R. Nuestra principal fortaleza es el control de la tecnología crítica de nuestros sistemas. Desarrollamos internamente el software y los sistemas clave, lo que nos permite ofrecer soluciones soberanas, resilientes y realmente adaptadas a entornos reales. Además, desarrollamos una arquitectura modular, pensada para integrar distintas cargas útiles y para evolucionar durante todo el ciclo de vida del sistema. Eso reduce riesgos para el cliente y garantiza algo tan fundamental como la interoperabilidad y capacidad de evolución dentro del marco UE y OTAN.
R. El crecimiento ha sido muy claro. La Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) constata un aumento del 26% en el número de operadores registrados, superando los 150.000. Eso refleja que los drones ya no son una tendencia sino que son una realidad consolidada. Y en defensa el cambio es todavía más interesante. No solo crecemos en cifras, sino que estamos entrando en una fase de consolidación industrial y estratégica. Las inversiones públicas y privadas, la incorporación de tecnologías avanzadas y la integración real de sistemas en las Fuerzas Armadas están moviendo a España de ser un país comprador a ser un actor tecnológico más autónomo y competitivo dentro de Europa.

R. El principal reto es que hablamos de entornos con niveles muy altos de exigencia, tanto en certificación como en estándares técnicos. Cada entidad tiene sus propios marcos regulatorios, civiles y militares, y hay que saber moverse en todos ellos. Por ejemplo, los UAV utilizados en entorno OTAN deben cumplir requisitos muy específicos de seguridad de la información y criptografía, y eso implica ciclos largos de pruebas, auditorías, conformidades y verificaciones por parte de agencias europeas y militares. Además, la calidad aquí va mucho más allá de un ISO 9001 genérico. En defensa tienes que demostrar fiabilidad, trazabilidad, seguridad y control completo del ciclo de vida del sistema.
R. Nosotros lo abordamos desde tres ejes muy claros: cumplimiento normativo, fiabilidad operativa y alineación estratégica con lo que necesitan las Fuerzas Armadas. Primero, contamos con un sistema de calidad y gestión adaptado al entorno defensa que nos permite cumplir con los requisitos técnicos, documentales y de trazabilidad. Segundo, diseñamos pensando en el uso real. Priorizamos la robustez, la seguridad y la operatividad en entornos degradados, reduciendo riesgos durante la operación y durante todo el ciclo de vida. Y, por último, entendemos que el Ministerio no busca solo un producto, sino un socio tecnológico fiable. Por eso trabajamos con una visión de largo plazo.
R. Hoy nuestro foco está en garantizar que cada sistema que entregamos sea trazable, verificable y fiable durante todo su ciclo de vida. En defensa, la calidad no es solo cumplir una norma, sino gestionar el riesgo operativo. Por eso ponemos especial énfasis en el control de requisitos y configuración, asegurando que lo que se diseña, se fabrica y se entrega corresponde exactamente a lo aprobado y validado por el cliente. Esto implica trazabilidad completa desde los requisitos operativos hasta las pruebas de aceptación y también una visión de mejora continua para estar preparados ante auditorías internas y externas, sin perder control ni certificación cuando el sistema evoluciona.
R. Lo que diferencia a ETRAIR es que trabajamos con un enfoque tecnológico integral y orientado a escenarios reales, donde la tecnología tiene que seguir respondiendo incluso en entornos complejos o degradados. Apostamos por plataformas modulares que se adaptan a distintas misiones y pueden evolucionar con el tiempo, integrando desde sensores de vigilancia hasta capacidades más especializadas. Además, incorporamos inteligencia artificial para aumentar la autonomía del sistema y mejorar la navegación y la detección, incluso cuando no se puede depender del GPS. Y en el ámbito antidron, desarrollamos soluciones capaces de identificar amenazas en tiempo real y neutralizarlas de forma selectiva, con un objetivo claro: aportar fiabilidad y valor operativo.

R. España ya tiene una base industrial de defensa muy sólida y la IA ya se aplica en áreas clave como radares, mantenimiento predictivo de aeronaves o gestión de combate. Es decir, ya existe una digitalización avanzada. Para ser una potencia, eso sí, hace falta inversión sostenida y continuidad estratégica pues la IA se construye visión a largo plazo.
R. Estamos entrando en lo que algunos medios llaman Defensa 5.0. Si tuviera que resumirlo, diría que el futuro va hacia tres grandes ejes. En primer lugar, la hiperconectividad, pues el foco está en la Nube de Combate, donde medios de tierra, mar y aire comparten datos en tiempo real y la información se procesa de forma rápida y eficaz. En segundo lugar, también veremos un crecimiento enorme de la digitalización y la autonomía gracias a que los UAV y sistemas no tripulados serán centrales en operaciones, vigilancia, misiones tácticas, recogida de datos, etc. Y, por supuesto, la IA ya se ha convertido en un componente básico, desde mantenimiento predictivo en aeronáutica, hasta sistemas autónomos y enjambres, y ciberseguridad activa capaz de detectar y neutralizar ataques en milisegundos.
R. Yo estuve muchos años en las Fuerzas Armadas como militar profesional de tropa, así que conozco bien lo que significa trabajar en un entorno históricamente masculinizado. Los desafíos existen y son reales, pero personalmente creo que cada reto también puede convertirse en una oportunidad para demostrar que el talento, la visión estratégica y la capacidad no dependen del género. Además, mi experiencia en defensa me ha confirmado que la inclusión y la diversidad son factores clave para la innovación y para la eficacia. Y hoy en día lo aplico plenamente en mi puesto.
R. Sí, y además es un cambio real, especialmente en ciencia y tecnología dentro del sector. Hace años, ver mujeres en roles técnicos, ingeniería o investigación era más la excepción que la norma. Gracias a políticas públicas y proyectos específicos cada vez somos más las que aportamos nuestra experiencia en proyectos de I+D. Aun así, todavía queda camino. Pero estoy convencida de que cuantas más mujeres ocupemos estos espacios, más innovadora, resiliente y preparada estará la defensa española para los retos tecnológicos del futuro.

R. Solo puedo hablar desde mi experiencia. Y en mi caso tengo la suerte de formar parte de Etrair, donde la opinión y el trabajo de cada persona cuentan independientemente del género. Esa equidad se nota y fomenta colaboración, innovación y equipos más fuertes, capaces de afrontar retos complejos. Para mí, trabajar en un entorno donde se reconoce el talento por méritos y no por estereotipos es un factor que me motiva muchísimo y me empuja a mejorar cada día.
R. Sí, estoy convencida. Cada vez hay más proyectos y políticas públicas que favorecen la inclusión y la captación de talento femenino, especialmente en áreas tecnológicas y de investigación. Y esto no es solo una cuestión de justicia o igualdad. Es que la diversidad aporta diversidad y creatividad y nos hace más fuertes. La industria española lo va a necesitar para competir en el futuro.
R. Para mí, la primera es saber mantener la calma. Cuando los plazos son ajustados o surgen imprevistos, las decisiones hay que tomarlas con serenidad, aunque sepas que pueden tener impacto. La segunda es la comunicación, clave para evitar conflictos, aclarar objetivos, marcar prioridades y alinear expectativas. Y la tercera es la integridad. Mantener coherencia entre lo que dices y lo que haces genera confianza, y esa confianza es lo que sostiene a un equipo cuando llegan los momentos difíciles.
