Lo hacían indestronable y nada descuidado. José Ángel González tenía fama de elegir bien de quién se rodeaba, a quién ungía y con quién levantaba las barreras de acceso a su esfera más cercana. Sus 42 años en el cuerpo policial los había sorteado, de un puesto a otro, desde Valladolid a Melilla, pasando por Aragón, sin roces o malas decisiones que lo obligasen a mirar atrás. A “Jota” no se le tenía por alguien que fuera dejando cadáveres por el camino, aunque ahora le revisen hasta debajo de cada piedra, de cada guijarro, por si hubiera restos. “En el fondo es triste que le vayan a recordar por eso”, reconocen sottovoce en el ámbito policial.
En estas 48 horas, nadie ha salido en su defensa públicamente. Aunque tampoco le han crecido más enanos que los esperados. JUPOL pidió su cese en el ecuador de las dos horas que tardó en dimitir tras conocerse la noticia y el resto de sindicatos -González estaba afiliado al SUP- se ha mantenido en una posición discreta, dejando todo en manos de la justicia. El único gesto reseñable ha sido el del “amiguísimo”. Fernando Grande-Marlaska le aceptó la renuncia al cargo, en lugar de cesarlo de manera fulminante. Después de todo, el ministro del Interior no lo colocó al azar. “Era un DAO deseado”. Nombrado como Director Adjunto Operativo, en 2018, lo prorrogó en el puesto de forma inusual en la frontera de la jubilación. “Lo que no sentó bien: había comisarios esperando turno”, aclaran fuentes internas. Igual que ahora hay papables. Esos ‘DAObles’ entre los que suena con fuerza uno, Javier Nogueroles, y una, Alicia Malo. Las apuestas van doble o nada a que esta semana habrá fumata blanca.
“No hay fuego amigo, porque no ha hecho falta“, zanjan la mayoría a la vista de la acusación. Lo que no quita para que en 48 horas hayan circulado los “ya se sabía”, “tenía fama de baboso” y “estaba tardando en caer”, cuyo eco parte de un sector convencido de que Interior y la Dirección General de la Policía lo tapaban y protegían, a sabiendas de su modus operandi. “Por cómo actuó con la víctima. Ella cree que no es la única y ahora le han llegado mensajes en ese sentido”, apunta el abogado Jorge Piedrafita, disgustado aun así por la filtración de la identidad de su clienta en chats policiales, en los que por contra no le ponen cara a Óscar San Juan. El otro caído.
El hombre discreto, el solucionador. Este sí, apartado de sus funciones en cuanto Interior tuvo conocimiento de su posible implicación coaccionado a la agente. Aunque, por ahora, no ha sido cesado como esperaba Piedrafita, quien ha pedido que sea citado a declarar. De concedérselo, quizás sea la oportunidad para captar su imagen. No hay rastro de San Juan ni en internet ni en videotecas o hemerotecas. Tampoco figura en el staff de la Policía Nacional. “No tenía un cargo operativo, sino de máxima confianza”, explican fuentes policiales. Y añaden al pie: “Tanta confianza como para que el DAO lo premiara con una medalla de plata, de las que suelen darse a jubilados para subirles un piquito la pensión. Pero encima, se la dieron tres meses después de toda la movida…. Vamos, que piensa mal y acertarás”, resumen. Por supuesto, del acto de entrega tampoco hay foto.
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