PÓLIPOS UTERINOS

Pólipos uterinos: ¿son peligrosos? Diagnóstico y tratamiento actual

Aunque la sospecha o detección de pólipos uterinos suele generar miedo, no siempre existe riesgo de malignidad

Imagen simbólica del útero

Un diagnóstico de pólipos uterinos puede generar una gran alarma. Cuando el especialista menciona que existe un bulto en la zona, resulta difícil no ponerse en lo peor. No obstante, en la mayoría de casos son formaciones benignas, si bien requieren un seguimiento y, en algunas ocasiones, una intervención sencilla.

Por ello, es importante saber exactamente qué son, dónde se ubican y las vías habituales de tratamiento. La información, en estos casos, puede proporcionar una gran tranquilidad.

Pólipos uterinos, qué son y en qué se diferencian de los cervicales

Útero
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Un pólipo uterino es un crecimiento benigno en el revestimiento interno de la cavidad del útero, llamado endometrio. Se manifiestan especialmente durante el ciclo fértil, causando menstruaciones muy abundantes o sangrados entre ellas. Suelen identificarse mediante una ecografía y procedimientos similares.

Pueden dar pie a la infertilidad, pues el crecimiento impide la implantación del embrión en la cavidad uterina, según indican en la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).

Algunos de los factores que podrían propiciar su surgimiento son algunos fármacos y tratamientos, los antecedentes familiares de síndrome de Lynch o de Cowden (afecciones genéticas hereditarias) o incluso la obesidad, según indica la SEMI.

No tienen exactamente las mismas características que los pólipos cervicales. Estos aparecen en el cérvix, el cuello del útero. Además, son más visibles, pudiéndose localizar en una exploración rutinaria. También pueden extirparse con mayor facilidad, especialmente si son pequeños y accesibles.

Los síntomas de los crecimientos cervicales son el sangrado tras las relaciones sexuales, o bien el flujo vaginal excesivamente amarillento o blanquecino.

Cómo se tratan y cuándo se consideran malignos

Progesterona baja
Imagen simbólica del útero
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En la actualidad, los pólipos uterinos pueden intervenirse mediante procedimientos muy poco invasivos, como la histeroscopia quirúrgica.

Este consiste en la introducción de una cámara diminuta, el histeroscopio, a través del cuello uterino. El cirujano puede ver y extirpar el pólipo de raíz de manera sencilla, y sin dañar el tejido cercano. En menos de 3 días, la paciente se recupera en su casa, y la pieza puede enviarse al laboratorio para su diagnóstico certero.

Conocido ya el procedimiento habitual de tratamiento, queda una gran duda: ¿Ese pólipo puede ser maligno? 

La respuesta es que sí, pero existe una posibilidad muy baja. Los estudios clínicos recogidos por Mayo Clinic apuntan a que la tasa se mueve entre el 0,5% y el 3% de los casos.

No obstante, el médico puede recomendar la extirpación debido a diversos factores de riesgo. Entre ellos, si los pólipos son de gran tamaño (a partir de unos 2 centímetros) y si los sangrados son más constantes y exagerados.

De igual manera, en casos de mujeres con postmenopausia que presentan sangrado, es también un gran riesgo. Y, en aquellas bajo tratamiento de tamoxifeno, también se vigila la extirpación a tiempo.

La clave para anticiparse a estos riesgos es involucrarse en las revisiones ginecológicas con frecuencia. Estas visitas médicas pueden detectar este tipo de problemas antes de que causen problemas de fertilidad o derivados del sangrado, como la anemia.

Cuando la salud está en juego, e incluso el riesgo de cáncer es muy bajo, actuar a tiempo puede evitar cualquier incertidumbre o problema a la larga.

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