Generación conectada
Phil González
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¿Qué significa la venta del negocio de TikTok en Estados Unidos?

Podemos decir lo que sea de Trump y no gustarnos sus formas, pero al final siempre se sale con la suya. Cuando hace un año se celebró su investidura, una de sus primeras medidas fue obligar a TikTok a plantearse vender su negocio en U.S.A o, como alternativa, cerrar la persiana. Tras un año de tira y afloja, negociaciones, rumores y titulares, parece que se va a llevar a cabo su amenaza.

Este pasado 22 de enero quedará marcado como un antes y un después en la historia de las redes sociales (otra primera vez en la historia del mandatario) al completarse la venta de las operaciones de TikTok en Estados Unidos. La empresa quedará en manos de un consorcio mayoritario de inversores liderado por Oracle, Silver Lake, MGX y otros fondos. El chantaje emocional y estratégico pone fin a años de litigios y amenazas de cierre del imperio social chino. Una operación que se ha convertido en uno de los momentos más significativos de la guerra tecnológica y política entre las dos potencias, con un trasfondo social e impacto real sobre las masas.

La empresa denominada TikTok USDS Joint Venture LLC será la encargada de operar en territorio norteamericano bajo una cúpula de mayoría estadounidense y con tan solo una “pequeña” participación (20%) de ByteDance, la anterior matriz y propietaria asiática. Tan revelador como el acuerdo es el silencio de Pekín; no se dieron a conocer ni protestas formales ni represalias inmediatas. China parece aceptar la operación con cierto pragmatismo, más propio de una pausa estratégica que de una derrota.

Para Trump, que trata de quitarse todo tipo de amenazas últimamente, asegurarse el control de los datos privados de sus ciudadanos es la clave. Pero podemos preguntarnos qué efecto tendrá este nuevo movimiento para más de 200 millones de usuarios del otro lado del Atlántico.

Un matrimonio forzado

La relación de TikTok con Estados Unidos nunca fue un romance tranquilo. Hace años ByteDance (con sede en Singapur, pero de capital chino) realizó una jugada estratégica de gran calado al comprar una de las joyas de la corona americana. Se hizo con Musical.ly, una de las redes sociales más de moda y con una considerable audiencia. Esa adquisición permitió a TikTok desembarcar con todo su poderío y preocupar hasta a los todopoderosos terratenientes locales, tales como Meta, Twitter y otras plataformas.

Los gobiernos sucesivos (sean los de Biden o Trump) levantaron entonces la voz y desvelaron crecientes sospechas sobre el acceso potencial del gobierno chino a datos de sus ciudadanos. Unas sospechas que llevaron a borrar del mapa a Huawei, la famosa empresa de telecomunicaciones china.

El Congreso aprobó una ley que obligaba a aplicaciones controladas por capitales extranjeros “adversarios” a desinvertir o enfrentarse a un incondicional veto. El conflicto escaló hasta la Corte Suprema y produjo algún apagón puntual y muchos sustos entre las estrellas de la plataforma que veían peligrar su imperio, ingresos e influencia.

Frente a la eventualidad de un cierre completo y definitivo, y la reciente llegada de Trump a la Casa Blanca, las partes buscaron una solución consensuada y determinaron la creación de una entidad conjunta que cumpliera con las exigencias de control, seguridad e independencia.

Un asunto de seguridad nacional

Como usuarios no somos conscientes de hasta qué punto nuestros datos más rutinarios pueden ser relevantes en la seguridad de la patria. Recientemente se comentó que se podría haber filtrado el ataque a Venezuela porque el Pentágono suele pedir masivamente pizzas en las noches complicadas. Imaginemos todo lo que se puede hacer analizando los datos de 200 millones de compatriotas si caen en manos de la inteligencia asiática. Desplazamientos personales, relaciones, compras… Todo significa algo, en definitiva.

Como no podía ser de otra manera, Washington presenta la rendición de TikTok a sus condiciones como una victoria. Se trata efectivamente (no tengamos reparo en decirlo) de un éxito en términos de protección de datos y seguridad nacional. Según los políticos, la red social que fue durante tiempo una “aparentemente inofensiva” plataforma, quedará bajo control mayoritario de gente de la casa.

