Violencia machista y LGTBIQ+: cuando el odio se ensaña con las mujeres

Mujeres LGTBIQ+, atrapadas entre la violencia machista, la LGTBIfóbia y la impunidad. Así es el balance de 2025

La violencia que sufren las mujeres LGTBIQ+
KiloyCuarto

2,9 millones de personas en nuestro país aún son castigadas, perseguidas, juzgadas y señaladas socialmente por el simple hecho de ser quien son. Discriminadas, acosadas o agredidas verbal y físicamente por pertenecer a la comunidad LGTBIQ+.

Pese a los avances legislativos y a una mayor visibilidad social, la violencia contra las personas LGTBIQ+ en España no solo persiste, se intensifica. Así lo constata el informe Estado LGTBI+ 2025: el 42,5 % del colectivo ha sufrido alguna situación de odio en el último año.

Un cartel de una manifestación con las siglas del colectivo LGTBIQ+.

Y dentro de esta realidad generalizada, hay quien soporta una doble carga a su espalda: las mujeres. Lesbianas, bisexuales, trans e intersexuales lidian no solo con una violencia LGTBIfóbica, sino también con la violencia machista. Una intersección que multiplica su vulnerabilidad y normaliza la violencia en su día a día.

“La violencia machista está en todo, en cada frase que decimos. Y vivir así termina siendo agotador. Tiene secuelas en nuestra vida. Y podemos encontrar herramientas que nos ayudan a lidiar con ello. Pero ya el simple hecho de tener que hacerlo es inadmisible”, reflexiona Beth Giraldo, vicepresidente del colectivo LGTBIQ+ Madrid, COGAM.

La violencia que tiene rostro de mujer

Esa violencia se materializaba solo este 2025 sobre el 40% de las mujeres del colectivo LGTBIQ+. Según la Felgtbi+, el 13,8% sufrió violencia física o verbal; un 14,8% acoso y un 24,2% discriminación por su orientación sexual. Su presidenta, Paula Iglesias, alerta: los discursos de odio están incrementando la violencia que sufren.

“Se trata de estrategias organizadas que pretenden señalarnos como la otredad, como una amenaza, para conseguir rédito político. Las mujeres lesbianas somos señaladas como degeneradas; las mujeres bisexuales son hipersexualizadas y las mujeres trans son dibujadas como una amenaza. Otras mujeres que forman parte del colectivo LGTBIQ+, como las mujeres intersexuales o las que pertenecen al espectro asexual siguen muy invisibilizadas. Todos los discursos de odio se basan en deshumanizarnos para que parezca legítimo rechazarnos”, subraya.

Lesbicidio
Varias personas participan en una protesta para mostrar su repulsa por el asesinato de tres mujeres lesbianas en Buenos Aires.
Efe

Casi una de cada cuatro mujeres—el 24,2 %— ha vivido situaciones de discriminación directa. La calle, los centros educativos, los lugares de ocio o el transporte público, lugares que deberían ser espacios seguros para cualquier persona, se convierten en escenarios de riesgo constante para ellas.

Las organizaciones que luchan por los derechos LGTBIQ+ alertan de que este contexto no solo incrementa las agresiones, sino que también empuja a muchas mujeres LGTBIQ+ al llamado sexilio: abandonar su entorno o plantearse la emigración como estrategia de supervivencia.

Una violencia estructural y persistente

Otros estudios refuerzan este diagnóstico. Investigaciones del Instituto de las Mujeres señalan que más del 80 % de las lesbianas y mujeres bisexuales han sufrido algún tipo de violencia relacionada con su orientación sexual, especialmente psicológica y verbal. Aunque estos datos no corresponden al informe más reciente, evidencian la persistencia de un problema estructural que afecta especialmente a las mujeres.

Los datos exigen respuestas urgentes: políticas públicas eficaces, protección institucional real y un compromiso social firme para erradicar un odio que sigue encontrando terreno fértil. Y aunque mirar hacia otro lado ya no es una opción, las políticas existentes siguen sin estar a la altura de lo evidente.

Casi la mitad de las víctimas no denuncia por miedo al rechazo: “El miedo, la desconfianza en las instituciones y la sensación de impunidad siguen actuando como freno”, insiste Giraldo.

Sin juzgados especializados para ellas

“Llega un punto en que hay mujeres que sienten que es mejor armarizarse que denunciar. Y tiene mucho que ver con la falta de sensibilización en los juzgados. Por lo general, si ya es difícil encontrarse con un juzgado que sepa cómo tratar a las víctimas de violencia machista, imagina cuando la víctima pertenece al colectivo y lo que denuncia es un delito de odio por ser mujer y por ser lesbiana o transexual”, subraya.

Para la vicepresidente de COGAM las legislaciones vigentes, en sí, son uno de los mayores escoyos que encuentran las víctimas al plantearse denunciar: “Como la ley está hecha y los jueces la interpretan, cada juez y cada jueza puede interpretar una cosa. Y ahí está el problema”.

Giraldo expone su propio caso para tratar de hacernos reflexionar: “Yo soy una mujer trans. Y mi pareja es un hombre. Se supone que si me pareja me agrede y yo denuncio el delito debería investigarse como un caso de violencia machista. Pero la realidad es mucho más complicada que eso. Porque quizá mi pareja me agrede al grito de “maricón”. Y aquí lo evidente, deja de serlo. Porque la duda de la cuestionan hasta en comisaría: ¿Por qué me agrede? ¿Por ser mujer? ¿Por ser trans? ¿Sería violencia de género? ¿Violencia doméstica? ¿O delito por LGTBIfóbia? Cuando esto sucede la investigación se alarga aún más. Y estas denuncias no siempre acaban en juzgados especializados. En realidad, casi nunca lo hacen”, asegura.

Propósito de Año Nuevo: “Más recursos y compromiso institucional”

Con todo ello, insiste: el balance este 2025 no puede ser positivo: “Faltan recursos y un compromiso transversal por parte de las instituciones. Un buen propósito de Año Nuevo sería este. ¿No?”.

La dotación presupuestaria, considera, “debería ir desde el Ministerio de Igualdad hasta el de Educación, pasando por el de Universidades y por el del Interior”. Y un buen punto de arranque, sería, por ejemplo, en la Academia de Ávila: “Actualmente no existe ninguna formación para los nuevos policías con un enfoque en el tratamiento de los delitos de odio que afectan al colectivo. Y si las nuevas generaciones no saben cómo enfrentarse a una realidad cada vez más denunciada, será difícil avanzar”.

Porque sin formación y sin una respuesta institucional clara, la violencia machista que sufren las mujeres del colectivo LGTBIQ+ seguirá quedando desprotegida y sin nombre.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.