A pesar de ser la principal causa de fallecimiento en las mujeres españolas, las enfermedades cardiovasculares siguen siendo infradiagnosticadas y muy poco estudiadas en su caso. La ausencia de las suficientes pruebas y conciencia clínicas terminan en un diagnóstico tardío, aumentando el riesgo generado por estos padecimientos.
Por ello, es importante aumentar su relevancia, especialmente en los momentos clave en la evolución de la salud femenina. En momentos como el embarazo o la menopausia, el riesgo aumenta considerablemente.
El riesgo cardiovascular y su relación con la salud pregestacional

Muchas mujeres creen que el riesgo de sufrir patologías cardíacas crece de repente al alcanzar una avanzada edad. En realidad, incluso antes del primer embarazo ya empieza a aumentar.
Hay factores previos a la concepción que no son tan conocidos. El cambio en el índice de masa corporal, la resistencia a la insulina y la incipiente hipertensión pueden ser predictores con mayor importancia de la atribuida actualmente.
Atravesar la gestación con problemas en el metabolismo podría marcar la salud arterial de los años posteriores a esta. Puede ir incluso más allá de los efectos más conocidos, como la diabetes gestacional o la preeclampsia.
De hecho, una notable hipertensión o un parto prematuro pueden ser señales tempranas de alerta del sistema cardiovascular.
Es más, las mujeres que sufren complicaciones en sus embarazos presentan hasta el doble de riesgo de padecer un ictus o un infarto más adelante, de acuerdo con las especialistas del Hospital Vall d’Hebron.
Por ello, las expertas instan a la integración de la salud cardiovascular en el seguimiento a largo plazo. No sólo en las semanas posteriores al parto sería efectiva, pudiendo prevenir varias (y probables) complicaciones.
La menopausia y la salud del corazón

Otro hito del riesgo cardiovascular de la mujer es la llegada de la menopausia. Junto a esta, sucede el cese de la producción de estrógenos.
Sin ellos, las paredes de los vasos sanguíneos se vuelven menos flexibles, lo que eleva la presión arterial. Además, los cambios metabólicos implican el aumento de la resistencia a la insulina, entre otros.
Y también se produce una redistribución de la grasa, especialmente en la zona abdominal, que es metabólicamente más activa y peligrosa para el corazón.
Por estos motivos, el seguimiento médico y el estilo de vida saludable son claves en la etapa menopáusica. De ellas depende la salud general, pero en especial, la del sistema cardiovascular.
Como indica la cardióloga Carolina Ortiz a El País, se debe poner fin al sesgo diagnóstico. Es imprescindible una mayor información sobre el riesgo cardiovascular a la población, especialmente a la femenina.
Las diferencias clínicas con los hombres retrasan el diagnóstico y el inicio de los tratamientos pertinentes. Al fin y al cabo, los problemas cardiovasculares son la principal causa de muertes de mujeres, por encima del cáncer, como el de mama y otros.
Ante cualquier sospecha, es imprescindible comentarla con el profesional de la salud de referencia. Además, solicitar chequeos cada cierto tiempo resulta una medida preventiva muy eficaz. No descuidar el sistema cardiovascular es muy importante.
