Documental ‘Melania’

Paul Thomas Anderson y Jonny Greenwood rechazan el uso de ‘Phantom Thread’ en el documental ‘Melania’

El director y el compositor denuncian que el uso de la banda sonora vulnera el contrato del autor y reabre el debate sobre el control creativo y la asociación política de la música

Trump y Melania, en la presentación de su nuevo proyecto. Fotografía: EFE

La polémica ya ha trascendido el ámbito jurídico para instalarse en el centro del debate cultural. Paul Thomas Anderson y Jonny Greenwood, colaborador habitual del cineasta, han reclamado públicamente que el documental Melania retire un fragmento de la banda sonora de Phantom Thread. Según ambos, la música fue utilizada sin respetar lo establecido en el contrato del compositor, lo que constituye una “violación del acuerdo del compositor”.

De acuerdo con informaciones publicadas por medios internacionales como The Guardian, Entertainment Weekly o Pitchfork, el conflicto no gira tanto en torno a la autoría (Greenwood compuso la música, pero no posee necesariamente todos los derechos) como al cumplimiento de las cláusulas contractuales. En el sistema de producción de Hollywood, las bandas sonoras suelen estar sujetas a complejas estructuras de derechos compartidos, en las que los estudios pueden tener capacidad para licenciar una obra, pero bajo determinadas condiciones. Anderson y Greenwood sostienen que el acuerdo del compositor incluía la obligación de ser consultado antes de autorizar el uso de la música en proyectos ajenos a la película original.

La música en cuestión aparece en Melania, un documental centrado en la figura de Melania Trump, lo que añade una capa de sensibilidad al conflicto. Para los autores, no se trata solo de una cuestión legal, sino también simbólica. La inclusión de una pieza tan identificable de Phantom Thread en un relato político-mediático puede interpretarse como una forma de asociación o respaldo implícito, algo que Greenwood y Anderson rechazan de plano. En los últimos años, esta preocupación se ha vuelto recurrente: cada vez más artistas se muestran reacios a que su obra sea reutilizada en contextos ideológicos o políticos con los que no se sienten representados.

Melania, en una imagen de archivo. Fotografía: EFE

Fuentes cercanas al caso explican que Universal, implicada en la gestión de los derechos de la película, habría concedido la licencia sin activar el mecanismo de consulta previsto en el contrato. Si esta interpretación se confirma, el problema no sería la falta de derechos en abstracto, sino el incumplimiento de una condición específica del acuerdo, un matiz que puede tener consecuencias legales relevantes. En la práctica, subrayan los expertos, “tener los derechos” no siempre equivale a poder usarlos sin límites.

Por ahora, Anderson y Greenwood han solicitado la retirada del fragmento musical del documental, una solución que en la industria suele considerarse la vía más rápida para evitar una escalada judicial. Otras opciones incluyen un acuerdo compensatorio o, en último término, un litigio para dirimir la interpretación del contrato. Ninguna de las partes implicadas ha confirmado públicamente si se está negociando una salida amistosa.

Más allá del desenlace concreto, el caso vuelve a poner sobre la mesa una tensión creciente en la cultura audiovisual: la distancia entre la velocidad con la que se licencian y reutilizan obras en la era del streaming y el deseo de los creadores de mantener cierto control sobre el significado y el contexto de su trabajo. La música de Phantom Thread, concebida para un drama íntimo y estilizado, se ha convertido así en el epicentro de un debate más amplio sobre derechos, reputación y poder simbólico en la industria cultural global.

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