Opinión

Sin la tecla correcta

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Aún con resaca electoral y con los “jaleos” varios de la actualidad y el ruido político, continúan las estrategias partidistas y la dificultad de ejercer una gobernabilidad coherente.

Los pasados comicios aragoneses han dejaron un panorama para analizar, en el que el ganador en números no lo ha sido tanto y en el que los perdedores han afianzado su debacle.

Este adelanto electoral no buscaba otra cosa si no una gobernanza más sencilla, con mayor amplitud en cuanto a mayorías y con mayor libertad para ejercerse. La realidad ha mostrado de una manera clara que los aragoneses han apostado por otras opciones que, si miramos a otras comunidades autónomas aún no están funcionando.

Un claro ganador que en lugar de ampliar su mayoría pierde escaños, un Partido Socialista en mínimos históricos y achicharrando a una exministra, un Vox vencedor moral absoluto y un Podemos que ha dejado de existir.

Los números se presumen sencillos en cuanto a aritmética se refiere; a priori la única opción que podría ser viable sería la de un pacto entre PP y VOX, pero estos acuerdos nunca son sencillos.

Jorge Azcón (i) y el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijoó (d), durante un acto de campaña con motivo de las elecciones autonómicas en Aragón este miércoles, en el teatro Olimpia de Huesca.
EFE/ Javier Blasco

Si miramos a la comunidad extremeña vemos como la líder del Partido Popular acaba de anunciar su voluntad de presentarse con su programa de gobierno como candidata a presidenta, mientras que el partido de Abascal ha salido en declaraciones dando un “no” rotundo a mostrar dicho apoyo. Es tanta la lejanía visible que los de verde han perdido la posibilidad de ocupar puestos relevantes en la conformación de la mesa del parlamento extremeño.

La tónica que están marcando los de Abascal es la de forzar la “no negociación”, pidiendo máximos inalcanzables para el PP y aparentemente boicoteando cualquier posibilidad de acuerdo. La historia reciente ha demostrado que la formación verde se ha visto fortalecida cuando ha estado alejada de los gobiernos, de hecho, fue su salida de los gobiernos autonómicos la que propició que volviese a posicionarse y a ascender.

El gobernar lastra y eso parecen saberlo, pero mientras tanto la ciudadanía extremeña y ahora aragonesa seguirán esperando a ver si es posible que se acaben formando opciones válidas para sus gobiernos autonómicos.

Santiago Abascal, Jorge Azcón y María Guardiola.
KiloyCuarto

La primera pregunta que quizás habría que plantearse es si realmente se quiere llegar un acuerdo, puesto que, si la voluntad es que sí se dé, entonces lo primero que debiera hacerse es el sacar de la mesa aquellos puntos en los que no hay ningún margen de acuerdo, para dedicar el tiempo a todos aquellos en los que sí se podría negociar. Esto tan obvio ha dejado de serlos desde hace mucho tiempo.

Un papel más sencillo es que el que representa actualmente el Partido Socialista en esas comunidades autónomas, criticando un posible acuerdo del PP y VOX al mismo tiempo que se niega a sentarte en la mesa de negociación con el Partido Popular para evitar que los de Abascal entren en los gobiernos.

Definitivamente es más sencillo encontrar un enemigo para llenar la agenda de odio mediático que el sentarse y pensar en la ciudadanía haciendo ejercicios de responsabilidad y negociación.

La secretaria general de los socialistas en Aragón, Pilar Alegría, comparece tras conocerse el resultado electoral
La secretaria general de los socialistas en Aragón, Pilar Alegría, comparece tras conocerse el resultado electoral
EP

Los diferentes comicios han evidenciado que el Partido Popular sigue sin encontrar la tecla correcta que haga, que con un discurso favorable se vuelvan a convertir en la primera opción de muchos de los que han migrado a la formación verde. La técnica del adelanto electoral no les está funcionando, debido a que cada vez son más dependientes a pesar de ganar las elecciones, lo cual ha de llevarles a una profunda reflexión.

Veremos si en los siguientes días y semanas la razón impera y aparecen posiciones menos enfrentadas y conciliadoras, porque de otra manera se seguirá alimentando el odio y la división, además del descrédito de una política ya denostada.