Opinión

Por Mahsa y las mártires del hiyab: el ataque contra los ayatolás enciende la esperanza de un Irán libre

Mujeres en Irán - Internacional
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Ayer, 28 de febrero, EEUU e Israel bombardearon Irán. La esperanza de muchos iraníes en que la presión de estos países pudiera derrocar al régimen de los ayatolás se había intensificado en los últimos meses, especialmente por parte de tantas mujeres hartas del integrismo islamista. Pioneras de la resistencia, veían cada vez más la posibilidad de acabar con el control religioso que oprimía su libertad, autonomía y derechos básicos. Efectivamente, en varias encuestas recientes se revela un rechazo masivo al sistema teocrático, en particular en lo que respecta al rol impuesto a las mujeres. Un estudio del Grupo GAMAAN de 2024-2025 mostró que alrededor del 70-80% de los iraníes, en todas las provincias, edades y sexos, ya no votaría por la República Islámica, además de revelar un fuerte apoyo a la separación de la religión y el estado. Desde 2020, esas encuestas han dejado meridianamente claro que cerca del 70% rechaza el hiyab obligatorio, cosa que ya se vio en las calles con el movimiento “Mujer, Vida, Libertad” del 2022 tras la muerte de Mahsa Amini.

Este clamor persiste: entre el 2025 y el 2026, el deseo de acabar con la discriminación de sexo y el uso forzado del velo se ha convertido en una demanda central, con las mujeres liderando esas protestas y mostrando su ruptura con el integrismo. Las protestas iniciadas a finales de 2025 por la crisis económica y extendidas a todas las 31 provincias en enero del 2026, fueron evolucionado hacia exigencias mucho más explícitas de derrocar el régimen. Su colapso traería la libertad, el fin del hiyab forzado, la igualdad en derechos y el acceso pleno al empleo, a la política y a la vida pública. Por ello, igual que en el 2022, tras el asesinato de Amini, las mujeres siguen en primera línea, y videos que se han hecho virales muestran a jóvenes y a mayores quemando retratos del ayatolá Jamenei y encendiendo cigarrillos con su llama en un acto de desafío al tabú femenino del tabaco. O protestando con los labios ensangrentados gritando “No tengo miedo”.

Muchas mujeres han sido asesinadas, como Akram Pirgazi, madre de dos hijos, o Robina Aminian, estudiante de diseño, en una represión que dejó miles de muertos. La resistencia femenina (quemar velos, desafiar la policía moral, aparecer sin hiyab en público) ha erosionado la autoridad del régimen, que responde con violencia extrema, apagones de internet y leyes más duras contra la “indecencia”. Voces disidentes, como Reza Pahlavi o Maryam Rajavi, destacan la liberación de las mujeres como pilar de un Irán democrático: “No al hiyab obligatorio, no a la religión impuesta, no al gobierno forzado”. Pero activistas y testimonios en las redes aseguraban que sin el apoyo externo que representan las sanciones, el aislamiento y las acciones militares selectivas sería difícil romper el control del Cuerpo de Guardianes de la Revolución. Y, ayer, tras esos ataques conjuntos, la posibilidad se hizo más real. El propio Donald Trump abogó públicamente por un cambio de poder, mientras que Benjamin Netanyahu instaba a los iraníes a reclamar su país.

Aunque persisten desafíos como la amenaza de una represión aún más brutal o una posible unión nacionalista ante la intervención directa de EE.UU e Israel, la mayoría de la población está dispuesta a soportarlo todo con tal de que acabe la corrupción, la crisis económica y la intolerable discriminación sexual. Eliminar al principal patrocinador del terrorismo regional y abrir paso a un Irán secular y democrático beneficiaría al mundo, con las mujeres como fuerza transformadora irreversible. El ataque de ayer contra los ayatolás ha alimentado esa esperanza de un Irán libre que sostuvo a Mahsa Amini hasta el final.

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