Opinión

Las conversaciones ajenas

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Pertenezco a una de esas generaciones que conoció el teléfono sujeto por un cable a una pared. Entonces, cuando sonaba, el teléfono lo contestaba quien estuviera más cerca y siempre, siempre, porque es algo que siempre sucedía, quien descolgaba preguntaba al que llamaba quien era antes de avisar a la persona por la que preguntaba el que había llamado. Entonces, pongamos un ejemplo, tu madre o tu hermana gritaban tu nombre, o te buscaban por la casa y te decían “Raquel, menganito (o menganita) al teléfono”. Entonces tú ibas a la habitación donde estaba el teléfono (a veces había más de un aparato en la casa) y hablabas delante de quien estuviera, o, si el cable lo permitía porque era suficientemente largo, salías de esa estancia dejando el cable pillado con la puerta e intentabas mantener una conversación con toda la privacidad que esto te permitía.

Y es que esto de la privacidad no siempre era posible, y muchas veces lo único que decías es “te llamo luego, que ahora no puedo hablar”. Porque lo habitual entonces es que tus llamadas fueran semipúblicas, es decir, tus padres, tus hermanos, todo el que vivía contigo en casa sabía con quien hablabas, y si aparecían nombres nuevos, a menudo preguntaban quienes eran esas personas de las que no habían oído hablar con anterioridad.

Tiempo después llegó el teléfono inalámbrico y esto supuso un cambio trascendental en la vida en familia. Porque pasamos de hablar con el cable pillado por la puerta a coger el teléfono y poder irte con el aparato a hablar a tu habitación o a cualquier rincón de la casa donde no hubiera nadie. La privacidad llegó a las conversaciones.

Y entonces, unos años después, llegaron los móviles. Y aquí lo que se produjo fue un cambio de era. Porque, aunque los móviles tardaron un tiempo en generalizarse, a partir de un momento ya no había una persona que no tuviera uno, y cualquiera podía hablar desde cualquier lugar, en todo momento. Mayor privacidad, mayor intimidad, imposible. Lo que no sabíamos era lo que estaba por llegar.
Porque ahora que todos disponemos de móviles y es posible hablar desde cualquier lugar, y si por ejemplo tienes personas a tu alrededor puedes levantarte y buscar un espacio privado, o simplemente irte unos metros más allá para que nadie tenga que escucharte en tu conversación, pues bien, ahora que todo eso es posible, es cuando muchas personas han decidido que todas sus conversaciones telefónicas sean públicas, que todos tengamos que escuchar lo que dicen y lo que les dicen, porque ponen las llamadas en altavoz.

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Varios usuarios usan sus teléfonos móviles.
EFE/Kith Serey

Esto sucede por la calle, te cruzas con personas que van hablando en modo altavoz, pero no sólo. Ojalá sucediera sólo en la calle. Sucede en el transporte público, en los autobuses, en los trenes, sucede en la sala de espera del médico, sucede en los restaurantes, sucede en cualquier parte, sucede en todas partes. Porque quien lo hace, lo hace en todas partes.

Que hay una versión en modo mensaje, pero que funciona casi de la misma manera y es que las personas envían audios por mensajería instantánea y escuchan los audios que les son devueltos también en modo altavoz. Es como una llamada, pero en modo mensaje, que sinceramente, aún me sorprende más, porque pienso que quizá sería más fácil llamar y hablar unos minutos. Pero cada uno es cada uno.

Y esto hay que aguantarlo en todas partes, todo el tiempo. Y personas con mala educación y a las que no les importa si molestan a los demás han existido siempre, pero yo me sigo preguntando, cuando uno está tranquilo en algún lugar y se sienta a su lado una de estas personas y saca el móvil, qué hacer. Porque lo único que yo soy capaz de hacer, cuando puedo, es levantarme y alejarme.

Pero como creo que no soy la única que sufre con este comportamiento, como creo que somos muchos los que lo sufrimos, hago un llamamiento, si alguien tiene ideas, por favor que las comparta. Qué comparta sus ideas sobre qué hacemos, qué podríamos hacer para que todas estas conversaciones ajenas, que para mí y para muchos otros, tienen cero interés, vuelvan de nuevo dentro de los teléfonos móviles, como cuando el genio de la lámpara volvía a meterse dentro de esta.

Quizá habría que hacer una manifestación para que esté prohibido poner en altavoz las conversaciones, o simplemente para que vuelva la buena educación, sin más. No sé, de verdad que no puedo más con las conversaciones ajenas.

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