Conferencia de Seguridad de Múnich

El elefante que todo lo arrasa: Donald Trump y su amenaza al orden mundial

Entre los desafíos y retos existentes, hay uno principal: el presidente de EE UU. Es el paquidermo desestabilizador por excelencia que no hace sino destruir aquello que encuentra a su paso. En su caso: el orden mundial establecido

Múnich
Policías frente a la sede de la Conferencia de Seguridad de Múnich
Efe

Durante este fin de semana se celebrará la Conferencia de Seguridad de Múnich (CSM) que tiene lugar cada año en febrero. El encuentro se desarrollará, como en ediciones anteriores, en el hotel Bayerischer Hof, así como en el Rosewood Munich. Hasta allí acudirán –ente otros– jefes de Estado, ministros, altos representantes de organizaciones internacionales, empresarios, medios de comunicación y miembros de la sociedad civil. Más de 400 participantes procedentes de una amplia variedad de países se desplazarán a la capital del Estado federado de Baviera con el propósito de debatir acerca de los desafíos existentes en materia de política exterior y seguridad internacional. Se trata del foro independiente más relevante en su ámbito y su compromiso radica en “fomentar la confianza y contribuir a la resolución pacífica de conflictos”. De hecho, su lema es “peace through dialogue” (paz a través del diálogo).

Qué es la Conferencia de Seguridad de Múnich (CSM)

La CSM fue fundada a comienzos de la década de 1960 por Ewald-Heinrich von Kleist-Schmenzin, miembro de la Resistencia alemana contra el nazismo y último superviviente del atentado fallido diseñado para asesinar a Adolf Hitler el 20 de julio de 1944. Su fundador -consciente de la rivalidad existente en aquel momento entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética- abogó por la creación de un mecanismo que apostara por la diplomacia y el acercamiento. Así, el citado foro se configuró, en su origen, como un espacio destinado a fomentar el diálogo transatlántico. La primera sesión, celebrada en 1963, contó con la presencia de Helmut Schmidt (quien más tarde sería el futuro canciller de Alemania) y Henry Kissinger (posteriormente secretario de Estado de Estados Unidos). Con el paso del tiempo, la CSM se ha consolidado como un punto de encuentro clave para personalidades relevantes y expertos que discuten sobre los principales retos en materia de seguridad internacional. En este sentido, la edición del año pasado estuvo marcada por la guerra de Ucrania.

Ucrania
La delegación de Ucrania se reunió con la de EE UU en Múnich, Alemania, en un tenso encuentro
Efe

Con el motor prácticamente en marcha para dar comienzo a la 62ª edición, la CSM -también conocida como el “Davos de la Seguridad”- ha alertado en su informe anual de que la comunidad internacional afronta un momento particularmente incierto. En especial, avisa a Europa de que se halla ante una “prolongada era de confrontación” como consecuencia, principalmente, de la guerra de agresión rusa y sus acciones híbridas que, según parece, estarían erosionando el orden de seguridad emergido tras la Guerra Fría. Más allá de esta importante constatación, el documento incide en que la clave de la inestabilidad actual descansa sobre un hecho crucial: el giro brusco de timón que Estados Unidos ha imprimido en su política exterior. Un drástico viraje que ha materializado la administración actual en apenas un año de mandato y que se caracteriza no sólo por distanciarse de sus aliados tradicionales, sino también por cuestionar el orden jurídico internacional que el propio país contribuyó a forjar al término de la Segunda Guerra Mundial.

Trump contra el orden mundial establecido

Resulta tremendamente significativa la imagen empleada al inicio del informe, así como en el vídeo de presentación difundido por la CSM. Se trata de un elefante que, en el caso de la grabación, aparece varias veces en escena. Algo similar sucede con Donald Trump que también figura en repetidas ocasiones. Los mensajes se suceden, pero hay uno que sobresale: “it is time to address the elephants in the room” (es hora de confrontar a los elefantes de la habitación). Es, en definitiva, el momento de abordar los problemas que todos ven, pero nadie comenta. El extenso documento emitido por la CSM también lo corrobora al advertir que, entre los desafíos y retos existente, hay uno principal: Donald Trump. Es, podría decirse, el paquidermo desestabilizador por excelencia que no hace sino destruir aquello que encuentra a su paso; en su caso: el orden mundial establecido.

