Belleza

El truco coreano que está sustituyendo al bótox (en selfies, al menos)

No pincha, no paraliza y no promete milagros a largo plazo. El último truco de belleza llegado de Corea no busca borrar el rostro, sino engañar a la cámara. Una combinación de cuidado de la piel, maquillaje estratégico y control de la luz que consigue un efecto “piel lisa y descansada” tan eficaz en selfies que, al menos en pantalla, compite directamente con el bótox

Fotografía: Kiloycuarto

Lo he visto repetirse una y otra vez en redes: “el truco coreano que está sustituyendo al bótox”. Y sí, hay algo de verdad… si entendemos “sustituir” como lo que ocurre cuando alguien quiere un efecto inmediato, fotogénico y reversible, sin pasar por una consulta. Porque lo que se ha vuelto viral no es un producto milagroso, sino un método muy concreto: face taping + piel ultra hidratada + masaje + luz correcta. Cuatro piezas que, encajadas, logran ese rostro más firme y descansado que en cámara se percibe como “recién hecho”.

El punto de partida suele ser el face taping, y aquí conviene llamarlo por su nombre real, un pequeño “lifting” mecánico. La cinta es ultrafina, pensada para camuflarse, y se coloca donde el rostro pierde definición cuando estamos cansadas, hinchadas o simplemente con luz poco favorecedora: sienes, pómulo alto, línea mandibular, detrás de la oreja. El objetivo no es levantar “a lo bruto”, sino recolocar milímetros. Esa es la clave: en foto, un milímetro cambia el gesto; en vídeo, suaviza la caída; en selfie, afina el contorno. No es bótox, claro: no relaja el músculo ni trata la arruga desde dentro. Pero en lo visual, que es lo que alimenta esta tendencia, se le parece más de lo que muchos admitirían.

Ahora bien, el tape solo funciona de verdad cuando la piel está preparada. En Corea la obsesión no es “tapar” la arruga, sino construir una piel elástica. Por eso la segunda pieza del combo es una hidratación intensa por capas, pero sin pesadez. Texturas acuosas, sérums ligeros, productos que dejan la piel flexible y con rebote. Una piel deshidratada marca pliegues incluso con maquillaje perfecto; una piel bien hidratada hace lo contrario: refleja la luz, difumina sombras y “rellena” visualmente las líneas finas. Esa es la base del famoso acabado tipo glass skin, que no es brillo graso, sino luminosidad limpia.

 

A esa preparación se le suma el tercer paso, masaje. No como ritual de spa, sino como herramienta de mantenimiento. Lo que cambia un rostro muchas veces no es la arruga, sino la hinchazón: mandíbula que se borra, pómulo que cae, mirada más pequeña. Un masaje bien hecho (en dirección de drenaje, con presión controlada) reduce ese exceso de líquido que endurece los rasgos y deja la cara “pesada”. El efecto es temporal, pero muy agradecido: el rostro se ve más definido, el óvalo más limpio, y la piel recibe mejor lo que le pongas encima.

Y luego está lo que casi nadie menciona cuando habla de este “sustituto” del bótox, la luz. Aquí es donde todo se vuelve evidente. Una iluminación frontal suave, ligeramente elevada, hace más por una frente lisa y un contorno firme que muchos productos caros. Es el tipo de luz que borra sombras duras, suaviza pliegues y realza volumen natural sin necesidad de filtros agresivos. En otras palabras, el truco coreano triunfa porque está pensado para el entorno en el que vivimos ahora (pantallas, cámaras, planos cortos) y la luz es parte del look, igual que el sérum o el colorete.

Cuando se juntan las cuatro piezas, el resultado tiene sentido: el tape coloca, la hidratación “pulpa” la piel, el masaje desinflama y la luz hace el resto. Por eso se percibe como una alternativa al bótox, aunque no juegue en el mismo terreno. El bótox actúa sobre el músculo y dura meses; este método actúa sobre la imagen y dura horas. Pero para una sesión de fotos, una cita, un evento, una grabación o simplemente para mirarte al móvil y verte mejor, el efecto puede ser exactamente el que se busca: rostro más alto, más fresco, más nítido.

Al final, más que una sustitución, es un cambio de lógica. En vez de corregir de forma permanente, se optimiza lo que ya hay con técnica y rutina. Y por eso encaja tan bien con la estética coreana. Menos “cambio”, más “acabado”. Y en cámara, donde hoy se decide gran parte de la percepción, ese acabado lo es todo.

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