Opinión

Maquiavelo para el futuro de PP y Vox

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Del Movimiento 15-M, en el que participé durante un par de semanas –hasta que irrumpió el desencanto–, recuerdo dos cánticos. El primero, muy divertido, lo interpretaban/interpretábamos los manifestantes frente al McDonald’s de la Puerta del Sol: “Lo llaman ‘hamburguesa’ y no lo es”; el segundo, más habitual, era una enmienda de trazo grueso, escatológica y gramaticalmente incorrecta –se pasa la concordancia por la hueva morena–, pero pegadiza y efectiva, a los dos principales partidos del régimen del 78: “PSOE y PP / la misma mierda es”.

El 15-M sirvió para enriquecer a un grupo de profesores y activistas –según La Razón, el patrimonio de los líderes de Podemos había crecido en 2021 un 1.229%– y para dar pasaporte al bipartidismo. Excepciones al margen, como Ayuso y Page, gobernar en solitario ha mucho que se convirtió en un unicornio. Esto lo entendió muy bien Sánchez, mientras que los sucesivos gerifaltes del PP que, desde entonces, han ostentado el primado genovés, o bien no han podido –los resultados de Casado siempre fueron nefastos–, o bien no han querido o sabido –Feijóo ganó en 2023, pero sin forjar una sola alianza garantista, ni siquiera con Vox– conformar mayorías con prótesis externas.

Jorge Azcón (i) y el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijoó (d), durante un acto de campaña con motivo de las elecciones autonómicas en Aragón este miércoles, en el teatro Olimpia de Huesca.
EFE/ Javier Blasco

En las elecciones aragonesas del 8 de febrero, los dos partidos contra los que cantábamos en Sol y alrededores hace quince años se han dejado siete escaños –el PP de Azcón ha pasado de 28 a 26 diputados; el PSOE de Alegría, de 23 a 18–, que son los mismos que ha conseguido Vox: la fuerza que en la región lidera el escritor Alejandro Nolasco ha duplicado su representación parlamentaria. Sus números son incontestables: Vox ha obtenido 41.998 votos más que en 2023, ha ganado en 44 municipios y ha superado a los socialistas en 171 localidades. Empleando un lenguaje similar al de los caudillitos del 15-M, Nolasco celebró este domingo que “ha ganado el sentido común y no la estafa del bipartidismo”.

Con el PSOE descalabrado y enajenado, Vox pide paso en Aragón –“Depende de Azcón entender cuál ha sido el mandato de las urnas y entender que Vox está aquí para gobernar, y que debemos tener unas responsabilidades muy claras”, dijo este lunes el portavoz nacional, José Antonio Fúster– y el PP de Feijóo, decadente o, cuando menos, estancado, asume ya que no irá ni a la vuelta de la esquina sin el apoyo imprescindible de la formación que fundaron exmiembros de su partido.

El candidato de Vox a la Junta de Aragón, Alejandro Nolasco con Santiago Abascal.
EFE

La historia patria demuestra que un gobierno de coalición es un campo minado y, a modo de precaución, creo que harían bien en recurrir al genio de Maquiavelo tanto los hombres que susurran a Santiago Abascal –a tenor de los resultados, por cierto, los 26.700 euros mensuales que Vox paga a Kiko Méndez-Monasterio no se me hacen caros– como los cráneos previlegiados de Génova, 13.

Vox, que pide en Aragón responsabilidades de gobierno, debería tener en cuenta aquello que el diplomático florentino escribió en el Capítulo XXI de ‘El Príncipe‘: “Conviene advertir que un príncipe nunca debe aliarse con otro más poderoso para atacar a terceros, sino, de acuerdo con lo dicho, cuando las circunstancias lo obligan”. Si lo haces, corres el riesgo de convertirte en Pablo Iglesias. O sea, en irrelevante.

Al PP, por su parte, no le vendría mal echarle un vistazo al Capítulo XIII: “Las tropas auxiliares (…) son aquellas que se piden a un príncipe poderoso para que nos socorra y defienda (…) Pueden ser útiles y buenas para sus amos, pero, para quien las llama, son casi siempre funestas; pues, si pierden, queda derrotado, y si ganan, se convierte en su prisionero”.

Insiste Maquiavelo: “(son) muchísimo más peligrosas que las mercenarias, porque están perfectamente unidas y obedecen ciegamente a sus jefes, por lo cual la ruina es inmediata; mientras que las mercenarias, para someter al príncipe una vez han triunfado, necesitan esperar el tiempo y la ocasión, pues no constituyen un cuerpo unido y, por añadidura, están a sueldo del príncipe”.

Esto último es muy interesante: recordemos que, hasta la fecha, Sánchez sólo ha pactado con mercenarios –descarados y sin vergüenza, pero mercenarios–, mientras que Feijóo, acorralado por una realidad implacable, pactará con unas “tropas auxiliares” compactas y decididas que tienen harto claro a quién deben obediencia. A ver cómo lidia el gallego con semejante miura.

Finalmente, ambos debieran aprender aquellas líneas imprescindibles que el filósofo político plasma en el Capítulo XVIII: “Conviene que el príncipe se transforme en zorra y en león, ya que el león no sabe protegerse de las trampas ni la zorra de los lobos. Hay, pues, que ser zorra para conocer las trampas y león para espantar a los lobos, mas no dejar que este animal guíe las acciones, ya que demuestran poca experiencia”. Los potros desbocados y las gaviotas no sirven. Ni hoy, ni hace quince años, ni en el siglo XVI.