Conferencia de Seguridad de Múnich

Estados Unidos y Europa escenifican su divorcio en Múnich

Nuevo orden mundial. Ante la desconfianza de Washington como garante de la seguridad europea, Macron confirma que está debatiendo cómo se podría articular la doctrina nuclear de Francia dentro de un marco europeo más amplio

MAGA
Gorra de béisbol del embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Michael Waltz, con el lema "Hagamos que la ONU vuelva a ser grande"
EFE/EPA/RONALD WITTEK

La Conferencia de Seguridad de Múnich siempre ha sido un lugar donde se ensayaban, reafirmaban y, en ocasiones, cuestionaban educadamente las certezas transatlánticas. Este año, con la asistencia de unos 70 jefes de Estado y de Gobierno, parecía más bien un velatorio. El “elefante en la habitación” no era una zona de guerra ni un tratado en peligro, sino una presidencia. Un año después del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el orden internacional basado en normas con el que creció Europa ya no se da por sentado. En Múnich, muchos hablaron como si ya hubiera terminado.

Hace un año, la conferencia estuvo dominada por la polémica intervención del vicepresidente JD Vance, que acusó a Europa de decadencia moral, excesos progresistas y ataques a la libertad de expresión. Esta vez, Washington envió al secretario de Estado, Marco Rubio, una figura más conciliadora que mostró su disposición a aliviar la presión pública sobre los aliados. Pero el fondo había cambiado. La cuestión ya no era cómo gestionar los desacuerdos dentro de la alianza, sino si la alianza en sí misma podía seguir dándose por sentada.

El canciller alemán, Friedrich Merz, hace un gesto al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio
EFE/EPA/Sean Gallup / POOL

Merz: “Este orden internacional ya no existe”

El diagnóstico más claro vino de Berlín. El canciller alemán Friedrich Merz indicó sin rodeos en la conferencia que se había abierto una “fractura” entre Estados Unidos y Europa. La relación transatlántica no había terminado, pero ya no podía darse por sentada como un reflejo automático de la historia. “El orden internacional está siendo destruido. Este orden ya no existe”, aseveró el canciller germano, quien recordó que las batallas culturales de la América de MAGA, “no son las nuestras”. Porque Europa cree en el libre comercio, los acuerdos climáticos y las instituciones multilaterales. La libertad de expresión termina donde se viola la dignidad humana, aseveró el conservador alemán.

Esa sensación de divergencia -política, estratégica e incluso ética- se extendió a lo largo de toda la conferencia. Estados Unidos insiste en que está reformando un sistema multilateral que se ha vuelto excesivo, irresponsable e injusto para los contribuyentes estadounidenses. Europa oye otra cosa: una superpotencia que se aleja de su papel de garante de la seguridad colectiva. La decisión de última hora de Rubio de no asistir a una reunión clave con los líderes europeos sobre Ucrania fue interpretada en muchas capitales como una prueba más del debilitamiento del compromiso estadounidense, aunque los funcionarios estadounidenses lo negaran.

La Europa “nuclear” de Macron

El presidente francés, Emmanuel Macron, aprovechó Múnich para elevar uno de sus recientes argumentos. Si la antigua arquitectura de seguridad se construyó durante la Guerra Fría, ya no es adecuada para su propósito, Europa debe actualizarla, y rápidamente. Eso incluye conversaciones incómodas que antes se consideraban tabú, sobre todo el papel de la “disuasión nuclear“. Macron confirmó que está debatiendo cómo se podría articular la doctrina nuclear de Francia dentro de un marco europeo más amplio, en diálogo con Merz y otros líderes. Los detalles se darían a conocer en las próximas semanas, avanzó el mandatario galo.

Macron
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, durante su discurso en Múnich
Efe

“Todo el mundo pide a Europa que sea más fuerte, excepto nuestros adversarios y, a veces, de forma menos comprensible, nosotros mismos”, expresó Macron. “Oigo a algunos líderes instar a Ucrania a aceptar su derrota y alabar en exceso a Rusia. Se trata de un enorme error estratégico, porque esa no es la realidad”, continuó el presidente.

Y es que Macron argumentó que, incluso si se lograra la paz en Ucrania, Rusia seguiría siendo una potencia agresiva, lo que obligaría a Europa a definir nuevas reglas de coexistencia respaldadas por una fuerza creíble. En su opinión, esa credibilidad exige invertir en misiles de largo alcance, capacidades de ataque profundo y una mentalidad estratégica de la que Europa ha carecido históricamente. “Este es el momento de la audacia. Europa debe aprender a convertirse en una potencia geopolítica”, manifestó.

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, se expresó en términos similares. Advirtió que Europa necesita una “mentalidad de emergencia” en un mundo cada vez más moldeado por la fuerza bruta y no por normas internacionales compartidas. Según Frederiksen, un continente que no quiera o no pueda protegerse a sí mismo corre el riesgo de perder su relevancia estratégica. Sus palabras cobraron mayor peso en plenas tensiones sobre Groenlandia, aunque describió que las conversaciones que había mantenido con Rubio fueron “constructivas”.

Kaja Kallas
La Alta Representante, Kaja Kallas, en Múncih
Efe

Por su parte, la jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas, ofreció una sombría valoración del sistema internacional. El orden creado para prevenir la guerra está fracasando porque la rendición de cuentas se ha derrumbado. Los Estados se adhieren a normas que se sienten libres de ignorar. En su opinión, una reforma es necesaria, pero no a costa de la igualdad entre los Estados o del vaciamiento de las instituciones destinadas a restringir el poder.

Los funcionarios estadounidenses rechazaron esta idea. El embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, rechazó la idea de un mundo “al borde del abismo” e insistió en que la Administración Trump lo está sacando de allí mediante una diplomacia enérgica y una reforma largamente esperada. A su modo de ver, Estados Unidos ha respaldado el sistema durante décadas y ahora pide a Europa que asuma una parte más justa de la carga. Según Washington, el multilateralismo no se está abandonando, sino renegociando.

Múnich
Friedrich Merz, Emmanuel Macron y Keir Starmer
Efe

“Trump es temporal”

El discurso de otro estadounidense, pero del partido rival de Trump, fue muy duro con la Casa Blanca. El gobernador de California, Gavin Newsom, calificó al magnate republicano como el presidente más destructivo de la historia de Estados Unidos y lo acusó de intentar arrastrar al país de vuelta al siglo XIX. “Trump es temporal”, intentó tranquilizar Newsom a los europeos. Aunque los cambios desencadenados por su regreso al Despacho Oval pueden no serlo.

Esa es la paradoja que acecha a Múnich. El antiguo orden -las garantías de seguridad de Estados Unidos, las suposiciones compartidas sobre las normas y un Occidente en gran medida cooperativo- ya no existe tal y como lo conocía Europa. Aún no está claro qué lo sustituirá. Lo que sí está claro es que el divorcio entre Europa y Estados Unidos, antes impensable, ahora se debate abiertamente. Múnich no ha declarado un nuevo orden mundial. Pero ha confirmado que comienza una nueva era geopolítica.

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