Opinión

Parálisis

María Jesús Güemes
Actualizado: h
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El PP ha ganado los comicios de Aragón, pero en realidad ha perdido mucho por el camino. Para empezar, dos escaños y 13.000 votos respecto a 2023. El resultado cayó como un jarro de agua fría entre los populares. Sabían que no iban a llegar a la mayoría absoluta, pero no se esperaban un retroceso. La victoria fue amarga, no agridulce.

Además, estas elecciones se habían adelantado con un fin: desembarazarse de Vox y sacar adelante los presupuestos. No se logró. El objetivo se frustró nada más ver que la formación de Santiago Abascal duplicaba sus apoyos y se erigía, por tanto, con mayor peso. Ahora deben entenderse -algo que no consiguieron hace tan sólo unos meses- o dejar en ‘stand-by’ la vida de una región.

El presidente de VOX, Santiago Abascal, durante el acto de presentación de candidatos al gobierno de Aragón.
EFE/Antonio Garcia

Esto último es lo que sucede en Extremadura, donde PP y Vox llevan negociando desde finales de diciembre y se culpan del bloqueo. La presidenta extremeña en funciones, María Guardiola, activó ayer el proceso para ser investida. Ahora corren los plazos con las convocatorias de Castilla y León y Andalucía en el horizonte, complicándolo todo aún más.

“Tenemos dos cromos repetidos”, me decía el otro día un dirigente de Génova ante la similitud de escenarios. Así estamos en dos comunidades autónomas donde el trasvase de votos del PSOE a Vox ha sorprendido a muchos, más incluso que la debacle de los socialistas que, al final, queda eclipsada al analizar el resto de cuestiones.

La historia es que siempre nos quejamos de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dependa de sus socios de investidura y le criticamos por no aprobar las cuentas, pero ahí estamos con el tiempo detenido en ambos territorios y con la incertidumbre de lo que ocurrirá en un futuro si esta tendencia se repite a nivel nacional.

La secretaria general de los socialistas en Aragón, Pilar Alegría, comparece tras conocerse el resultado electoral
La secretaria general de los socialistas en Aragón, Pilar Alegría, comparece tras conocerse el resultado electoral
EP

Si triunfa el líder popular, Alberto Nuñez Feijóo, se puede encontrar con el mismo problema: una ultraderecha decisiva con la que tendrá que dialogar y pactar para alcanzar La Moncloa. Es consciente de ello. Por eso, el lunes pidió a Vox que actúe con “responsabilidad” y no se convierta en “un muro”.
Nadie duda de que, llegado el caso, se unirán, pero habrá que ver si el PP se traga sus líneas rojas. Lo que se da por seguro es que Vox venderá caro su respaldo y marcará los tiempos. Hay quien teme que, al entrar a formar parte de los gobiernos, los de Abascal dilaten o impidan políticas y leyes frenando cualquier avance.

Parece que, de una u otra forma, los ciudadanos estaremos condenados a sufrir ciertos periodos de parálisis política y que estos pueden provenir de cualquier flanco. Para no llegar a esos extremos, hay que dar con una nueva estrategia. En el caso del PP no sirve de nada atacar a Vox, tampoco invitar al polémico grupo Los Meconios y al activista Vito Quiles al cierre de campaña. Al PSOE tampoco le va bien ya eso de meter miedo diciendo que los fascistas se van a hacer con el poder.

Desde luego aquí no parece que nos vaya a pasar lo de Portugal, donde el socialista António José Seguro ha arrasado contagiando ilusión. Se ha convertido en el político más votado en democracia, superando el récord de Mário Soares en su reelección presidencial de 1991. De ese modo, ha logrado activar un ‘cordón sanitario’ a la derecha populista de André Ventura.

Hablando de cromos… De pequeña yo tenía un álbum con pegatinas de muñecas, pero me faltaban algunas para acabarlo. Llegó un momento en que mi madre compraba sobres y siempre salían las mismas. Así que lo dejé porque me aburría. Y eso es lo que le va a pasar a los ciudadanos, que van a terminar hastiados de las situaciones calcadas, de la falta de autocrítica, de las caras de siempre, de los mismos discursos y de ir a depositar su papeleta en urna para que todo siga igual. Nuestros cargos dicen que buscan la estabilidad, pero nos dejan estancados.