La carta blanca de Washington a Moscú

El presidente Donald Trump es mencionado hasta 214 veces en el informe de la CSM. A lo largo del mismo, se enfatiza cómo la falta de respaldo por parte del mandatario norteamericano al sistema legal internacional -arraigado desde hace décadas- está afectando a Europa, un continente sacudido por la guerra que Rusia mantiene con Ucrania y que, al mismo tiempo, contempla con estupor -y bajo una parálisis difícil de justificar- cómo Washington parece haber dado carta blanca a Moscú. Se incide también en los enérgicos mensajes provenientes -semanas atrás- de la Casa Blanca en torno a Groenlandia mediante los cuales manifestó un interés desmedido por hacerse con el control total de la isla. Asia tampoco ha quedado al margen de los dardos envenenados de Donald Trump. Sus provocaciones y amenazas, a menudo en forma de aranceles excesivos, han llevado a algunos países de la zona a aproximarse a China. En definitiva, la actitud zigzagueante de Estados Unidos los ha impulsado a acercarse al gigante asiático que, en contraste con Washington, sigue una trayectoria firme y nada vacilante.

Donald Trump camina hacia la Casa Blanca
EFE/EPA/SAMUEL CORUM

Lo anterior debe conjugarse junto a otros hechos igualmente controvertidos como la operación militar estadounidense ejecutada en territorio venezolano para retirar del poder a Nicolás Maduro. A través de esta acción, han sido violentados principios esenciales del Derecho Internacional. A su vez, se advierte que el continente americano se encuentra sometido a una fuerte presión, circunstancia que se manifiesta en sus tensas relaciones con –por ejemplo– Colombia y Cuba; objeto, ambos países, de un claro hostigamiento. Oriente Medio atraviesa una situación similar. Primero, en la Franja de Gaza, donde se ha auspiciado un plan que atenta a todas luces conta la referida normativa. Posteriormente, en Irán, donde Donald Trump ha aprovechado la magnitud de los ataques sistemáticos del gobierno contra su población para justificar una posible intervención en la región. La fiereza de sus maniobras y el desapego que demuestra hacia el orden jurídico internacional son, sin duda, trasladables al ámbito interno, particularmente a las políticas migratorias que entrañan una violación de los derechos más básicos de los individuos.

Trump, el hilo conductor de Múnich

Más allá del tablero geopolítico en el que Estados Unidos, bajo la Administración de Donald Trump, pretende dejar una profunda huella moldeando los conflictos y desafíos de acuerdo con sus propios intereses, cobra interés mencionar su aproximación con respecto al orden mundial que ha imperado durante largas décadas. Así, por ejemplo, se ha producido la salida de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud. Asimismo, el líder norteamericano ha orquestado despiadadas críticas a –entre otras– la Organización del Atlántico Norte y a la Organización Mundial del Comercio. Además, ha retirado la firma de tratados relevantes como el Acuerdo de París sobre el cambio climático. No ha perdido la oportunidad de criticar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, calificándolos de “proyectos globalistas”. Todo ello, a tenor del informe de la CSM, evidencia la firme determinación del referido dirigente de poner fin al triángulo kantiano de la paz consistente en: fortalecer las organizaciones multilaterales; remarcar la importancia de un orden global capaz de generar progreso y paz; y considerar los derechos inalienables de los individuos como parámetros indispensables de referencia.

El presidente de Estados Unidos
EFE

Trump será, sin duda, el hilo conductor de la discusión en Múnich: el elefante más grande de toda una “manada de desafíos” que, lejos de moverse por el orden internacional como si de una cacharrería se tratara, avanza con paso firme, derribando lo que encuentra a su alrededor. Estamos, por lo tanto, ante un cambio de paradigma todavía por definir. Ya se vislumbra el abismo al que nos aproximamos; el precipicio asoma bajo nuestros pies. La gran incógnita ahora es saber si la comunidad internacional logrará maniobrar –como sugiere la CSM– con ingenio, evitando que la figura descomunal, imprevisible y destructiva de Donald Trump convierta la escena global en un caos irreparable.

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