Las prácticas se alinearán mejor con los estándares locales, tanto a nivel de privacidad como de vigilancia. A pesar de que no se hayan establecido nunca evidencias de que ByteDance (TikTok) comparta datos sensibles con el Estado chino, se almacenarán los datos de usuarios en infraestructuras estadounidenses y se someterán los algoritmos a auditorías externas, eliminando así el riesgo de acceso a cualquier dato por parte de gobiernos extranjeros, buenos o malos. En este caso, Oracle no entra solo como socio inversor, sino que asume el papel de garante tecnológico del acuerdo; custodiará los datos y supervisará los flujos críticos actuando, de facto, como intermediario de confianza en el trato.

El matrimonio resulta algo forzado. Como si una novia no aceptara casarse con un hombre no deseado, pero debería finalmente hacerlo para poder conseguir papeles americanos. Tener que cambiar de religión o de hábitos para poder seguir trabajando. En la vida real, desgraciadamente en algunos países sigue pasando, pero era la primera vez que ocurría en entornos sociales y tecnológicos.

Más allá del asunto TikTok, el acuerdo sienta un precedente jurídico inquietante. Por primera vez, Estados Unidos demuestra que puede forzar la reconfiguración accionarial y tecnológica de una plataforma global alegando riesgo potencial, sin necesidad de probar un daño concreto.

La novia que todos querían

TikTok no es una app cualquiera. Asustaba tanto como seducía. Para Mark Zuckerberg, se convirtió del día a la mañana en una amenaza seria durante la pandemia. Al ver esa aplicación divertida conquistar cientos de millones de sus adolescentes que desertaban de Facebook e Instagram, tuvo que inventarse algunos contrataques como el lanzamiento de los REELS y novedades a raudales.

Para millones de usuarios, TikTok es la distracción diaria preferida. A menudo es considerada como una adicción hasta el punto de poder ser mentalmente dañina. A cambio, para anunciantes, creadores de contenidos, celebridades e influencers, significa un mercado esencial y floreciente.

La salida de ByteDance de la mayoría accionarial podría plantear nuevas oportunidades, pero también cambios y riesgos. La adquisición ofrece un panorama boyante de ingresos publicitarios, de nuevas vías de rentabilidad tales como el comercio electrónico o la formación en línea. Por no hablar de una creatividad infinita en manos de creadores deseando hacerse (aunque solo sea el tiempo que dura un viral) famosos. Sin embargo, esos creadores saben de la fragilidad de sus negocios, de su dependencia de los dichosos algoritmos que pueden reenviarlos, del día a la mañana, a un llano trabajo de oficina.

Su algoritmo: la envidia de la industria

El secreto de su éxito y uno de los activos más codiciados de TikTok no es únicamente su base de usuarios en Estados Unidos, sino su algoritmo de recomendación que la hace tan adictiva. Un algoritmo capaz de personalizar los contenidos y que supera de largo al de sus competidores americanos. La venta obliga, entre otras cosas, a que ese sistema sea reentrenado sobre datos almacenados únicamente en Estados Unidos. Esto podría tener efecto directo sobre creadores y cuentas millonarias de las cuales os hablaba antes, pero también con cierto tono de espionaje.

No me extrañaría que los ingenieros chinos hayan trabajado todo este año en una plataforma específica y cuiden su secreto, como si fuera el de la Coca Cola. El caso es que los usuarios en el continente norteamericano se podrían ver afectados de lleno, así como todas las empresas que apostaron sobre esta red social desde el inicio. Lo hablamos aquí hace tan solo unas semanas, la convergencia, los algoritmos y privacidad de datos podrían redefinir también las libertades y flujos globales de información personales. Pronto se sabrá la verdadera envergadura de su impacto.

La venta de parte de los negocios de TikTok en Estados Unidos tiene más que ver con un acto de coerción y una aceptación forzada de un acuerdo comercial. Es más parecida a las amenazas arancelarias a las cuales Trump nos tiene acostumbrados ya. No es una negociación. Es una polémica imposición (¿y un logro más?) de la administración trumpista. Podría ser la primera de estas características, pero marcará un precedente de cara a futuras disputas tecnológicas. Vendrán otras, como el dominio de la inteligencia artificial o hacerse con minas de tierras raras para fabricar semiconductores que son su principal apuesta y mantra.