Opinión

Lindsey Vonn, la leyenda salvaje

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Desde que la esquiadora estadounidense Lindsey Vonn sufriese una terrible caída 12 segundos después de iniciar su prueba de descenso han surgido todo tipo de opiniones y lecturas sobre lo ocurrido. ¿Temeridad o ejemplo?

Para muchos fue una irresponsabilidad la decisión de la triple medallista olímpica de competir en las condiciones en las que lo hizo, solo nueve días después de sufrir una dura caída en el descenso de Crans Montana, que acabó de romper el cruzado de su rodilla izquierda. La derecha es, ademas, de titanio.

Para otros, Vonn es un ejemplo por no detenerse ante las adversidades y por vivir su carrera como deportista a tope y al límite, sin que ningún riesgo haya sido capaz de frenarla hasta aquella maldita puerta con la que se enganchó en la pista Tofana.

¿Quién establece que es lo admirable?

El mundo del deporte de alta competición es para el aficionado medio un altar en el que poner referentes, ídolos y personas a las que admirar. Pero realmente, ¿quién establece qué es lo admirable? Más allá de los valores indiscutibles que el deporte de alta competición requiere para estar al máximo nivel, como la disciplina, la entrega y el sacrificio, esos mismos valores tienen su propia “cara B”.

Tantos años de disciplina, entrega y sacrificio llevados al extremo provocan un vacío en el deportista cuando se acerca el final de su carrera. No conciben la vida de otra manera y creen que no van a encontrar la felicidad en un escenario nuevo. Eso no es fácil de gestionar. Hay multitud de ejemplos de grandes deportistas que no han sabido parar a tiempo por no saber entender la vida de otra manera.

Lindsey merecía otro final para una carrera de leyenda, seguro, pero quizás ella esté orgullosa de haber terminado de esa forma tan dramática, con esa mezcla de sonidos que cortaba la respiración del espectador entre sus gritos de dolor, el silencio inquietante en la grada que dio paso a los aplausos del público de Cortina mientras el helicóptero, de nuevo, evacuaba a la esquiadora de 41 años. ¿Volvería a tomar la misma decisión sabiendo el final ?

Dr. Ripoll: “Vonn ha sido víctima de su obcecación”

El doctor Ripoll reflexionaba sobre ello estos días. “La libertad del individuo está por encima de cualquier otra consideración, pero se echan de menos mecanismos que impidan competir en unas condiciones en las que su integridad física corría cierto peligro, tal y como desgraciadamente se ha demostrado”. Y fue más allá “Vonn ha sido víctima de su obcecación”.

En esta última reflexión está la clave. No hay más víctima que la propia deportista, que con su decisión de competir en esas condiciones, más allá de demostrar una valentía quizás irresponsable, solo se puso en peligro a sí misma.

El ‘gladiador’ Sanders

En la última edición del Dakar el piloto australiano Daniel Sanders, vencedor el pasado año, se rompió la clavícula y el esternón en una caída en la etapa 10. Decidió continuar y terminar. “Mis padres no criaron a un cobarde, hasta que alguien me saque a rastras de la carrera, no voy a parar” dijo tras conocer su doble fractura. Gladiador, guerrero, héroe… estos calificativos acompañaban los comentarios a la noticia en redes sociales.

Nótense las diferencias respecto al tratamiento de la caída de Lindsey, que casi tuvo que justificar su decisión en sus redes desde el hospital “ lo intente, soñé , salté. Porque el único fracaso en la vida es no intentarlo”.
Reconforta ver que Marc Márquez y Rafa Nadal han usado el emoticono de fuerza para valorar su hazaña bajo el último post de la que fuera Premio Princesa de Asturias en 2019, postrada en la cama tras su tercera intervención quirúrgica.

La esquiadora comparte en sus redes su recuperación desde el hospital
@lindseyvonn

No se si es valiente o cobarde la decisión que tomó Sanders de seguir en el Dakar, ni la de Vonn de tirarse por esa pista con una rodilla rota y la otra de titanio. Pero sí reconozco en ambos una ambición idéntica para enfrentar libremente sus propios desafíos, por encima de lo que opine el mundo exterior, sometidos a una gran presión y a un gran dolor. Por eso son diferentes al resto y también más libres. Eso tiene un valor incalculable.