La astronomía moderna no se podría concebir sin el extraordinario trabajo realizado por muchas mujeres. Aún habiendo tenido un papel fundamental para el avance en la materia, desgraciadamente, y a pesar de sus aportaciones, muchas de ellas han sido olvidadas e ignoradas por el gran público.
Un buen ejemplo de ello es Henrietta Swan Leavitt. Leavitt se graduó a los 24 años en lo que ahora es el Radclife College, una universidad para mujeres asociada a Harvard, en la que se permitía a las mujeres tomar clases con profesores de Harvard, pero sin ser estudiantes plenas de la universidad.
Recordemos que las mujeres comenzaron a ser admitidas en Harvard de forma limitada a finales del siglo XIX.
Posteriormente empezó a trabajar como voluntaria en el Observatorio del Harvard College, donde un grupo de mujeres, llamadas calculadoras, realizaban tareas mecánicas dentro del procesamiento de datos sobre las estrellas. Las Computadoras de Harvard (como eran conocidas estas mujeres), realizaron significativos avances en la clasificación de datos astronómicos.
Edward Charles Pickering (director del Observatorio de Harvard desde 1877 hasta 1919) decidió contratar a mujeres en vez de a hombres por varios motivos. Entre ellos estaba el hecho de que las mujeres en esa época percibían un salario mucho menor que el del hombre. Podía contratar a varias mujeres con el mismo dinero que contrataría a un solo hombre.
Si bien, algunas de las mujeres contratadas por Pickering estaban graduadas en astronomía, su salario era similar al de un trabajador masculino sin estudios ni oficio. No es de extrañar que las calculadoras fueran conocidas como “el Harem de Pickering”.
A principios del siglo XX, Leavitt investigó unas estrellas variables llamadas Cefeidas que variaban de brillo de una forma regular y periódica. Descubrió que las más luminosas cambiaban con un periodo más largo que las menos luminosas, siguiendo una relación de periodo-luminosidad que ella calibró.
Gracias a este descubrimiento, las variables Cefeides se convirtieron en la técnica de medir distancias a galaxias que, posteriormente, permitió demostrar que nuestro Universo de galaxias se expande.
Anteriormente a ello, en 1908, Henrietta había descubierto varias estrellas en la Pequeña Nube de Magallanes. Esta nube estaba llena de Cefeidas, estrellas que varían su brillo hasta en cuatro veces en periodos regulares.
Aunque no fue la primera en descubrir este tipo de estrellas, Henrietta desmostró que existe una relación entre el periodo de variabilidad y brillo de las estrellas. Esto cambió la forma de entender el Universo.
En 1912 se publicó la circular 173 del Harvard College Observatory donde se resumía el trabajo realizado por Henrietta, pero en el mismo no figuraba su nombre. Quién firmó el artículo fue Eward Pickering, invisibilizando así el gran trabajo realizado por Levitt.
Lo mismo ya había sucedido anteriormente pues el artículo publicado tras el descubrimiento por parte de Levitt de la Pequeña nube de Magallanes tampoco fue firmado por ella.
Gracias al trabajo realizado por las Computadoras de Harvard, en 1890 se publicó el primer Catálogo Henry Draper. Este primer catálogo (fue ampliado posteriormente) contaba con más de 10.000 estrellas clasificadas acorde a su espectro. Aunque en esta primera recopilación tuvo un destacado papel la astrónoma escocesa Williamina Fleming, fue Edward C. Pickering quien firmó el mismo.
Henrietta trabajó en el observatorio hasta el último día de su vida y nunca obtuvo el reconocimiento que merecía. Y no fue la única.
El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia también ha de servir para dar visibilidad a todas aquellas mujeres a las que nunca se les reconoció su gran trabajo y han quedado en el olvido. Es nuestra obligación recuperar su figura y darles visibilidad pues ello servirá para demostrar que todas las mujeres pueden prosperar en campos como la ciencia, la tecnología, ingeniería y matemáticas y que las niñas no deben descartar las carreras científicas en su desarrollo académico y profesional.
