En la Administración se está instalando una paradoja que, por su frialdad numérica, cuesta ver como lo que realmente es: un síntoma. Mientras el turno libre atrae una avalancha de aspirantes, la promoción interna —la vía para que los funcionarios progresen en su carrera— se está quedando sin gasolina. El resultado es incómodo: hay plazas convocadas, hay procesos en marcha, y aun así la cobertura real se desploma.
Los datos del periodo 2021-2024 dibujan el contraste con precisión quirúrgica. El Gobierno ofertó miles de plazas en diferentes cuerpos de la Administración General del Estado, pero el sistema no ha logrado completar ni de lejos lo previsto. Y esa brecha no se reparte por igual: el agujero está, sobre todo, dentro, entre los funcionarios que deberían estar llamados a dar el salto.
La brecha que inquieta a los funcionarios: muchas plazas, pocos candidatos
En total, Función Pública sacó a concurso 18.171 plazas para la administración central en promoción interna entre 2021 y 2024. Se cubrieron 2.340. Es decir: una tasa de ocupación del 13%. La explicación principal no es un suspenso masivo, sino algo más básico: falta de demanda. Se registraron 7.112 solicitudes y, de ellas, 3.808 personas llegaron a presentarse al primer examen.
Hay un matiz relevante para entender el problema de los funcionarios: cuando los candidatos completan el proceso, la tasa de aprobados supera el 60%. Dicho de otra manera, no es que el examen sea un muro infranqueable para quienes lo intentan hasta el final; es que demasiados no lo intentan, o se quedan por el camino antes de empezar.
Turno libre: el reverso de los funcionarios con una cola interminable
En el turno libre sucede lo contrario. El Gobierno convocó 13.518 plazas de acceso libre y logró asignar 12.635, lo que supone una cobertura del 93,5%. Aquí la demanda no flaquea: se recibieron más de 165.000 solicitudes, una cifra que equivale a más de doce candidatos por plaza. Para el sistema, la conclusión es evidente: no faltan personas dispuestas a entrar; lo que falla es la maquinaria que debería permitir que los funcionarios ya dentro avancen.

La foto completa aparece en la memoria de la Comisión Permanente de Selección del INAP, el organismo que elabora y corrige las pruebas de acceso de los principales cuerpos. Ese documento refleja que, sumando turnos, solo se cubrieron 14.975 plazas de las 31.869 publicadas entre 2021 y 2024: un 47% de cobertura total. Un dato que, además, empeora respecto al periodo 2020-2022, cuando la ratio fue del 59% (16.259 plazas cubiertas de 27.509).
Qué cuerpos concentran la demanda de funcionarios y dónde se rompe la promoción
El cuerpo con mayor tirón en turno libre fue el de Administrativo de la Administración del Estado: 76.561 solicitudes para 5.440 plazas, unas 14 peticiones por puesto. Sin embargo, en promoción interna se reservaron 10.409 plazas y solo llegaron 2.757 candidaturas. Traducido: casi cuatro plazas disponibles por cada solicitante entre funcionarios que, en teoría, podrían optar a ese salto.
En Auxiliares de la Administración del Estado la presión del turno libre fue todavía más intensa: 57.522 solicitudes para 2.450 plazas (23,5 aspirantes por puesto). Y en Gestión de la Administración Civil se repite el doble carril: 19.292 solicitudes para 2.754 plazas en libre acceso, mientras que en promoción interna esta oposición fue la más demandada, con 3.256 solicitudes para 4.329 plazas. También aparecen los Técnicos Auxiliares de Informática (10.048 peticiones para 1.879 plazas de turno libre) y Gestión de Sistemas e Informática (2.482 candidaturas para 995 plazas).
Perfil, tiempos y el coste oculto para los funcionarios
El INAP dibuja, además, un perfil bastante reconocible: el opositor tipo ronda los 40 años. En promedio, cada plaza ofertada contó con cinco aspirantes, pero solo el 8,7% consiguió superar el proceso. A esa criba se suma otro elemento que pesa sobre los funcionarios y sobre quienes quieren entrar: los tiempos. La media desde que se convoca el examen hasta que finaliza el procedimiento es de casi 14 meses.

En un sistema donde el turno libre funciona como embudo (mucha gente para pocas plazas) y la promoción interna como desierto (muchas plazas para poca gente), la pregunta ya no es solo cuántos funcionarios faltan o sobran, sino qué incentivos —y qué obstáculos— están empujando a unos a intentarlo y a otros a desistir. Porque, si la Administración no logra mover a su propio talento interno, la “estabilidad” se convierte en inmovilidad; y la carrera pública, en una escalera con peldaños que nadie pisa.
