Opinión

En busca de la Delcy iraní

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Resolución absoluta” es como se llama la operación que EEUU realizó en Venezuela la noche del 3 de enero y que decapitó, en sentido figurado evidentemente, al régimen de Maduro capturando a este y llevándole a Washington donde sigue hoy a la espera de ser sometido a juicio. “Furia épica” es como se llama la operación que inició EEUU la mañana de ayer día 28 de febrero en Irán y que ha dado como resultado también el descabezamiento del régimen iraní con el asesinato del Ayatolá Jameini. He aquí una de las primeras diferencias, tanto que se comparan ambas operaciones. La venezolana fue una intervención nocturna, rápida, precisa, limitada en su extensión y afectación, con un objetivo concreto: apresar al dictador y sentarlo en un banquillo para dar cuenta de su relación con el narcotráfico en la región. La operación iraní ha sido un ataque militar no sólo de EEUU sino también de Israel, a una escala mucho mayor, con cientos de objetivos estratégicos ya que tiene por objetivo no solo presionar políticamente al régimen sino desmantelar sus capacidades militares. Es decir, frente a una acción militar puntual y concreta, la de Irán se parecería más a una intervención convencional más amplia y con implicaciones regionales.

Dicho esto, ambas forman parte de un objetivo común que es el que tiene Estados Unidos en este segundo mandato Trump. Contrariamente a sus predecesores, que solían ocupar los segundos mandatos en estabilizar mucho más que en emprender aventuras, de ahí que Obama fuese incapaz de reaccionar en 2014 ante la invasión rusa de Crimea; Trump está utilizando al máximo todo el poder del que goza un presidente de la primera potencia del mundo. Probablemente también para mostrar al mundo, tentado en reconocer una bicefalia de ese primer puesto con China, que el único país capaz de realizar operaciones exitosas de estas dimensiones e impacto son los Estados Unidos de América.

Trump no es un presidente que se preocupe, Trump directamente se ocupa. Lo advirtió Marco Rubio en la rueda de prensa después de la operación Venezuela “Maduro tuvo muchas oportunidades de parar esto y eligió esto… y el 47 presidente de EEUU no es un game player, cuando dice que va a hacer algo, significa que va a hacerlo, (…) es un presidente de acción y los que no lo creían ahora ya lo saben”. Esta es otra de las similitudes entre estas dos operaciones. Al régimen iraní también se le advirtió, se intentó negociar con él -Witkoff estaba instalado en Ginebra para llevarlas a cabo con Kushner también- y hace tres días cerraban la tercera ronda con “avances” según decían. Trump no es un presidente del paso a paso. No tiene tiempo para lo políticamente correcto, ni para los procesos. Solo tiene tiempo para el resultado.

Su misión es dejar a Estados Unidos lo mejor preparado posible para una posible confrontación con China. Se trata de ir alineando a todos los regímenes que puedan crear problemas en la retaguardia. Y de paso, poder dominar el acceso al petróleo -no trata tanto de conseguir su producción como sí de controlar la llave de paso- que nutre a China de una energía barata que le permite un desarrollo industrial y económico como el que tiene.

No se va a ocupar tampoco aquí de estabilizar la zona con aquello de “boots on the ground” por mucho que se diga de que nada ha aprendido de Irak o Afganistan. Trump no pretende esto, no es un idealista en términos de la teoría de relaciones internacionales, sino un realista puro. Solo tiene interés y el suyo es: hacer América grande de nuevo. Si con esto consigue, como esperemos que ocurra, que las iraníes logren vivir en la libertad que tanto merecen, bienvenida sea. Pero no parece que tenga en mente imponer un líder de su gusto y condición. Durante meses se ha especulado con la idea de “devolver” el poder a Reza Pahlaví, hijo del Sha cuando todo apunta a que está buscando a la Delcy iraní, una persona dentro del régimen que sea capaz de adaptarse, aceptar las condiciones y conducir con autoridad un país complejo de más de 90 millones de habitantes. ¡Es verdad que si apareciese en forma de mujer sería verdaderamente un sueño!

Dicho todo esto, convendría efectivamente extraer lecciones. También Europa, que no se cansa de darlas. La primera tentación en la que caemos siempre es la de la lectura moral, si es correcto o no esta forma de proceder tan contraria a los estándares del famoso “orden internacional basado en reglas”. Tentación porque nos sitúa en ese lugar, tan propio del acomodado europeo, en el que nos creemos que la discusión debe preceder a la acción y de la declaración no pasamos. Y mientras tanto, la vida actúa, ejerce, ocurre. Así ha sido en Venezuela y así ha sido en Irán.

Pues bien, Trump también ha advertido a Europa. Ha pedido de forma reiterada que seamos capaces de garantizar nuestra propia seguridad y pagar por ella -en Groenlandia y en la OTAN. Desde luego que no intervendrá de la misma manera, es obvio. Pero conviene que tanto los líderes como la bienestarizada sociedad europea pasemos del pensamiento a la acción y seamos conscientes de que, en este nuevo mundo, hemos de tomarnos en serio a nosotros mismos. Esto pasa por ser capaces de garantizarnos nuestros intereses, nuestra redicha paz y seguridad. Si este ejercicio no lo hacemos nosotros, no quepa duda alguna de que, como a Irán y a Venezuela, nos lo harán.

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