La principal conclusión que cabe extraer de esta noche electoral en Aragón es que las criaturas de laboratorio que cobran vida propia, evolucionan, escapan del control de sus creadores y terminan destruyéndolos. Es un clásico de la literatura de ficción o el cine fantástico, pero también de la política española.
Alguna mente brillante en Génova 13 llegó, hace 10 años, a la conclusión de que había que engordar la figura de Podemos. El objetivo principal era fragmentar el voto de la izquierda y desgastar al PSOE, convirtiendo a este partido y a su líder Pablo Iglesias en su principal rival y a fe que lo consiguieron. Aquella España indignada por la crisis y la creciente corrupción encontró en un partido comunista, con piel de cordero socialdemócrata, una válvula de escape a su indignación. Ya no eran los votantes del PSOE los que se marchaban a Podemos, sino también los del PP. Naturalmente cuando el monstruo engordó hasta los cinco millones de votos, en Génova aterrados, trataron de eliminar a la criatura. Era demasiado tarde.
Si hubiera rastro de vida inteligente en Ferraz la primera lección que deberían extraer de estas elecciones en Aragón, es aquella que nos dejó el PP de Rajoy. Jugar a cultivar a VOX se ha convertido en una apuesta que amenaza la propia supervivencia del PSOE cuyos votantes se están pasando a VOX en mayor cantidad que los del PP. Hay encuestas que reflejan que el trasvase de voto del PSOE a VOX ya es mayor que la fuga hacia el PP. Por tanto los de Abascal ya no son un aliado con el que erosionar el voto del PP, sino un adversario que está vampirizando a Pedro Sánchez. El PSOE ha cosechado en las dos primeras elecciones del nuevo ciclo dos mínimos históricos sin que esto parezca importarle a Pedro Sánchez.
El avance del partido de Abascal es tan poderoso que, incluso, ha logrado que el PP vuelva a retroceder en otra región en la que convocó elecciones para tener más autonomía. Si la empresa era nada más que esta, el resultado no ha sido el esperado, a pesar de haber ganado con amplia diferencia las elecciones. A partir de ahora debería tocar a las derechas hacer un ejercicio de responsabilidad y trasladar la voluntad de las urnas a la materialización de un gobierno estable. No será el caso. Santiago Abascal ha entendido que su posición beligerante con el PSOE y de bloqueo con el PP le ha permitido doblar su apoyos y disparar sus expectativas.
Y es aquí donde tanto VOX como PP tienen que explicar con nitidez qué es lo que quieren; gobernar o seguir compitiendo. Lo único que cabe esperar es un entendimiento que vaya más allá de la idea de desalojar al sanchismo. No se trata de expulsar a Pedro Sánchez sino de gobernar España.
