¿Pero cómo van a prohibir las redes a menores de 16 años? ¿Qué clase de insensato puede proponer algo así? Quien haya visto El pico recordará sin duda la escena en la que una madre calma el síndrome de abstinencia de su hijo recién nacido poniendo un poco de heroína en el chupete. Tan arriesgada técnica para callar el insoportable llanto de un niño podría haberse evitado con una pantalla y unos videos con una buena saturación y mucho ruido. Ningún ser está tan necesitado de emociones fuertes como un lactante. Por eso la moderna puericultura recomienda encarecidamente sentar a nuestros niños delante de una pantalla cuanto antes. Las atávicas costumbres de hablar y jugar con los niños están desapareciendo a favor de crianzas civilizadas en las que los pequeños son expuestos a los deseos del consumismo lo antes posible.
Mientras que en los años ochenta y noventa los padres aparcaban a sus hijos frente al televisor para consumir algún anuncio entre serie y serie, ahora YouTube nos permite acceder a canales centrados en analizar juguetes de consumo rápido (coleccionables, no jugables) que espolean el deseo de los pequeños de la casa. El juego de imitación, concebido antaño como forma de crecimiento y expresión, es hoy un remanente de tiempos inocentes pero toscos. El desiderátum del juego es el ensayo para una sana expresión de la vida performática y aspiracional. El juego no es la imitación; el juego es la propia vida. La vida, la existencia es una gran partida contra la máquina en la que tienes que adquirir tantos ítems como sea posible para ganar. La partida termina con la muerte, pero la muerte solo llega con la invisibilidad, es decir, podrías seguir vivo pero sin ser visible para el resto de jugadores, ergo no estarías jugando.
Estas normas en principio complejas han de ser explicadas desde que el niño abre los ojos. Hay docentes quejándose de que los niños lleguen sin saber apenas hablar, de que vayan disfrazados a clase a diario o de que no sepan usar el baño a los cuatro años. Quejas propias de quienes no han actualizado sus ideas sobre educación. Si un educador no es consciente de que su tarea no se limita a la transmisión de conocimientos es que no está preparado para ser educador. Un educador debe enseñar empatía, resiliencia, liderazgo, modales, y también transmitir algunos conocimientos útiles para la futura vida laboral. No se puede atosigar al niño con deberes, hay que dejar tiempo para que la pantalla le eduque en las cosas que le serán útiles en la vida (seducción, consumo, inversiones, moda, belleza, política, y crecimiento personal). Solo así se conseguirá que el Estado no entre a contaminar lo que ya está aprendiendo a través de video cortos cuidadosamente seleccionados a través de sus propios intereses.

Un hijo sano de nuestra sociedad debería, a los 12 años, haber absorbido todo esto y estar preparado para los retos que le vienen: sociabilizar con soltura en Roblox y en Tiktok. El aula, el bloque y la familia son paupérrimas extensiones de una red mucho mayor en la que ellos tienen que saber desenvolverse. La pantalla es la ventana al mundo y las redes son la puerta. ¿Qué sentido tiene proteger a los niños del mundo exterior? Necesitan saber que el mundo exterior somos nosotros, los adultos. Seres torpes y adictos incapaces de mantener una conversación sin insultar. Criaturas que aprueban y reenvían información que no importa de dónde viene pero que confirma lo que ya pensábamos. Adoradores del dinero, esclavos del capital. Valientes en la sombra, serviles en el cara a cara, yonkis del consumo y de la autoimagen. Los niños tienen que saber que somos nosotros los que fumamos, bebemos y vemos porno. Hay que protegerles del silencio y de la soledad, no sea que un día les de por pensar y caigan en la cuenta de que Marshall McLuham tenía razón. Imagínense cómo de grave sería si llegasen a saber que ese tipo tenía razón; significaría que saben quién es, que le han leído y le han entendido. Podrían llegar a pensar que es posible vivir de otro modo. No podemos permitirlo. Denle a su hijo tiempo de pantalla, denle redes sociales. Denle todo opioide a su alcance. Y para mi, por favor, un chupete con algo de heroína. Yo también necesito descansar.
