¿Cuántas buenas fotos hacen falta para ganar? “A veces basta con una”, dice Isaac Hernández, consultor en neuromarketing político y comunicación estratégica. Pone como ejemplo la imagen de Barack y Michelle Obama en agosto de 2024 durante la Convención Nacional Demócrata. Hacía tiempo que habían dejado de estar en la primera línea política, pero demostraron que mantenían intacta su capacidad de emocionar a la audiencia.

Desde esa premisa leemos la fotografía publicada por Artículo 14 de Pilar Alegría comiendo con Paco Salazar en noviembre de 2025, meses después de que él hubiera sido apartado del PSOE tras las denuncias internas por acoso sexual. La imagen, difundida y comentada de forma recurrente durante la campaña autonómica aragonesa, se convirtió en un elemento de desgaste simbólico para la candidata socialista en las elecciones del 8 de febrero de 2026.
“El voto feminista no perdona la incoherencia”
“Es una factura política que ya asoma en el horizonte de Alegría y el PSOE”, indica Nalia Rochin, politóloga y cofundadora de la consultoría BB&R. “El voto feminista no olvida, pero sobre todo, no perdona la incoherencia. En un escenario donde la conducta de Salazar despierta serias sospechas, la pregunta es obligatoria: ¿cómo puede una figura clave del feminismo, bajo las siglas de un partido que abandera la causa de la igualdad, seguir otorgando espacios y legitimidad a quien está en el ojo del huracán?”.

En la política contemporánea, buena parte de la información que recibe el votante no es verbal. “Las palabras han pasado a un segundo plano frente a los códigos visuales y emocionales”, explica Hernández. “La imagen que un candidato proyecta de sí mismo puede conseguir importantes resultados a la hora de alcanzar los objetivos estratégicos de una campaña. Las fotografías pueden fortalecer o dañar la percepción de un candidato o de un partido”. No se trata de estética, sino de lo que la imagen expresa y de si es coherente con el relato que se quiere construir.
En el caso de Alegría, no fue tanto la foto como lo que revelaba, una reunión que no habría encajado en ninguna campaña escrupulosamente planificada ni en ninguna estrategia de comunicación coherente con el mensaje de rechazo al acoso sexual que el partido ha defendido públicamente. Para una parte de la ciudadanía, la escena difícilmente admitía otra lectura que la de una dirigente que no marcaba una distancia clara con alguien asociado a comportamientos reprobables.
Alegría, entonces ministra y portavoz del Gobierno, defendió inicialmente que el encuentro era de carácter “personal” y más tarde reconoció que había sido un “error”, llegando a calificar los comportamientos atribuidos a Salazar de “vomitivos”. Esa secuencia de justificación, rectificación y condena transmitió contradicción y falta de juicio político, una disonancia entre palabra y acción que debilitó su credibilidad. En términos de comunicación, el error pasó a formar parte de su biografía electoral, según Rochin.
El presidente aragonés, Jorge Azcón, y otros rivales políticos utilizaron la imagen para cuestionar su su liderazgo, lamentando la ausencia de una explicación clara desde el primer momento. La fotografía reapareció una y otra vez en medios y debates, amplificando su impacto más allá de lo que habría tenido en otro contexto menos sensible.
“Hay manchas que no se limpian con una fe de erratas”
En una campaña progresista, donde los asuntos de género y la tolerancia cero frente al acoso sexual ocupan un lugar central, la imagen fue percibida por parte del electorado como una falta de coherencia o de empatía con valores que muchos votantes consideran irrenunciables. Desde la mente del votante, no se evalúa el programa en detalle, sino la brújula moral que transmite el candidato. Sentarse a comer con un político señalado por acoso activa un juicio moral inmediato.

Ese juicio es esencialmente emocional. Neurológicamente, la imagen entra por vías rápidas y afectivas; la disculpa lo hace por vías racionales. Cuando llega la explicación o el perdón, el cerebro ya ha decidido qué siente. Incluso después de pedir disculpas, la imagen persiste. Un error de este tipo no se corrige con declaraciones, sino con ejemplaridad sostenida en el tiempo, algo que no cabe en el calendario breve de una campaña electoral. “En política, hay manchas que no se limpian con una fe de erratas ni con la tardía admisión de que un encuentro fue, simplemente, un error”, opina Rochin.
Impacto limitado en las urnas
No todos los analistas, sin embargo, conceden a este episodio un peso decisivo en el resultado final. María Francés, politóloga y consultora de imagen y liderazgo, considera que su impacto fue limitado. A su juicio, los resultados responden a dinámicas más estructurales, como el ciclo político, el desgaste de gobierno, el contexto nacional y el comportamiento de los bloques electorales. “El votante del PSOE es un votante bastante cohesionado que, incluso ante situaciones incómodas, tiende a cerrar filas. Una imagen puntual difícilmente altera esa fidelidad”, señala. En ese sentido, admite que este tipo de episodios puede generar debate mediático o incomodidad, pero no explica por sí solo un retroceso electoral: “Los cambios de voto suelen producirse por acumulación de factores, no por una fotografía concreta”.
En una línea similar se expresa Allende Martín, consultora y analista política, CEO de CompoLider. “La foto ha contribuido al fracaso de Alegría, pero es un elemento más en un cúmulo de causas políticas y malas decisiones que han llevado a igualar su peor resultado histórico, reflejo del desgaste socialista, como ya se vio en Extremadura”, apunta. A su juicio, el propio PSOE debería haber sopesado desde el principio que la imagen sería un lastre del que no podría escapar en campaña: “Es un elemento más de desgaste de su credibilidad”.

Martín amplía además el foco de responsabilidad y sitúa la primera equivocación en Ferraz. “Ha sido una apuesta personalísima de Sánchez. Alegría forma parte de su círculo de confianza directo, y los votantes pueden haber proyectado sobre ella los escándalos del entorno del presidente y de sus políticas”, sostiene. Entre ellos, menciona el malestar generado en Aragón por el modelo de financiación autonómica, percibido como un agravio comparativo al favorecer a Cataluña, una comunidad especialmente cercana en términos económicos y territoriales.
El domingo 8 de febrero, Pilar Alegría igualó su peor resultado histórico en Aragón, con una pérdida significativa de escaños y votos respecto a 2023. “Sería simplista atribuir el desenlace a una sola causa, pero la crisis de imagen asociada al caso Salazar fue uno de los factores de desgaste acumulado”, insiste Martín. Quizá no provocó un trasvase masivo de votos, pero sí pudo alimentar la abstención y la desmovilización de parte de su electorado.
Las elecciones, como recuerdan los expertos, suelen decidirse más desde la emoción que desde la razón. Una sola imagen no gana ni pierde por sí misma, pero puede fijar una idea, condicionar la memoria del votante y alterar la percepción de un liderazgo. En este sentido, bastó con una foto.
