en capital y con fuerte generación de caja. Energía y utilities concentran buena parte del índice.

Dividendos altos con flujos de caja estables

El resultado es un flujo de pagos que empieza a adquirir dimensiones históricas. Las grandes energéticas españolas han comprometido cerca de 36.000 millones de euros en dividendos y recompras de acciones hasta 2028.

Iberdrola lidera ese esfuerzo con claridad. La eléctrica ha diseñado un plan de distribución cercano a los 20.000 millones de euros entre 2025 y 2028. Con cargo a los resultados de 2025 el dividendo alcanzará los 0,68 euros por acción, lo que supone un incremento cercano al 6% respecto al ejercicio anterior. A los precios actuales de mercado, la rentabilidad por dividendo se sitúa alrededor del 3%, una cifra moderada en términos absolutos, pero respaldada por una trayectoria de crecimiento constante.

Endesa juega en otro registro. Su política de retribución es más directa y ofrece uno de las rentabilidades más atractivas del sector eléctrico europeo. La compañía ha elevado el dividendo total hasta 1,58 euros por título, lo que implica un incremento cercano al 20% respecto al ejercicio anterior. Con las cotizaciones actuales, esa remuneración se traduce en una rentabilidad por dividendo del 6,5%.

Naturgy se mueve en un punto intermedio entre ambas estrategias. La gasista ha optado por un sistema de reparto que garantiza un aumento progresivo del dividendo en los próximos años. El objetivo fijado para 2026 se sitúa en 1,8 euros por acción, tras los 1,7 euros previstos para 2025. Ese compromiso coloca su rentabilidad por dividendo cerca del 6,8%.

El mismo patrón se repite en las infraestructuras energéticas. Redeia y Enagás operan negocios regulados con flujos de caja estables y políticas de reparto muy previsibles. En el caso de Redeia, el dividendo es de alrededor de un euro por acción y ofrece una rentabilidad cercana al 5%.

En opinión de Javier Molina, de eToro, “las empresas energéticas españolas mantienen balances sólidos, dividendos elevados y crecimientos sectoriales rítmicos”. El sector cerró 2025 con balances saneados y ratios de endeudamiento contenidos. En las utilities integradas la deuda media se mueve entre dos y dos veces y media el EBITDA. Ese equilibrio permite sostener rentabilidades por dividendo en la franja del 6% al 7%.

Ese perfil explica por qué compañías como Iberdrola, Endesa, Redeia o Enagás suelen aparecer en las carteras defensivas cuando el mercado se vuelve más nervioso.

El repunte del petróleo introduce además una variable adicional en esta estrategia defensiva. En el mercado español, el valor que mejor canaliza ese movimiento es Repsol. El grupo que dirige Josu Jon Imaz ha comprometido entre el 30% y el 40% de su flujo de caja operativo a dividendos y recompras dentro de su plan estratégico hasta 2028. Solo en 2026 prevé distribuir alrededor de 1.900 millones de euros entre ambas vías.

Ese compromiso se traduce también en un dividendo creciente. Con cargo a los resultados de 2025 la compañía mantiene un pago de 0,90 euros por acción repartido en dos repartos en efectivo. A los precios actuales de mercado, esa remuneración implica una rentabilidad cercana al 4%.

Sin embargo, el flujo de dinero destinado a dividendos no se limita al sector energético. La banca española atraviesa uno de los momentos más rentables de la última década. No es un sector defensivo en sentido estricto. Su negocio sigue estrechamente ligado al ciclo económico, a la evolución del crédito y a la trayectoria de los tipos de interés. Pero en la fase actual del ciclo financiero mantiene una fortaleza que se refleja directamente en la remuneración al accionista.

El dividendo convierte a más sectores en refugio bursátil

En este caso, las seis entidades cotizadas repartirán más de 10.500 millones de euros en dividendos entre marzo y junio con cargo a los beneficios récord de 2025. El impulso procede de unos márgenes todavía elevados tras el ciclo de subidas de tipos del Banco Central Europeo y de balances que han reforzado sus niveles de capital en los últimos años.

BBVA lidera ese flujo de pagos con un dividendo total de 0,92 euros por acción con cargo al último ejercicio, un 31% más que el año anterior. CaixaBank distribuirá unos 2.300 millones de euros con su dividendo complementario de 0,332 euros por título y mantiene un payout situado entre el 50% y el 60% del beneficio. Santander conserva también un compromiso de reparto del 50% y elevará el dividendo total hasta 0,24 euros por acción.

El caso de Sabadell añade un elemento extraordinario. La venta de su filial británica TSB a Santander generará un dividendo adicional cercano a 0,50 euros por acción. Una remuneración que dispara temporalmente su rentabilidad por dividendo a niveles inusuales dentro del sector.

El Ibex suma además otros perfiles defensivos menos evidentes. Indra se ha convertido en uno de los grandes beneficiarios del aumento del gasto en defensa en Europa. La compañía registró un crecimiento del 37% de su división de defensa en el último trimestre y mantiene una cartera de pedidos superior a 16.000 millones de euros. Las socimis Merlin Properties y Colonial aportan otro tipo de estabilidad. Sus ingresos proceden de alquileres a largo plazo y mantienen descuentos relevantes frente al valor de sus activos.

Ese flujo constante de caja explica por qué, en momentos de volatilidad, el dinero suele regresar a los mismos nombres del Ibex.

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