Legado

Mujeres anónimas y heroínas: la exposición que muestra el papel de España en el nacimiento de EE UU

La muestra itinerante "250 años. Españoles en el nacimiento de una nación’" recupera el papel de las mujeres en la América española durante la Guerra de Independencia

Una imagen que recuerda a Rafaela Herrera, "la artillera".
Recreación IA/Copilot.

La historia de la independencia de Estados Unidos suele centrarse en los debates políticos de las Trece Colonias, en los congresos continentales y en las batallas del noreste. Sin embargo, en los territorios bajo dominio español -desde California hasta Florida, pasando por Luisiana y el norte del virreinato de Nueva España- existe otra historia que ha sido invisibilizada y que tuvo como protagonistas a mujeres españolas que sostuvieron la vida, la defensa y la permanencia en regiones estratégicas para frenar el avance británico.

Así lo recuerda una muestra itinerante que organiza el Instituto de Historia y Cultura Militar en Madrid  y que recorrerá España este año bajo el título: “250 años. Españoles en el nacimiento de una nación”. Hará su primera parada en Málaga, por la vinculación histórica de la familia Gálvez con la ciudad para después seguir en Valencia, Barcelona y Menorca. En paralelo a estas ciudades estará en Tenerife, Las Palmas, Fuerteventura y Lanzarote. Será en el segundo semestre cuando llegue a Madrid, y los organizadores trabajan ya para que esté también presente en Bilbao, Sevilla, La Coruña y Ceuta. Su misión: recodar en el 250 aniversario de la declaración de independencia de EE UU que España fue clave gracias a miles de mujeres anónimas y heroínas cuyo papel quedó sepultado.

Buscan llegar a todo tipo de público y, sobre todo, a los más jóvenes y despertarles su curiosidad. “Si alguien vuelve a casa y busca quiénes fueron estas mujeres, habremos cumplido nuestro objetivo”, afirma el comisario de la exposición itinerante, el Teniente coronel en la reserva, José Antonio Cuevas. Y es que, la exposición no pretende reescribir nada, sino mostrar lo que ya está estudiado y que, sin embargo, ha pasado desapercibido. “Queremos crear afición por la historia. No venimos a dar lecciones, sino a enseñar lo que ya existe y que nadie conoce”.

 

Una de las imágenes de la exposición que recuerda a Las Floridanas.
Cedida.

 

La exposición se estructura por territorios -California, el norte del virreinato de Nueva España, Luisiana y las dos Floridas- porque cada uno vivió el conflicto de manera distinta. Pero en todos aparece un patrón común: las mujeres eran las que permanecían. Mientras los hombres iban y venían -campañas, traslados, misiones, expediciones-, ellas sostenían la vida cotidiana: la familia, la economía doméstica, la comunidad. Sin esa permanencia la ocupación española no habría sido estable.

La Constitución de 1812 hablaba de “los españoles de ambos hemisferios”. Y esas españolas del otro hemisferio fueron esenciales para que la presencia española en América del Norte fuera real y duradera.

Las mujeres que influyeron en la Corona

La muestra recoge varias historias entre ellas, dedica un apartado a Las Floridanas, mujeres de Florida -viudas, madres, hermanas e hijas de soldados y colonos- que se trasladaron a La Habana y se organizaron para reclamar pensiones que no llegaban. Pero, lo que empezó como una reivindicación económica se convirtió en algo más: un grupo de presión femenino que llegó a tener peso político. Tanto, que acabó siendo una especie de lobby hasta el punto de que la Corona consultó sus opiniones para decisiones importantes. Un caso excepcional de agencia femenina en el siglo XVIII que la historia oficial dejó fuera.

También una monja tuvo un papel decisivo en la historia del Imperio. Sor María Jesús de Ágreda, clarisa de un pequeño pueblo de Soria, mantuvo durante décadas una correspondencia constante con el rey Felipe IV a quien escribía desde un monasterio de clausura: se conservan más de 600 cartas en las que la monja ofrecía consejos sobre asuntos políticos, económicos y hasta militares. Sor María Jesús nunca salió del convento, pero su influencia llegó a todos los rincones del Imperio. Sus recomendaciones orientaban la gestión de territorios, la dirección de ejércitos y la organización de políticas y se convirtió en un verdadero punto estratégico de gobernanza, demostrando que el poder podía ejercerse incluso desde la clausura.

Billete de 5 córdobas con el que Nicaragua homenajea a Rafaela Herrera y Sotomayor.

“La artillera”

Rafaela Herrera y Sotomayor, conocida como la “artillera” es una de esas mujeres que pasaron al olvido pero que el Instituto de Historia Militar ha rescatado de nuevo. Nacida en Cartagena de Indias, se trasladó con su familia al fuerte de la Inmaculada Concepción, en el río San Juan, donde su padre estaba a cargo de la defensa. Desde adolescente aprendió a manejar cañones observando a su padre. Y, cuando los ingleses atacaron y su padre murió, Rafaela tomó el mando del segundo oficial dubitativo: “Quítate, déjame a mí. Yo esto lo sé manejar”, le debió decir entonces.  Ella misma disparó al general inglés y a su Estado Mayor, y durante tres días mantuvo el fuego de artillería que obligó a los atacantes a retirarse. “Su decisión y pericia fueron fundamentales para mantener la fortaleza”, recuerda el comisario de la muestra. Después, Rafaela se casó, tuvo cinco hijos, dos con discapacidad, enviudó y pasó años en la pobreza. Más tarde, Matías de Gálvez solicitó para ella una pensión que el rey Carlos III le concedió. Hoy, Rafaela es heroína nacional en Nicaragua y aparece en billetes de 5 y 20 córdobas. “¿Cómo pagamos con desprecio una vida de servicio como la de esta señora?”, se pregunta Cuevas.

La defensa de los presidios

La exposición dedica también un espacio a esas mujeres anónimas que sostuvieron los presidios -los puestos militares que articulaban la presencia española en territorios inmensos- cuando los soldados estaban ausentes, que era la mayor parte del tiempo. Ellas se encargaban de mantener la vida en marcha: cuidaban los caballos, gestionaban los suministros, organizaban el correo, atendían a los enfermos y, llegado el caso, defendían el fuerte. No dejaron cartas ni diarios. No conocemos sus nombres. Pero su huella está en los archivos: en las listas de raciones, en los partes de servicio, en las menciones dispersas que confirman que, sin ellas, esos presidios no habrían resistido. Su papel fue tan decisivo como invisible. “La mujer es la que ocupa el territorio. Si ellas no hubieran estado allí, la presencia española habría sido temporal. Con ellas, se asentaron comunidades que hicieron posible todo lo demás”, explica.

La exposición no busca polémica ni relecturas forzadas. Su propósito es divulgativo: mostrar lo que ya está estudiado, lo que los historiadores conocen desde hace décadas pero nunca ha llegado al gran público. Y recordar que la historia de España en América del Norte no puede entenderse sin ellas, sin las mujeres.